Tiempo histórico

El tiempo histórico es un término que puede referirse a distintos conceptos en el ámbito historiográfico y en psicología.

Historiografía: el sujeto histórico y la causa en la historia

En historiografía el concepto se utiliza de distintas formas, entre otras causas, por las diferentes concepciones de quién es el protagonista de la Historia (el sujeto histórico).

Para la interpretación providencialista, el tiempo histórico es un paréntesis en la eternidad, origen y destino del hombre.

Si el hombre es el verdadero protagonista de la historia, la escala temporal de la vida humana pasa a ser la decisiva, pero puede ser superada por la duración de las instituciones, que la superan.

La determinación de la causa de los hechos históricos puede reducirse a una explicación determinista y monocausal o hacerse más compleja ( multicausal y relativista), lo que suele responder a un mayor grado de acercamiento a la realidad, aunque dificulta la construcción del modelo explicativo (y si se convierte en demasiado compleja termina siendo poco o nada útil -como lo sería un mapa que reprodujera a escala 1:1 el territorio cartografiado, con lo que coincidiría en extensión con él-). Está por ver si la complejidad de los sistemas históricos será reducible a cuantificación, como en última instancia es la pretensión de la historia cuantitativa, mediante herramientas interpretativas sofisticadas (futuros avances de la informática o la teoría del caos).

La terminología usual (sobre todo en la historia económica y social y para el estudio de las causas de revoluciones y revueltas) distingue causas lejanas, profundas o estructurales (las económicas y sociales) y causas próximas o desencadenantes (los fenómenos más evidentes, de naturaleza política, evenemencial o incluso azarosa). Otra terminología utiliza, con parecido sentido, los términos precondiciones y precipitantes.[1]

Los tres niveles de Fernand Braudel

Desde una concepción influida por el estructuralismo y el materialismo histórico, la escuela de los Annales y en especial Fernand Braudel construyeron una compleja articulación del concepto de tiempo histórico en su metodología de investigación y planteamiento de las conclusiones. Se considera un ejemplo clásico La Méditerranée et le Monde Méditerranéen a l'époque de Philippe II (El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en la época de Felipe II). Habría tres niveles de tiempo histórico:

  • la larga duración (o nivel de las estructuras cuya estabilidad es muy grande),
  • la coyuntura (estadio intermedio, en que el cambio es perceptible), y
  • el acontecimiento (considerado como la espuma de la historia, lo más visible pero lo menos significativo, y que habría sido el enfoque temporal más habitual).

El ritmo del tiempo histórico

Si el ritmo temporal en la historia se acelera, o si fluye con continuidad o cíclicamente, ha sido propuesto de forma paralela al concepto de progreso.[4]

El pensamiento marxista suele utilizar la expresión acelerador de la historia (atribuida a Lenin) para referirse a las coyunturas revolucionarias, en que se intensifican los cambios históricos. Enrique Tierno matizaba la expresión diciendo, con la misma metáfora, que más que utilizar el acelerador (intensificar las contradicciones violentas) hay que usar el volante (reconducir los procesos de cambio en un sentido adecuado), al considerar que el sentido de la historia no está prefijado necesariamente, al contrario de lo que predice el determinismo. Walter Benjamin hizo algo semejante con otra expresión similar, en este caso del fundador del marxismo: Marx dice que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez se trata de algo por completo diferente. Tal vez las revoluciones son el manotazo hacia el freno de emergencia que da el género humano que viaja en ese tren.[5]

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