Thelema

Thelema
Crowley unicursal hexagram.svg
Fundador(es) Aleister Crowley (1875-1947).
Deidad o deidades principales Nuit, Hadit, Ra-Hoor-Kuit
Tipo religión neopagana, esoterismo occidental, brujería, gnosticismo
Número de seguidores estimado desconocido
Seguidores conocidos como thelemitas
Escrituras sagradas El Libro de la Ley, Los Libros Sagrados de Thelema
Lengua litúrgica idioma inglés y otros
País o región de origen Bandera de Reino Unido Inglaterra
País con mayor cantidad de seguidores Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
Bandera de Reino Unido Inglaterra
Organización internacional Ordo Templi Orientis, A∴A∴
Comunidades logias, templos
Religiones relacionadas golden dawn, wicca, neopaganismo
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Thelema es una filosofía de vida basada en las máximas «haz tu voluntad: será toda la ley», y «amor es la ley, amor bajo voluntad». El ideal de «haz tu voluntad» y su asociación con la palabra thelema tiene su antecedente en François Rabelais (1494-1553), pero fue más desarrollada[5]

En el siglo XVI, François Rabelais usó «thélème» ―la forma francesa de la palabra― como el nombre de una abadía ficticia en su famoso libro Gargantúa y Pantagruel.[8]

La misma regla fue usada en 1904 por Aleister Crowley[14]

Shri Gurudev Mahendranath, hablando sobre suechachara ―el equivalente sánscrito de la frase «haz tu voluntad»,[11]

Según afirma Crowley en uno de sus libros principales, el comportamiento humano debe regirse por la siguiente máxima: «Haz tu voluntad será toda la ley» ( Liber Al vel Legis, I:40), que a menudo se complementa con otra afirmación: «Amor es la ley, amor bajo la voluntad» ( Liber Al Vel Legis, 57). Los seguidores de thelema (que reciben el nombre de telemitas) utilizan estas frases como eje central de su filosofía vital y su práctica esotérica.

Antecedentes históricos

La palabra θέλημα (thelema, /zélema/) aparece en el Nuevo Testamento en referencia a la voluntad humana y a la divina. Un ejemplo bien conocido es la oración del Padre nuestro: «Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad [θέλημα] en la Tierra como en el Cielo» (Evangelio de Mateo, 6:10). Otras citas de la Biblia son:

Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad [θέλημα]

Pero a todos los que lo recibieron les dio poder de venir a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre; 13. la cual no nació de sangre, ni de deseo [θέλημα] de hombre, sino que nació de Dios.

Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad (θέλημα) de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.

Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad [θέλημα] tienen ser y fueron criadas.

En el siglo V, san  Agustín de Hipona escribió «Dilige et quod vis fac» (‘Ama, y haz lo que quieras’) en su sermón sobre el texto 1:7-8 del Evangelio de Juan.[18]

En el Renacimiento, un personaje llamado «Thelemia» representa la voluntad o el deseo en la obra Hypnerotomachia Poliphili del monje dominico Francesco Colonna. La obra de Colonna fue, a su vez, una gran influencia en el monje franciscano François Rabelais, cuya obra Gargantúa y Pantagruel incluye una ficticia abadía de Thélème.

Thélème de Rabelais

François Rabelais.

François Rabelais era un monje franciscano y más tarde benedictino del siglo XVI. Eventualmente abandonó el monasterio para estudiar medicina en Lyon en 1532. Fue ahí donde escribió Gargantúa y Pantagruel, una serie conectada de libros que cuentan la historia de dos gigantes ―el padre (Gargantúa) y su hijo (Pantagruel) y sus aventuras― escrito de un modo extravagante y satírico. Es en el primero libro (capítulos 52-57) donde Rabelais escribe sobre la abadía de Thélème, construida por el gigante Gargantúa. Se burla de las instituciones monásticas, ya que su abadía tiene una alberca, servicio de mucamas y ningún reloj a la vista.[6]

Uno de los versos de la inscripción en la entrada de Thélème dice:

Gracia, honor, loas, delicia.
aquí se encuentran día y noche.
Sanos cuerpos presentados
con una buena mente
persiguen aquí con entereza
gracia, honor, loas, delicias.

Pero debajo del humor había un concepto muy real de utopía y sociedad ideal.[19] Rabelais da una descripción sobre cómo vivían los telemitas de la abadía, y qué reglas acataban:

Sus vidas iban pasando no en leyes, estatutos, o reglas, sino de acuerdo con su propio libre albedrío y placer. Ellos se levantaban de sus camas cuando juzgaban conveniente; ellos en efecto comían, bebían, trabajaban, dormían, cuando lo desearan y estuviesen dispuestos a ello. Nadie les despertaba, ninguno se ofrecía a limitarlos en su comida, bebida, ni en ninguna otra cosa; pues así lo había establecido Gargantúa. En todo su dominio y estrictas formas de su orden había tan solo una cláusula a ser observada: haz tu voluntad.

Porque los hombres que son libres, bien nacidos, bien educados y rodeados de buenas compañías, tienen ese instinto natural y esa espontaneidad ―que les compelen a las virtuosas acciones y los aleja del vicio― que se llama honor. Esos mismos hombres, cuando por mero estancamiento y coacción son oprimidos, se alejan de esa disposición noble por la cual se encontraban inclinados a la virtud, para romper esas cadenas de servidumbre que tan tiránicamente les esclavizaban; pues le es cercano a la naturaleza del hombre el anhelar cosas prohibidas y el desear lo que le es negado.[6]

Muchos académicos piensan que el autor francés escribió desde una perspectiva específicamente cristiana[20] Otra fuente tiene a Rabelais burlándose de Lutero y de la Iglesia desde una perspectiva reformista:

La informalidad de las «masas» de Rabelais muestra que está de acuerdo con Erasmo de Rotterdam, quien denunció el ritual formalizado de la Iglesia romana como «judaico». La mayoría de los humanistas y reformadores despreciaron la celebración fija y repleta de convencionalismos de la Última Cena, llamándola idolatría. Las masas de Rabelais por lo tanto, muestran a los compañeros de Pantagruel en comunión entre ellos, compartiendo el «pan» y el «vino». […] Entre reformadores radicales y conservadores extremos en la Iglesia, la moderación está en peligro de ser aplastada, y sin embargo Pantagruel mantendrá sus ideales independientemente del riesgo.[27]

Erich Auerbach en 1946 rechazó todo esto, escribiendo que lo revolucionario sobre la manera de pensar de Rabelais

no es la oposición al cristianismo, sino la libertad de visión, sentimiento y pensamiento que produce su continuo jugar con las cosas, y que invita al lector a enfrentar directamente con el mundo y la riqueza fenoménica. En un punto, con toda seguridad, Rabelais toma posición, y es una oposición básicamente anti-cristiana; para él, el hombre que sigue su naturaleza es bueno, y la vida natural, sea de hombres o cosas, es buena…[28]

Francis Dashwood y el Club del Fuego Infernal

Sir Francis Dashwood adoptó algunas ideas de Rabelais[11] Una abadía fue establecida en Medmenham, descrita en la Enciclopedia británica (de 1911) como sigue:

En Medmenham, en el Támesis sobre Marlow, hay fragmentos, incorporados a una residencia, de una abadía cirstense fundada en 1201; que se destacó en la mitad del siglo XVIII como el lugar de encuentro de un club de convivio llamado los Franciscanos por su fundador, Sir Francis Dashwood, después Lord le Despencer (1708-1781), y también conocido como el Hell-Fire Club, entre cuyos miembros políticos notorios destacan John Wilkes, Bubb Dodington y otros. El lema del club, fay Ce que voudras (Haz tu voluntad), inscrito en una puerta de la abadía, fue tomada de la descripción de Rabelais de la abadía de Thelema en su obra Gargantúa y Pantagruel.[8]

Tenemos poca evidencia directa de lo que el Club del Fuego Infernal de Dashwood hacía o creía.[30] Él describe sus orígenes de la siguiente manera:

Un conjunto de honorables, alegres compañeros, felices discípulos de Venus y Baco, se reunían ocasionalmente a celebrar a las mujeres y el vino y para dar más vitalidad a los festivos encuentros, se sumergieron en cada lujosa idea de los antiguos y enriquecieron sus propios placeres modernos con la tradición del lujo clásico.[32]

El grupo derivó más de Rabelais que la inscripción sobre la puerta, según la opinión del teniente coronel Towers, quien escribió «Mi interpretación de las cavernas permanece como he dicho, que ellas eran usadas como templo oracular dionisíaco, basado en la interpretación de Daswood de capítulos relevantes de Rabelais».[29]

Nathaniel William Wraxall en sus Memorias históricas (1815) acusó a los monjes de llevar a cabo rituales satánicos, pero estas acusaciones han sido desechadas como rumores.[30]

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