Toma de Cádiz

Toma de Cádiz
Guerra anglo-española de 1585-1604
Insula Gaditana.jpg
Fecha30 de junio-15 de julio de 1596[1]
LugarBahía de Cádiz
Coordenadas36°33′00″N 6°17′01″O / 36°33′00″N 6°17′01″O / -6.2836944444444
ResultadoVictoria anglo-neerlandesa
Beligerantes
Flag of Cross of Burgundy.svg Monarquía católicaBandera del reino de Inglaterra Inglaterra
Prinsenvlag.svg Provincias Unidas
Comandantes
Flag of Cross of Burgundy.svg Duque de Medina-SidoniaFlag of England.svg Charles Howard
Flag of England.svg Robert Devereux, II conde de Essex
Fuerzas en combate
40 naves
5000 hombres
150 naves
14 000 hombres

En 1596, durante la guerra anglo-española y la guerra de Flandes, la ciudad de Cádiz fue objeto de un ataque por parte de una gran flota inglesa bajo el mando del almirante Charles Howard y de las tropas de Robert Devereux, II conde de Essex, con el apoyo de las Provincias Unidas de los Países Bajos.

La falta de previsión y de organización de las fuerzas españolas, y la escasa resistencia de estas contra los atacantes, dieron como resultado la rápida victoria inglesa. Tras destruir la armada española presente en la bahía de Cádiz, las fuerzas atacantes desembarcaron, capturando y saqueando la ciudad; antes de su retirada tomaron varios rehenes de entre las principales personalidades de la ciudad, que fueron llevados a Inglaterra y aprisionados en espera del pago de su rescate.

Las pérdidas económicas causadas durante la toma fueron cuantiosas: la ciudad resultó incendiada, al igual que la flota, en la que fue una de las principales victorias inglesas en el transcurso de la guerra; España se declararía en quiebra ese mismo año.

Contexto

Casus belli

A finales del siglo XVI, la Monarquía católica, que en 1580 había anexionado el Reino de Portugal y sus posesiones, era la mayor potencia mundial;[2]​ estaba en constante expansión en las Indias, y contaba con el apoyo de los Habsburgo en Europa Central y de los príncipes italianos.

Hacia 1570 las relaciones entre Inglaterra y España, hasta entonces amistosas, comenzaron a torcerse debido a una serie de circunstancias económicas, políticas y religiosas:

El protestantismo inglés se enfrentaba al catolicismo español; Isabel I de Inglaterra había sido excomulgada por el papa Pío V en 1570, y Felipe II de España había firmado en 1584 el tratado de Joinville con la Santa Liga de París, a fin de combatir el protestantismo.

Las constantes expediciones de los corsarios ingleses contra los territorios españoles en las Indias y contra la flota del tesoro, que cargada de riquezas alimentaba las finanzas de la metrópoli, suponían para España una amenaza a sus intereses económicos.

El apoyo inglés a las Provincias Unidas de los Países Bajos, enemigas de España en la guerra de Flandes, quedó plasmado en el tratado de Nonsuch de 1585, mediante el cual se pactaba una alianza militar anglo-holandesa contra España. El apoyo inglés a Don Antonio, pretendiente al trono portugués, era otra fuente de disputas.

La guerra

En 1585 la tensión existente entre ambos países desembocó en la guerra anglo-española de 1585-1604. Desde el comienzo de esta, Felipe II intentó invadir Inglaterra y deponer a Isabel I, valiéndose para ello de la armada española. La expedición de Drake de 1587, en la que la flota española en Cádiz resultó destruida, y la derrota de la Armada Invencible en 1588 supusieron graves daños para España en el desarrollo de la guerra, pero el rey español no cejó en sus intenciones. En 1596 el mal tiempo desbarata la nueva Gran Armada y se iba a dirigir hacia Irlanda para apoyar a los católicos irlandeses en su lucha contra Inglaterra. Y un año más tarde nuevamente solo el clima impidió el éxito de una nueva flota de invasión (Invasión española de Inglaterra de 1597) más grande que las anteriores y que amenazó Londres.

La muerte de John Hawkins en 1595 y de Francis Drake en enero de 1596] privaron a Inglaterra de dos de sus corsarios más efectivos. El apoyo español a los rebeldes irlandeses, que en aquella época mantenían contra Inglaterra la guerra de los Nueve Años, era otra amenaza más para Inglaterra. En abril de 1596 los tercios españoles tomaron a los hugonotes franceses la ciudad de Calais, desde donde se podría fácilmente acometer la invasión de las islas británicas por su cercanía geográfica. Ante la amenaza de una invasión española inminente,[3]​ Isabel I ordenó atacar la flota española fondeada en Cádiz.

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