Teología de la liberación

Gustavo Gutiérrez Merino, uno de los más destacados representantes de la teología de la liberación.
El teólogo, educador y expastor brasileño Rubem Alves fue el primero en formular las nociones centrales de la teología de la liberación, en 1968.

La teología de la liberación es una corriente teológica cristiana integrada por varias vertientes católicas y protestantes, nacida en América Latina tras la aparición de las Comunidades Eclesiales de Base, el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín ( Colombia, 1968), que se caracteriza por considerar que el Evangelio exige la opción preferencial por los pobres[3]

Los primeros en definir esta corriente teológica fueron el educador y expastor presbiteriano brasileño Rubem Alves y el sacerdote católico peruano Gustavo Gutiérrez Merino, cuyos primeros trabajos sobre el tema datan respectivamente de 1968 y 1969.[8]

Ideario

Como dice el teólogo argentino Juan Carlos Scannone, "lo común a todas las distintas ramas o corrientes de la teología de la liberación es que teologiza a partir de la opción preferencial por los pobres y usa para pensar la realidad social e histórica de los pobres, no solamente la mediación de la filosofía, como siempre utilizó la teología, sino también las ciencias humanas y sociales".[2]

Principales ideas

Algunas de las ideas de la teología de la liberación son:

  1. Opción preferencial por los pobres.
  2. La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre.
  3. La espiritualidad de la liberación exige hombres nuevos y mujeres nuevas en el Hombre Nuevo Jesús.[9]
  4. La liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana y de la necesidad de eliminar la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo.
  5. La situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y es consecuencia de un pecado social.
  6. No solamente hay pecadores, sino que hay víctimas del pecado que necesitan justicia y restauración.
  7. El método del estudio teológico es la reflexión a partir de la práctica de la fe viva, comunicada, confesada y celebrada dentro de una práctica de liberación.[10]

Sin embargo, es capital destacar la apreciación que hace Gustavo Gutiérrez: al contrario que otros postulados teológicos o filosóficos, la teología de la liberación es un "acto segundo", es decir, emana de una experiencia de compromiso y trabajo con y por los pobres, de horror ante la pobreza y la injusticia, y de apreciación de las posibilidades de las personas oprimidas como creadores de su propia historia y superadores del sufrimiento. Para Gutiérrez esto no es sólo una cuestión metodológica, sino un compromiso de vida, un estilo de vivir, una forma de confesar la fe, es la espiritualidad.[11]

Así, para Pedro Casaldáliga la reflexión y la vivencia de la espiritualidad de la liberación tiene como consideración y exigencia básica entender que ser cristiano, en cualquier parte, es ser en Jesucristo "Hombre Nuevo" (Efesios 4:22-24), un "hombre nuevo", cuyos rasgos principales son:[9]

  • La lucidez crítica frente a los medios de comunicación, estructuras, ideologías y supuestos valores, que resulta de la pasión por la verdad.
  • La gratuidad de la fe y la vivencia de la gracia que conllevan a la humildad, la ternura, el perdón y la capacidad de descubrir.
  • La libertad desinteresada que asume la austeridad y la pobreza para ser libres frente a los poderes del mundo.
  • La libertad total de quienes están dispuestos a dar la vida por el Reino.
  • La creatividad alegre, sin esquematismos.
  • La denuncia profética como misión y servicio al lado de los más pobres.
  • La fraternidad sin privilegios.
  • El testimonio coherente, vivir lo que se proclama.
  • La esperanza creíble de los testigos y constructores de la resurrección y del Reino.

La base teológica y conceptual

El quehacer teológico se concibe como "reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la palabra", una teología de la transformación liberadora de la historia humana, que no solo piensa el mundo, sino que lo abre al don del reino de Dios. Para llegar a ello, se sirve de los análisis de las ciencias sociales y de la teoría económica y social, con la visión espiritual profundamente trascendente del cristianismo, a la luz de la Palabra de Dios.[13]

Como se ha observado con insistencia en los últimos años, el prójimo no es sólo el hombre tomado individualmente. Es, más bien, el hombre considerado en la urdimbre de las relaciones sociales. Es el hombre ubicado en sus coordenadas económicas, sociales, culturales, raciales. Es, igualmente, la clase social explotada, el pueblo dominado, la raza marginada. Las masas son también nuestro prójimo.

Gustavo Gutiérrez, Teología de la Liberación-Perspectivas

Los derechos del pobre son derechos de Dios (Éxodo 22:21-23, Proverbios 14:31,17:5) y él ha elegido a los pobres[14] (Santiago 2:5) y por tanto es él quien ha hecho la opción preferencial por los pobres para salvar a todos.[ cita requerida] Jesucristo se identificó con los pobres (Mateo 5:3) y claramente dijo que quien se relaciona con el pobre, con él mismo trata y a él mismo acepta o rechaza, a tal punto que esa relación será el criterio principal del Juicio Final (Mateo 25:31-46).[ cita requerida]

Los pobres son víctimas del pecado que se convierte en un pecado social como estructura de acciones y omisiones que mantienen la opresión, la injusticia y la explotación.[ cita requerida] Se trata de un pecado que va más allá de los pecados individuales y se transforma en una situación de pecado,[18] En tal situación de pecado el Reino de Dios es rechazado y el sistema de pecado lucha contra las comunidades y personas que anuncian la buena noticia de la liberación del pecado, de cómo podemos salvarnos "de esta generación perversa" (Hechos 2:40), estableciendo unas relaciones sociales nuevas de comunión, de plena solidaridad, de espiritualidad comunitaria que permitan que todos aporten para que cada cual pueda resolver sus necesidades (Hechos 2:42-47); unas relaciones de amor y fe, no solamente de palabra, sino en los hechos(1Juan 3:16-19, Santiago 2:14-17).[ cita requerida]

"La injusticia e inhumanidad crece en los países industrializados, la globalización de la economía lleva claramente a la falta de solidaridad de nuestras sociedades.[ cita requerida] La teología de la liberación en Latinoamérica es la primera alternativa contra el capitalismo. La mercantilización global de todas las cosas. Ya no solo es una teología contextual latinoamericana, sino que, con el desarrollo mencionado, se convierte en teología contextual universal".[ cita requerida] Uno de sus máximos exponentes, el jesuita y mártir Ignacio Ellacuría reclama una nueva civilización, la civilización de la pobreza, contrapuesta a la de la riqueza, puesto que ésta se ha revelado como un nuevo Moloch que devora a las personas y el planeta.[ cita requerida] Ellacuría y Sobrino, comparan la muerte de personas en el mundo pobre, en el sur, con el Siervo de Yaveh, y afirman que poseen una santidad elemental, jesuánica.[19]

Refiriendo una nueva iglesia de los pobres, el teólogo protestante Jürgen Moltmann, inauguró con las palabras arriba expuestas, una serie de conferencias sobre el tema de la teología de la liberación corriendo el año de 1999 en la Iglesia católica alemana.[ cita requerida]

La relación del cristianismo y la pobreza, ha sido fundamental para la historia y la difusión de la religión en todos los tiempos.[ cita requerida] Apoyada a veces, criticada en otras ocasiones,[ cita requerida] la teología de la liberación se ha dedicado a difundir el evangelio cristiano con un peculiar estilo al igual en países en desarrollo que en aquellos menos favorecidos en lo económico,[ cita requerida] afirmando "la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral".[21]

Su filosofía es de condena a la situación de empobrecimiento que sostiene la pobreza y de apego al pobre.[ cita requerida] Se atribuye el comienzo de la teología de la liberación a la publicación del libro Teología de la liberación (1971) de Gustavo Gutiérrez Merino,[22]

Planteamiento teológico

El libro El dios crucificado (1972) del teólogo protestante alemán Jürgen Moltmann empapado con la sangre del padre jesuita Juan Ramón Moreno, uno de los mártires de la UCA asesinado en El Salvador el 16 de noviembre de 1989.

La novedad de la teología de la liberación no radica en la temática, sino en el método: lo primero es la vida desde la que se cree, el compromiso, el seguimiento a Jesús, lo segundo es la reflexión de la fe, la teología,[25] Al respecto escribió Gustavo Gutiérrez:

En teología de la liberación consideramos que la senda para discurrir racionalmente sobre Dios se halla dentro de una ruta más ancha y desafiante: la del seguimiento de Jesús. Hablar de Dios supone vivir en profundidad nuestra condición de discípulos de Aquel que dijo precisamente que era el camino.

Quehacer teológico y experiencia eclesial 242-243.

El eje de la teología de la liberación son los pobres, la realidad y el desafío más impactante de la situación del pueblo. Según Gustavo Gutiérrez, si el pobre se convierte en el sujeto y en el tema de fondo de la teología de la liberación no es por razones políticas, sociales o económicas, sino fundamentalmente por razones teológicas bíblicas. Dios, en la Biblia está del lado del pobre, lo ama y le ofrece y anuncia en Jesucristo la buena noticia (Lucas 4:17-21), su reino. "Estar junto al pobre, en este sentido, es estar del lado del que Dios está. Por consiguiente, la Iglesia, si es verdadera Iglesia, es una Iglesia de los pobres".[24]

Muchos sacerdotes y agentes de pastoral practican y aceptan los supuestos de esta teología en varios países de América Latina. Gutiérrez afirma:

hablar de una teología de la liberación es buscar una respuesta al interrogante: ¿qué relación hay entre salvación y el proceso histórico de liberación del hombre?

Teología de la Liberación - Perspectivas

Algunos sectores de la Iglesia católica ha mantenido una postura cauta frente a la teología de la liberación. Por un lado, Juan Pablo II, en una carta al episcopado brasileño y de fecha 9 de abril de 1986, indicó: "La teología de la liberación es, no sólo oportuna, sino útil y necesaria".[26] Por otro lado, la Congregación para la doctrina de la fe publicó dos documentos (Libertatis nuntius, Libertatis conscientia) en los que avisaba del "peligro de un uso de elementos de tipo no compatibles con el Evangelio".

Con una orientación diferente, otros sectores de la Iglesia Católica, principalmente en Latinoamérica, han adoptado sus principos, como lo hizo el Consejo Episcopal Latinoamericano, no sin tensiones internas, en las conferencias de Medellín (1968), Puebla (1979) y Aparecida (2007).[28] En 2004 Gerhard Ludwig Müller y el padre Gutiérrez publicaron en alemán su libro en coautoría Pobre y para los pobres, que pasó relativamente desapercibido, aunque en 2012 Müller fue designado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La actitud frente a la teología de la liberación en el Vaticano y en la Iglesia occidental parece haber cambiado notablemente a partir de la asunción del papa Francisco en 2013, quien ha mostrado un fuerte influjo en su pensamiento de la teología de la liberación, sobre todo en su vertiente de la teología del pueblo, como lo han hecho notar los teólogos Juan Carlos Scannone y Carlos María Galli.[31]

Luego de un primer milenio de la Iglesia signado por las iglesias orientales y del segundo dirigido por la iglesia occidental se puede avizorar un milenio marcado por las iglesias del sur en la catolicidad, universalidad centrada en Roma y enriquecida por todas las particularidades... En 2013 la revolucionaria renuncia de Benedicto XVI y la revolucionaria elección de Francisco indicaron el soplo del Viento de Dios que trajo al Papa del sur del Sur. Francisco es un icono pastoral de la Iglesia encarnada en esta región, que ahora tiene la solicitud por todas las iglesias. Jorge Mario Bergoglio expresó reiteradamente su pertenencia eclesial, teológica, espiritual, afectiva, cultural y política a América Latina. En varios de sus escritos hizo una hermenéutica de nuestra cultura, con aquellos que “se animaron a pensar América desde América y como latinoamericanos”.[32]

P. Carlos María Galli[33]

Una señal de este cambio de postura del Vaticano ante la teología de la liberación, fue la reedición en 2014, del libro Pobre y para los pobres de Müller y Gutiérrez, esta vez en italiano y con prólogo de Francisco, presentado además por el padre Gutiérrez en uno de los auditorios del Vaticano.[34]

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