Teoría de las signaturas

Las hojas trilobadas de Hepatica nobilis eran interpretadas como signo de su valor terapéutico para los males del hígado.

Con la expresión teoría de las signaturas, “teoría del signo” o doctrina de las signaturas, se alude a la convicción, presente tanto en la medicina antigua como en la medicina popular de muchos países, de que las plantas, los animales o los minerales llevan a menudo sobre sí los signos que permiten conocer sus virtudes.

La interpretación de que las plantas y otros objetos llevan el signo de sus virtudes terapéuticas o mágicas inscrito en su propio aspecto, cuando no en su nombre, es propio de muchas culturas primitivas, y tiene una larga tradición en la cultura europea. La metafísica cristiana introdujo esta noción en la teología, afirmando que el Creador ha puesto en cada ser las señas de para qué sirve.

Plinio el Viejo registra en su Historia Natural que en la medicina popular de su tiempo los órganos de los animales eran usados para tratar los males de los órganos humanos equivalentes. Por ejemplo el ojo derecho de la rana era considerado apropiado para tratar el ojo derecho humano, pero para tratar el ojo izquierdo se necesitaba el ojo izquierdo del animal. En la doctrina de las signaturas no hace falta equivalencia, homología o identidad de función, entre el órgano a tratar y el remedio, sino sólo alguna señal visual indicativa. En su variante verbal, el signo no se encuentra sobre el objeto curativo, sino que es o está asociado a su nombre.

Galeno decía que el cangrejo (καρκίνος, carcinos, en griego, y cancer en latín) estaba indicado para la cura del carcinoma o cáncer (καρκίνωμα, en griego y cancer en latín), atribuyendo el nombre del mal a su parecido con el animal. El mismo grado de identidad lo encontramos en la palabra latina uva, que indicaba por igual la fruta que el órgano situado en la garganta que ha quedado en el lenguaje anatómico en forma diminutiva, uvula ( úvula). Para curar la irritación de la úvula, el médico tenía que manchar de púrpura una semilla de uva pasa, colocarla junto al órgano irritado, y recitar Uva uvam emendat (la uva arregla a la uva). También funcionaba como medida preventiva, porque si un romano encontraba una uva que estaba pasándose y, cogiéndola entre el pulgar y el anular de la mano izquierda, se la llevaba a la boca y la tragaba sin tocarla con los dientes, podía estar seguro de haberse librado de la irritación de úvula para todo el año.

Renacimiento

Se atribuye a Paracelso, enfrentado con la medicina galénica, la recuperación y nuevo impulso de esta teoría precientífica o protocientífica, según la cual Dios puso en cada ser natural las señales necesarias para que, desde el principio, se sepan sus virtudes terapéuticas.

Algunos ejemplos de aplicación de la teoría en la farmacopea botánica del Renacimiento europeo:

  • El trébol común (Trifolium pratense), contra las cataratas, por la mancha blanca de sus foliolos.
  • Los dátiles (frutos de Phoenix dactylifera) para el corazón, por la sección acorazonada del hueso.
  • Las viboreras (Echium spp.) contra las picaduras de serpiente, por la forma del fruto, semejante a la cabeza de una víbora. El nombre del género procede de la palabra griega para víbora.
  • Los bulbos gemelos de las orquídeas, para la generación (Orchis es el griego para testículos). Como cada año la planta crece consumiendo un bulbo a la vez que crece su sustituto, se distinguen sus virtudes. Para tener descendencia masculina, el varón debe consumir el bulbo grande; para tenerla femenina, la mujer debe consumir el bulbo pequeño.
  • La decocción de las raíces del rosal silvestre ( Rosa canina), contra la mordedura del perro rabioso y sus consecuencias. La señal es la forma de los aguijones, semejante a los colmillos del perro.
  • El edelweiss, para promover la producción de leche, tanto en las vacas como en las mujeres, por su color enteramente blanco.
  • El beleño (Hyoscyamus niger) contra el deterioro de la dentadura. Su sahumerio haría saltar los gusanos desde las caries, según se explicaba tradicionalmente. El signo es la forma de los cálices, semejante a la de una muela con sus raigones.
  • El culantrillo (Aspleniun trichomanes) contra la caída y el encanecimiento del cabello, por los raquis de sus grondes, largos, oscuros y sinuosos como cabellos.
  • La hepática ( Hepatica nobilis=Hepatica triloba), para los males del hígado, por la forma trilobulada de sus hojas, a menudo teñidas por las antocianinas con un color sanguíneo.
La figura de la semilla en la nuez es señal inequívoca de su utilidad contra las afecciones de la cabeza.
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