Tepanecas

Detalle del Códice Azcatitlan en el que aperece el glifo que representa al pueblo tepaneca, en donde por encima del glifo "calli" (casa) aparece el glifo "tetl" (piedra).

El nombre Tepanecas,., es una derivación del verdadero gentilicio que le corresponde por su ciudad original-mítica, Tepanohuayan "el pasadero", también llamada Tepano cuyo gentilicio correspondiente es tepaneca (tl). Ideográficamente se representa con una piedra, de ahí que se crea que su etimología proviene de Tepan "sobre las piedras".[nota 1] A sus territorios conquistados se les denominaba Tepanecapan "tierra de los tepanecas" (lit. "sobre los tepanecas").

Tepaneca es el nombre de un pueblo prehispánico, de origen chichimeca,[nota 2] que se instaló en la Cuenca de México a mediados del siglo XII de nuestra Era.

Según la tradición recopilada por varios historiadores, el pueblo tepaneca constituía una de las siete tribus que iniciaron la migración desde Chicomoztoc (en lengua náhuatl, “en las siete cuevas”; lugar sobre el cual no existe certeza de su ubicación: Mientras que a mediados del siglo XX la opinión generalizada era que su localización estaba en la actual zona arqueológica de La Quemada, en el estado mexicano de Zacatecas, la opinión de investigadores posteriores la han ubicado en la parte norte de la Cuenca de México, o en dirección a la antigua Tula, e incluso específicamente en el cerro conocido como Chiconauhtla, al sur del valle de Teotihuacan). Al pueblo tepaneca correspondió, seguramente por su poderío militar, una de las mejores zonas, donde fundaron Azcapotzalco, el principal altépetl del territorio dominado por esta tribu, conocido como Tepanecapan.

A la llegada de los españoles a la Cuenca de México, el pueblo tepaneca se encontraba sometido por la Triple Alianza encabezada por Tenochtitlán, no logrando permanecer como grupo étnico, y sólo se tiene referencia de su existencia a través de la tradición prehispánica plasmada en diversos códices y documentos recopilados por historiadores novohispanos.

El gentilicio

Tepaneca

No existe certeza en cuanto a la correcta traducción y aún sobre el origen del gentilicio tepaneca, sino que son varias las posturas al respecto.

Hay quienes afirman que la palabra tepaneca (del náhuatl tepanecatl), se deriva del topónimo te-pan, de te- 'piedra' y -pan (sufijo locativo que denota un contacto sin penetración) que literalmente se traduce 'sobre, encima de'-, de acuerdo con esta interpretación tepan significaría '[lugar] sobre la piedra'.[2] Esta propuesta es objetada por otros investigadores al no tenerse noticia o referencia de lugar alguno que se llame Tepan. Pero debe tenerse en cuenta que los topónimos nahuas no solamente se refieren a poblaciones (Teotihuacán, Tula, Azcapotzalco), sino también a lugares específicos como accidentes geográficos (Chapultepec: Cerro del Chapulín) o incluso a elementos constuctivos (por ejemplo, tepān machiotl: mojón; tepāncalli, tepānyo 'cercado de paredes'), y bajo esa premisa tepān podría haberse referido a un recinto amurallado.

De acuerdo con ello, de la tradición oral indígena plasmada en los escritos de los primeros historiadores novohispanos, así como de la labor interpretativa de los modernos investigadores, se deduce que el uso de la palabra "tetl" en el gentilicio tepaneca se refiere a la piedra como elemento constructivo y no como accidente del terreno.

Así, el jesuita Juan de Tovar es uno de los primeros estudiosos novohispanos en proponer el significado del gentilicio tepaneca, al señalar:

El tercer linaje es el de los tepanecas, que quiere decir "la gente de la puente, o pasadizo de piedra", derívase su nombre de tepanohuayan, que quiere decir "puente de piedra", el cual [está] compuesto [de] tetl, que es "piedra", y panohua, que es "vadear el agua", y de esta partícula yan, que denota "lugar". De estas tres cosas [hacen] tepanohuayan. Y de este nombre toman el tepano convirtiendo la o en e, y añaden el ca y dicen tepaneca...

Juan de Tovar, Origen de los mexicanos, edición de Germán Vázquez Chamorro, Historia 16. Madrid, España, 1987.

Tepanohuayan, de acuerdo con las fuentes, era el nombre para referirse genéricamente al territorio nuclear de los tepanecas:[5] sin embargo, por la poca importancia que denotan dichas poblaciones y bajo el contexto histórico en que se citan, no podría decirse que se tratase de una población que fuera el origen del pueblo tepaneca y, de esa forma, de su gentilicio.

La utilización de tetl como elemento constructivo y no como accidente de terreno o población (real o mítica), se ve apoyado en el hecho que los lingüistas coinciden en que muchos términos que se derivan de la palabra tetl aluden a obras humanas. En este sentido, una posibilidad es que el gentilicio tepanecatl provenga de tepantli, que denota una pared, una hilera o muro de piedra. Tal elemento bien puede asociarse a un pueblo seuros constructivos, canalizaciones, o a simples delimitaciones de terrenos. Según esta posibilidad, la mención de la piedra, materia prima arquitectónica por excelencia de los pueblos de alta cultura mesoamericana, habría de interpretarse como signo de complejidad cultural.


Bajo esas premisas, tepaneca puede traducirse como El pueblo de la piedra.[6] Esta definición se ve apoyada por el hecho que el glifo gentilicio tepaneca que aparece en variados documentos ( Códice Boturini o Tira de la peregrinación, Códice Azcatitlan y Códice Xolotl), en el que -asociado al glifo calli, que expresa la idea de nación o grupo humano- aparece uno de los glifos más normalizados del sistema escriturario náhuatl, el que significa "piedra".

Con relación a ello, Carlos Santamarina Novillo opina:

Caben dos posibilidades, aunque no necesariamente excluyentes. En caso de que proceda una lectura ideográfica, habríamos de entender que los tepanecas son «el pueblo de la piedra» [...] Si por el contrario se trata de un uso fonético, dicho glifo sólo es empleado porque aporta el sonido de la sílaba inicial del gentilicio (te-), y la relación del objeto representado —la piedra— con la nación que se quiere indicar es arbitraria...

Carlos Santamarina Novillo, Los azteca-tepaneca: en torno a su origen y gentilicio, en "Revista española de de antropología americana", Universidad Complutense de Madrid. Madrid, España, 2007, núm.37, vol. 2, p. 74.

También apoya esta definición el contenido de la Carta de Azcapotzalco, en la que los pipiltin de esa población rogaron al soberano español por el otorgamiento de un escudo de armas, en la que propusieron "una muralla que parece tener almenas torreadas representa los muros de un mercado, y son éstos tan fuertes que por su gran fortaleza nuestros mayores los compararon con el suelo firme...".[nota 3]

Glifo correspondiente a Azcapotzalco, con marcada influencia de la heráldica hispánica, que aparece en el Códice García Granados.

El muro representado en tal definición -tepantli- refuerza la idea de un muro o pared de piedra asociado al gentilicio tepaneca. Tal representación no resulta aislada, ya que el Códice García Granados[nota 4] proporciona un caso tardío de glífica indígena en el cual se representa a la nación tepaneca mediante un raro emblema cuyos elementos, pese a la deformación de su estilo y a estar dispuestos de forma que pretende asemejarse a la heráldica hispana, no dejan de proceder claramente de la tradición prehispánica. Entre ellos encontramos el glifo de "piedra" —tetl— dando base al conjunto, y sobre él, un muro almenado, que casi reproduce el escudo de armas peticionado a la Corona española.

A los territorios conquistados por los tepanecas se les denominaba Tepanecapan "tierra de los tepanecas".

A pesar de que la palabra náhuatl tepaneca es plural de tepanecatl, en castellano la palabra tepaneca es singular, por lo que al referirse al pueblo tepaneca, estrictamente, lo correcto es hablar de "los tepanecas" y no de "los tepaneca".

Tecpaneca

A menudo el gentilicio tepaneca se confunde con la palabra tecpaneca, plural de tecpanecatl -de tecpan "palacio" (lit. "casa del tecuhtli")-, y que se refiere a cierta clase o casta dirigente de personas que se ocupaban de las tareas administrativas de las casas de los gobernantes, una especie de burocracia.

Si bien en la traducción de ciertos documentos, tales como los Anales Tepanecas y el Códice Mexicanus, aparece la palabra tecpaneca en un contexto donde se refiere al pueblo tepaneca, lo cierto es que investigaciones de especialistas han demostrado que se trata de errores de los traductores, usando la primera palabra en lugar de la segunda, debido quizá a una deficiente conocimiento de la lengua y glífica nahuas.

Carrasco incluye en uno de sus trabajos la transcripción y traducción de un pequeño fragmento del texto náhuatl de los Anales Tepanecas hecha por F. García Chimalpopoca; allí donde Galicia escribió "En seguida [...] llegaron los tecpaneca diciendo...",[8] —que ha manejado el documento original—transcribe Nima ye huitze in tepanece quitoque y traduce "Entonces vinieron los tepanecas y dijeron..." El traductor introdujo pues la variante del término sin fidelidad al original.

Por otra parte, en la plana 22 del Códice Mexicanus,[9] alusiva a los pueblos nahuatlacas originarios de Chicomoztoc, tenemos sendos textos alfabéticos manuscritos, uno en náhuatl y otro en castellano, éste posterior y de distinta tinta. El texto náhuatl reza quinehuayan chicomostoc oncan quisque yn chicuecalpoltin tepaneca colhualque, mientras el castellano traduce "De este lugar nombrado Chicomoztoc o Siete cuevas salieron las 8 naciones Tecpanecas culhuaques". También en este caso, la variante "palaciega" se muestra claramente como producto de una transcripción errónea posterior a la redacción de la fuente.

Aún en trabajos relativamente recientes se puede encontrar este tipo de confusiones en el uso de los términos. Un ejemplo de ello puede hallarse en el trabajo de Miguel León-Portilla, quien al introducir una cita del Códice Matritense de la Real Academia, señala lo siguiente:

d) Quema de códices ordenadas por los aztecas [...] Cuando los aztecas lograron ya su independencia, después de su victoria sobre los tecpanecas de Azcapotzalco, hacia 1428, empezaron a dar un nuevo sentido a su organización y a su historia...

Miguel León-Portilla. "De Teotihuacán a los Aztecas: Antología de fuentes e interpretaciones históricas", 2a ed., México, 1982, Universidad Nacional Autónoma de México, Colección Lecturas Universitarias, p. 161.[nota 5]
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