Teoría queer

La teoría queer es un conjunto de ideas sobre el género y la sexualidad de las personas que sostienen que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales no están esencialmente inscritos en la naturaleza humana; sino que, son el resultado de una construcción social y, como tales, son formas que varían en cada persona y en cada sociedad.

La teoría queer rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas, como: varón, mujer, heterosexual, homosexual, bisexual o transexual; pues, considera que están sujetas a restricciones impuestas por una cultura en la que la heterosexualidad es obligatoria; así como la heteronormatividad y el heteropatriarcado. Esta teoría sostiene que estas categorías son ficticias y esconden un número enorme de motivaciones políticas apoyadas por la sexología, una ciencia que no ha sido totalmente teorizada.

Contra el concepto clásico de género, que parte de la distinción a partir de la "heterosexualidad natural" aceptada como normal (en inglés straight, es decir "recto"), contraria a lo "anómalo" (en inglés queer o "retorcido"); la teoría queer afirma que todas las "identidades sexuales" son igualmente anómalas, incluida la heterosexualidad.[1]

La teoría queer critica las clasificaciones socio-sexuales de la historiología, psicología, filosofía, antropología y sociología tradicionales, basadas habitualmente en el uso de un solo patrón de segmentación paternalista —sea de clase social, de género, de etnia o de nacionalidad poscolonial— y sostiene que las identidades sociales, condicionadas por la naturaleza sexual, se elaboran de manera más compleja como intersección de múltiples grupos, corrientes y criterios.[2]

En América Latina han surgido corrientes que han cuestionado la coherencia de los principales referentes de la teoría queer estadounidense y europea, por reproducir una aparente contradicción; pues, mientras cuestionan muchos de los mecanismos normalizadores que dicen combatir, imponen globalmente la expresión inglesa queer para referirse a toda la diversidad sexual, desde una posición elitista y académica, perdiendo todo significado político.[4]

La teoría queer respalda la plasticidad de la naturaleza sexual humana, en la que el sexo no se entiende en términos morales, sino en términos de erotismo, posición jerárquica o responsabilidad social. Sostiene también que el concepto de identidad sexual (hetero/homo/bi/trans) está mistificado; resultando ficticio y limitante, pues las personas son mucho más diversas que las categorías y, en todo caso, lo que debe calificarse es cada acto, fantasía o deseo puntual y no las personas que desean, fantasean o participan.

Más recientemente, nuevos aportes queer surgidos del diálogo Sur-Sur, están proponiendo líneas de reflexión autónomas sobre la misma cuestión.[5]

Historia

Orígenes

Con trabajos precursores en la década de 1980 como Between men (Entre hombres) de Eve Kosofsky Sedgwick, escrito en 1985, la teoría queer evolucionó a partir del movimiento queer integrado por personas que no se sentían expresadas por la rigidez de categorías como "homosexual", "gay" y "lesbiana", que empezaron a denominarse queers a partir de 1990, resignificando positivamente un término en inglés que se usaba de manera despectiva hacia los diferentes postgénero, traducible como "raritos" o "retorcidos".

Simultáneamente, en la segunda mitad del siglo XX, venían desarrollándose estudios que profundizaban y cuestionaban nociones tradicionales sobre sexualidad, género y las problemáticas feministas y gais, en especial aquellas relacionadas con el lesbianismo. Muy influyentes para el desarrollo de la teoría queer resultaron los trabajos de Monique Wittig y la Historia de la sexualidad de Michel Foucault.[6]

La expresión "teoría queer" es introducida en 1990 por Teresa de Lauretis,[7]​ y es adoptada rápidamente por otros y otras referentes como Gloria Anzaldúa, Eve Kosofsky Sedgwick, Judith Butler, Michael Warner, José Esteban Muñoz, Beatriz Preciado.

Evolución hacia el fenómeno queer: feminismos, lesbianismos

Otra diferencia entre los movimientos queer y el movimiento LGBT ( Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) es que aquél no ha tenido precedente en el siglo XIX. Era, pues, necesario para los militantes gais y lesbianas elegir un modelo para su nuevo movimiento. Por una parte, el éxito de los movimientos de los negros norteamericanos les ha resultado atractivo. Por otra, aún cuando los queers están en general más próximos a los gais y lesbianas que a las feministas, muchas de sus raíces ideológicas se encuentran también en el feminismo norteamericano de los años 80. Antes de esa fecha, el feminismo, como otros movimientos similares, esperaba que el progreso social se produciría por un cambio de legislación.

Los argumentos para la aprobación de legislaciones progresistas se han fundado siempre en la comparación entre el grupo minoritario en cuestión y el ciudadano universal, es decir, el hombre rico y blanco. Por motivos diversos, varios movimientos han comenzado, desde los años 70, a oponerse a esta imagen de ciudadano universal, y a valorizar su propia capacidad de actuación o realización. Esta tendencia (marcadamente postmodernista) ha acelerado la ruptura entre el hombre y la mujer y ha solidificado lo que ha venido a constituirse en feminismo. Aparece, sobre todo, en el The Feminine Mystique, de Betty Friedan, creadora de NOW (Organización Nacional para Mujeres), que ha sido sin embargo acusada de ignorar a todas las mujeres que no eran blancas o de una clase social acomodada.

Esta ola de feminismo se situaba, pues, en la noción de diferencia, ya fuera la diferencia entre hombres y mujeres, ya fuera la conceptualización del sujeto y del objeto de varios fenómenos sociales (el discurso, el arte, el matrimonio, etc.). Sin embargo, este movimiento radical de la segunda ola del feminismo ha sido alterado por dos fenómenos ideológicos, ambos relacionados con cuestiones de sexualidad y de género. El primero fue la cuestión de las guerras de sexos (Sex Wars), que dividieron a las teóricas y militantes sobre el papel de la pornografía en la opresión de las mujeres.

La otra fisura se refiere a la presencia de lesbianas en las filas feministas y se conoce como Lavender Menace, nombre de un grupo informal de feministas lesbianas formado para protestar por la exclusión de lesbianas y reivindicaciones lesbianas del movimiento en el Segundo Congreso para la Unidad de las Mujeres, celebrado en mayo de 1970 en Nueva York.

Del mismo modo que los enemigos del feminismo utilizaban (y utilizan) con frecuencia contra sus argumentos la argumentación-acusación de lesbianismo (práctica conocida en inglés como lesbian baiting), una gran parte de las militantes mostraban su propia homofobia y se negaban a aceptar que algunas de ellas eran lesbianas.[ cita requerida]

Las lesbianas de la lavender menace manifestaban que ellas eran más feministas gracias a su alejamiento de los hombres, mientras que las feministas heterosexuales aducían que los papeles masculino/femenino (butch/fem) de las parejas lesbianas no eran sino copias del matrimonio heterosexual. Así pues, la homofobia atribuida a la segunda ola, su atención a las práctica sexuales, y sobre todo la división que todo ello produjo, condujo al nacimiento de la teoría queer a comienzo de los años 90.

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