Tolerancia religiosa

La tolerancia religiosa significa respetar y aceptar la existencia de otras formas de vida, creencias e ideas, así como la no creencia en ninguna religión. El concepto opuesto, la intolerancia religiosa, puede consistir en considerar ciertas creencias como anómalas, fuera de lugar o heréticas por el simple hecho de ser diferentes.

Para que se dé la tolerancia religiosa es necesario que los individuos y las instituciones reconozcan la pluralidad y diversidad del mundo en que vivimos, así como la existencia de conceptos que para otros son importantes aunque pertenezcan a una minoría.

Los dogmas de un culto en particular se deben interpretar como para uso dentro de la comunidad que los profesa y sin involucrar a terceros en el mundo exterior que no deseen participar de ellos.

Fuera del entorno religioso debe privar lo que se establece en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; artículo 18:

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

[1]

Tolerancia religiosa antiguamente

Los paganos por lo general eran tolerantes en materia religiosa y al creer en múltiples dioses usualmente aceptaban que los dioses de otras culturas existían también ó eran versiones diferentes de sus propios dioses.

Fue con el surgimiento del monoteísmo que se inició un concepto de exclusividad religiosa. Sin embargo, las primeras religiones monoteístas (ó henoteístas) como el zoroastrismo y el judaísmo eran religiones étnicas que no buscaban imponer sus creencias fuera de su propio grupo étnico ó nacional, pero si prohibían estrictamente que miembros de su pueblo tuvieran algún tipo de práctica religiosa proveniente de otro pueblo o disientiera de la interpretación considerada ortodoxa. Esto por la naturaleza de “pacto” entre su colectivo étnico y su deidad (característica propia del henoteísmo).

El cristianismo generó una de las primeras religiones proselitistas que buscaba convertir a los demás pueblos. Durante los tiempos de la Edad Antigua, (pero sobre todo en la Edad Media), la Iglesia Católica, aunada al Estado, no tenía una tolerancia religiosa significativa: consideraba a las demás religiones (excepto el judaísmo) como falsas, los paganos eran perseguidos o convertidos a la fuerza, las otras religiones monoteístas, como otras ramas del cristianismo, el Islam y las doctrinas gnósticas (como el catarismo) eran consideradas simples herejías. Sin embargo, también hay que mencionar que en este período de la historia , surgieron hombres notables que dieron un enfoque más razonable en el conocimiento, o diálogo tolerante ante otras religiones y culturas distintas, por ejemplo Pedro el venerable de la orden de Cluny, Francisco de Asís fundador de la Orden franciscana (quien en plena guerra buscó al sultán de Egipto al-Malik al-Kamil en son de paz) [2] , y a Ramón Llull, un miembro cercano a dicha orden. También se puede mencionar al rey Dionisio I de Portugal, a Paweł Włodkowic y al cardenal Nicolas de Cusa.

El islam establecería una de las primeras bases de tolerancia religiosa en la Edad Media, al establecer el derecho de la Gente del Libro a practicar discretamente su religión. La Gente del Libro eran, según el Corán, las otras religiones monoteístas que precedieron al Islam y fueron inspiradas por el mismo Dios; judíos, cristianos y sabeos (estos últimos fueron considerados tanto los seguidores del sabeísmo yemení, como los mandeos y zoroastrianos).

Así, mientras que los judíos no admitían ninguna religión precedente como inspirada por Dios, los cristianos admitían a los judíos como una religión revelada, si bien no habían aceptado al Mesías, sin embargo no aceptaban a otras formas disidentes de cristianismo ni al Islam. De forma similar, los musulmanes aceptaban a judíos, cristianos y sabeos como religiones reveladas, pero no así a las religiones que, aunque monoteístas, surgieran posteriormente al Islam. Y ninguno de los anteriores admitía la validez de las religiones politeístas ó paganas.

En el Lejano Oriente las diferentes religiones solían convivir pacíficamente e incluso tener mucho sincretismo, aunque hubo algunos enfrentamientos entre el budismo y algunas denominaciones hindúes por diferencias doctrinales, tras la conversión del emperador indio Asoka al budismo, éste sin embargo fomentó la tolerancia religiosa y creó monumentos ecuménicos con deidades de diferentes confesiones juntas. El budismo fue perseguido brevemente por emperadores de China y Japón por motivos nacionalistas (ya que era visto como una religión extranjera frente a credos nacionales) pero estas persecuciones fueron la excepción y no la regla. Cuando el budismo se convirtió en la religión dominante de casi todos los países del Sudeste Asiático, no incurrió en persecuciones religiosas, e incluso en muchos casos se prestó para un sincretismo con la religión tradicional como el caso del Bön en Tíbet, el taoísmo y la religión tradicional china en China y el Shinto en Japón. No obstante, el budismo y el hinduismo no han estado exentos de conflictos bélicos.

El jainismo, por ejemplo, es la única religión en la historia que jamás ha estado involucrada en ningún conflicto bélico y que, por el contrario, siempre ha fomentado la tolerancia como uno de sus principios espirituales básicos.

Other Languages