The Living Theatre

Julian Beck, fundador.
Judith Malina, fundadora.

The Living Theatre es una compañía de teatro estadounidense, creada en 1947 en la Ciudad de Nueva York. Es el grupo de teatro experimental más antiguo que existe en Estados Unidos. A lo largo de su historia fue liderado por sus fundadores, la actriz Judith Malina, que había estudiado teatro con Erwin Piscator con quien aprende las teorías de Brecht y de Meyerhold, y el pintor y poeta Julian Beck; luego de la muerte de Beck en 1985, el miembro de la compañía Hanon Reznikov se convirtió en co-director junto con Malina.

Como es uno de los grupos de "teatro aleatorio" o "teatro vivo" más antiguos en la actualidad, sirve de modelo al resto. Concebían el teatro casi como una forma de vida y los actores vivían en comunidad bajo principios libertarios. Fue una compañía teatral dedicada a la transformación de la organización del poder dentro de una sociedad autoritaria y de estructura jerárquica hacia una comunidad cooperativa de expresión.

Concepto

Creado con el objetivo de representar obras experimentales, que a menudo abordaron temas controvertidos, cuestionaron prácticamente el completo funcionamiento de una obra teatral: El lugar del actor, pasó de ser un mero representante al propio creador de la obra, con la opción de desarrollar ideas libremente, actor libre. La necesidad de usar un texto escrito también fue desapareciendo, dejando un gran espacio a la improvisación, donde en el campo artístico tuvieron precursores como Duchamp, Arp, André Breton, la Escuela de Nueva York de Action Painting, John Cage o Allan Kaprow. El espacio teatral fue abriéndose hacia lugares insólitos (como naves industriales) o en plena calle. El teatro de creación colectiva fue otro de sus aportes importantes, reflejando su actitud antisistema, en consonancia con las tendencias radicales de los cincuenta, sesenta y setenta donde muchos de los artistas actuaron en una corriente llamada contracultura.

Para el Living Theatre otro de sus mayores retos la fue implicación del público en sus obras, para lo que usaron diversas técnicas de instruir, provocar sensaciones, iniciar experiencias, etc. Para ellos era importante trasladar sus ideales revolucionarios a las personas que acudían a sus representaciones, los cuales estaban llenos de contenido anarquista,[1] con una intención de hacer frente a la sociedad capitalista que no paraba de crecer. Según sus fundadores, el teatro no era más que un instrumento para hacer la revolución. Todo esto tiene sus raíces en el teatro de la crueldad de Antonin Artaud

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