Teoría conspirativa

Una de las teorías conspirativas más extendidas afirma que los atentados del 11-S fueron favorecidos por la administración de George W. Bush, con el fin de que Estados Unidos tuviera una excusa para iniciar las guerras contra Afganistán e Irak, promover restricciones de derechos civiles en el país ( Acta Patriótica) e iniciar programas de espionaje a gran escala.

Una teoría de la conspiración o teoría conspirativa puede definirse como la tentativa de explicar un acontecimiento o una cadena de acontecimientos, sucedidos o todavía por suceder, ya sea percibidos o reales, comúnmente de importancia política, social, económica o histórica, por medio de la existencia de un grupo secreto muy poderoso, extenso, de larga duración y, generalmente, malintencionado.[2] La hipótesis general de las teorías conspirativas es que sucesos importantes en la Historia han sido controlados por manipuladores que organizan los acontecimientos desde «detrás de escena» y con motivos nefastos.

Es necesario señalar que el término «conspiración» es muy anterior al término «teoría conspirativa», y la existencia de conspiraciones está bien demostrada en la Historia, el Derecho Penal, las leyes penales y sentencias de los tribunales.[4] Esto ilustra el hecho de que la conspiración es y ha sido un comportamiento humano real y frecuente, mientras que la validez del más reciente concepto de «teoría conspirativa» está abierta al debate.

Dado que hechos que han tenido lugar por causa de una conspiración históricamente demostrada son simplemente explicados como debidos a «conspiraciones», «complots», etc., el término «teoría de conspiración» generalmente se usa para destacar la supuesta falta de justificación epistémica adecuada de una explicación,[6]

Terminología

Elemento de un billete de un dólar estadounidense donde figura el Ojo de la Providencia; los seguidores de teorías conspirativas argumentan que este símbolo es prueba de diferentes conspiraciones mundiales masónicas o Iluminati.
Dibujo conspiracionista antisemita y antimasónico, mostrando a la Francia Católica conducida por judíos y francmasones.[7]

El término «teoría conspirativa» se usa como descripción, para algunos neutral, de cualquier aseveración de conspiración. «Conspirar» significa «unirse en secreto acuerdo con el fin de efectuar un acto ilícito o impropio o para usar tal medio para llevar a cabo un fin ilícito».[8] Sin embargo, el término «teoría conspirativa» también se usa para indicar un género narrativo que incluye una amplia selección de argumentos (no necesariamente relacionados) a favor de la existencia de grandes conspiraciones que en caso de ser ciertas tendrían profundas implicaciones sociales y políticas.[ cita requerida]

El primer uso registrado de la expresión «teoría conspirativa» data de 1909. Originalmente, se trataba de un término neutral, pero, durante los avatares políticos de la década de 1960, el término adquirió su actual sentido peyorativo.[10]

En un ensayo de Daniel Pipes, según él, «adaptado de un estudio preparado para la CIA»,[11] se intenta identificar las creencias que distinguen la mentalidad conspirativa de patrones más convencionales de pensamiento:

  • las apariencias engañan;
  • las conspiraciones conducen la Historia;
  • nada es al azar;
  • el enemigo siempre gana;
  • poder, fama, dinero y sexo dan cuenta de todo.[12]

El término «teoría conspirativa» es usado por académicos establecidos y en cultura popular para identificar un tipo de folclore similar al de una leyenda urbana, especialmente un relato explicativo que se construye con fallos metodológicos particulares.[13] El término también se usa peyorativamente para desestimar aseveraciones que se consideran mal concebidas, paranoicas, sin fundamento, extravagantes, irracionales o no merecedoras de consideración seria. Por ejemplo, los términos «chiflado conspirativo» y «teorizador conspirativo» se usan en ocasiones peyorativamente. Algunos de los que mantienen teorías o especulaciones que son tildadas de «teorías conspirativas» rechazan el término por prejuicioso.[ cita requerida]

El hecho de que una aseveración conspirativa particular pueda tildarse de teoría conspirativa de forma imparcial o neutral genera controversia. La teoría conspirativa se ha vuelto un término de alta carga política, y la fuerte crítica de los «teorizadores conspirativos» por parte de académicos, políticos, y medios supera las líneas políticas tradicionales de derecha e izquierda.[ cita requerida]

El académico estadounidense Noam Chomsky contrasta la teoría conspirativa como más o menos lo opuesto al análisis institucional, el cual se enfoca mayormente en el comportamiento público a largo plazo de instituciones conocidas públicamente, según se registra, por ejemplo, en documentos académicos o reportes de medios de comunicación, en lugar de coaliciones secretas de individuos.[15]

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