Tercera Guerra Carlista

Tercera Guerra Carlista
Guerras Carlistas
Acción de Piedrabuena - Carga de la caballería del Coronel Melgerizo (Segunda parte de la Guerra Civil. Anales desde 1843 hasta el fallecimiento de don Alfonso XII).jpg
Carga de caballería, en la acción de Piedrabuena.
Fecha 21 de abril de 187228 de febrero de 1876
Lugar España: Provincias Vascongadas, Navarra, Maestrazgo, Cataluña
Resultado Victoria de Alfonso XII
Beligerantes
Flag of the First Spanish Republic.svg I República Española
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Reino de España (control gubernamental)
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Reino de España (control carlista)
Comandantes
Amadeo I Armas de Amadeo I de Saboya.svg
Alfonso XII Escudo de Carlos III de España Toisón y su Orden variante leones de gules.svg
Martínez-Campos
Manuel Pavía
Francisco Serrano
Ramón Blanco
Carlos VII Coat of Arms used by the supporters of the Carlist Claimants to the Spanish Throne (adopted c.1890).svg
Alfonso Carlos
Rafael Tristany
Pascual Cucala
Francesc Savalls
Manuel Santa Cruz
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La Tercera Guerra Carlista (Segunda Guerra Carlista, para algunos historiadores) fue una guerra civil desarrollada en España entre 1872 y 1876, entre los partidarios de Carlos, duque de Madrid, pretendiente carlista con el nombre de Carlos VII, y los gobiernos de Amadeo I, de la I República y de Alfonso XII.

En marzo de 1870 Ramón Cabrera presentó la dimisión como jefe político y militar del carlismo por creer que no se daban las "condiciones razonables de alcanzar el triunfo por las armas" y no querer exponer a España a una nueva guerra civil. El pretendiente, que llevaba meses preparando la insurrección desde el exilio, estableció el 21 de abril de 1872 como la fecha para el comienzo de la sublevación.

Esta guerra civil se desarrolló sobre todo en las Provincias Vascongadas, Navarra y Cataluña. Además de la defensa del orden y el catolicismo, la restauración por parte del pretendiente en julio de 1872 de los fueros abolidos por los decretos de Nueva Planta por Felipe V, influyó en la fuerza del levantamiento en Cataluña y en menor medida en Valencia y Aragón. También se alzaron algunas partidas poco activas por Andalucía, así como el resto del territorio peninsular, especialmente en áreas montañosas donde practicaban el bandolerismo ante su marginalidad y escasa eficacia a la hora de establecer un vínculo con el pueblo que facilitara su actividad guerrillera. A pesar del aumento tanto cualitativo como cuantitativo del ejército carlista, estos volvieron a ver sus esfuerzos frustrados.

La guerra provocó entre 7.000 y 50.000 bajas.[1]

Antecedentes

El último intento carlista que obtuvo verdadero apoyo, la guerra de los Matiners, había finalizado en 1849. Se vivieron entonces veinte años de relativa paz en la lucha entre liberales y carlistas, que solo fueron amenazados por el pronunciamiento de Lucas Zabaleta en 1855 y el frustrado alzamiento de 1860 en San Carlos de la Rápita, en el que Carlos VI, pretendiente carlista, que fue obligado a renunciar a sus derechos. A pesar de ello, la renuncia nunca se hizo efectiva. Sin embargo, la repentina muerte de Carlos en 1861 abrió un período de desconcierto entre los carlistas, ya que su sucesor, su hermano Juan, era un liberal declarado. La que encabezó el partido carlista esos años fue la princesa de Beira, viuda de Carlos V, primer pretendiente carlista. Finalmente Juan abdicó en 1868, sin haber tenido nunca el poder entre los realistas. El nuevo pretendiente, Carlos VII para los suyos, hijo de Juan y hombre fiel a las ideas tradicionalistas, vio una nueva oportunidad para el carlismo: la Revolución Gloriosa de 1868, que había obligado a Isabel II a abdicar. Se instauró entonces en España un régimen democrático liderado por el rey Amadeo de Savoya. Muchos moderados contrarios a este gobierno, creyeron en don Carlos como una opción al anticlericalismo incipiente, que empezaba a preocupar a los sectores más católicos. Buena parte de estos conservadores se pasaron al bando carlista, que se convirtió en 1871 en la tercera fuerza más votada en el parlamento. Sin embargo, la vía democrática no era suficiente, y solo un nuevo alzamiento haría recalar a don Carlos en el trono.

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