Termómetro de mercurio

Termómetro de mercurio de 1743.

Un termómetro de mercurio es un tipo de termómetro que generalmente se utiliza para medir las temperaturas del material seleccionado.

Termómetros los hay de muchos tipos, pero quizás los más habituales sean o hayan sido los que contienen un líquido en su interior que se dilata o contrae con los cambios de temperatura. Este líquido puede ser mercurio, alcohol coloreado, etc.

El mercurio de este tipo de termómetro se encuentra en un bulbo reflejante y generalmente de color blanco brillante, con lo que se evita la absorción de la radiación del ambiente. Es decir, este termómetro toma la temperatura real del aire sin que la medición de esta se vea afectada por cualquier objeto del entorno que irradie calor hacia el ambiente.

Alrededor del año 1714 fue Daniel Gabriel Fahrenheit quien creó el termómetro de mercurio con bulbo, formado por un capilar de vidrio de diámetro uniforme comunicado por su extremo con una ampolla llena de mercurio. El conjunto está sellado y cuando la temperatura aumenta, el mercurio se dilata y asciende por el capilar. En 1724 Fahrenheit finalizó su escala termométrica, la cual quedó plasmada en sus Philosophical Transactions (Londres, 33, 78, 1724).

El 19 de marzo de 1744, Jean-Pierre Christin presentó el primer termómetro de mercurio en utilizar los parámetros de cero grados como punto de fusión del agua y cien como punto de ebullición que se usa en gran parte del mundo, era muy útil ya que era bueno para medir temperaturas entre los 18 y 45 ºC.[1]​ ​

En 2007, una directiva europea prohibió su uso debido al envenenamiento por mercurio por inhalación en caso de rotura accidental, así como por la contaminación hídrica que produce. En España está prohibida su comercialización desde abril de 2009.

¿Es peligroso para la salud el mercurio que se libera al romperse un termómetro?

Se considera que el mercurio metálico se absorbe muy poco por vía digestiva (alrededor de 0.01%) y, por otra parte, el contenido en los termómetros clínicos es muy pequeño (1 gramo), por lo que la rotura en la boca  de un termómetro de mercurio y el derrame y/o ingestión de su contenido por un niño pequeño resulta poco peligroso.

Este episodio figura entre las consultas caracterizadas como de muy baja o nula toxicidad aguda en todos los Centros de Toxicología del mundo.

A pesar de esta escasa o nula toxicidad aguda, la extensa difusión sobre los riesgos de contaminación ambiental por mercurio, hacen que estos episodios generen mucha angustia familiar en casos de ingestión como los referidos o de eventual inhalación y/o contacto cutáneo, a partir de un derrame ambiental por rotura del termómetro de mercurio.[2]​ ​

Referencias

  1. MEMOIRE sur la dilatation du Mercure dans le Thermométre. Mercure de France. París: Chaubert; Jean de Nully; Pissot; Duchesne, julio de 1743. Pág. 1609-1610. Consultado el 5 de septiembre de 2012 (idioma francés).
  2. sertox. «Rompiendo termómetros de mercurio...». Consultado el 10/12/16.