Teodorico el Grande

Teodorico el Grande
Rey de los Ostrogodos y del Reino ostrogodo de Italia
Teodorico re dei Goti (493-526).png
Rey de Italia
493-526
Predecesor Odoacro
Sucesor Atalarico
Rey de los visigodos (regente)
511-526
Predecesor Gesaleico
Sucesor Amalarico
Información personal
Otros títulos Rey de los ostrogodos
Reinado 474-526
Nacimiento Finales de 454 o inicios de 455
Dacia
Fallecimiento 26 de agosto de 526
(71 años)
Rávena
Predecesor Teodomiro
Sucesor Atalarico
Familia
Dinastía Amalos
Padre Teodomiro
Madre Erelieva Eusebia Erchiva Crelieva
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Teodorico el Grande (en latín: Flāvius Theodericus; griego: Θευδέριχος [Theuderikhos]; gótico: Þiudareiks; inglés antiguo: Þēodrīc; nórdico antiguo: Þjōðrēkr, Þīðrēkr; Dacia, 454- Rávena, 26 de agosto de 526), también conocido como Teodorico el Amalo, fue un rey de los ostrogodos ( 474- 526) y uno de los gobernantes más poderosos de su tiempo. En su momento de mayor apogeo, gobernó sobre las penínsulas itálica e ibérica, la Galia mediterránea y las provincias del Danubio, llegando a ser considerado un heredero de los emperadores romanos, si bien él mismo nunca adoptó dicho título.

Biografía

Infancia y juventud

Teodorico era originario de una rama del pueblo germano de los godos. Su linaje, los Amalos, se había asentado tras la desintegración del Imperio huno en el oeste de los Cárpatos, aproximadamente en lo que hoy sería Hungría.[1] Su padre fue el caudillo Teodomiro y su madre la concubina de este, Erelieva Eusebia.

Siendo aún niño, Teodorico fue enviado en el año 463 a Constantinopla como rehén (una práctica habitual para asegurar que su pueblo respetaba los acuerdos alcanzados con el Imperio bizantino).[2]

Rey de los ostrogodos

Teodorico regresó a los Cárpatos con su pueblo a la edad de dieciocho años, en un momento en el que las tensiones en los Balcanes iban en aumento. Esta situación fue fruto de los complejos juegos políticos en la corte de Constantinopla, que llevaron al meteórico ascenso de Zenón el Isáurico, primero como hombre fuerte tras el trono en 471, y luego como emperador en 474. Pero esto conllevó la desestabilización de los antiguos equilibrios políticos de la zona, provocando numerosas conspiraciones políticas y la revuelta de los godos de Tracia, que salían perjudicados con el nuevo reparto de poder.[3]

Puesto que la región de los Cárpatos tenía recursos muy limitados, lo que generaba una dura competición entre los diferentes grupos germanos, Teodomero siguió los consejos de su hijo recién llegado y se dirigió alrededor del año 472 hacia el interior de los Balcanes, penetrando las fronteras del Imperio romano oriental con todo su pueblo, compuesto por unos 10 000 guerreros y una cantidad mayor de no combatientes. La esperanza de Teodorico era llegar a un acuerdo con el emperador Zenón y sustituir a los godos tracios como aliados del imperio.[6]

Puesto que Teodorico era incapaz de tomar por la fuerza la capital imperial y Zenón carecía de los efectivos necesarios para obtener una victoria decisiva sobre los ostrogodos, ambas partes acabaron llegando a un acuerdo. El caudillo de los ostrogodos fue nombrado de este modo patricio y magister militum por el emperador, que lo envió a la península itálica a poner fin al reinado del germano Odoacro, quien había alcanzado su posición diecisiete años atrás tras deponer al último emperador de Occidente, Rómulo Augusto.[8]

Rey de Italia

Edictum Theodorici regis del año ( 512). La continuidad de la administración imperial bajo el gobierno de Teodorico le granjeó el apoyo de las élites romanas.

La Italia hacia la que Teodorico dirigió a su pueblo en el año 488 era un botín tremendamente deseable. Su abundancia de tierras fértiles la hacían, en una época en la que la riqueza se medía en el poder agrario de un territorio, mucho más próspera que Grecia y los Balcanes. La red comercial que conectaba la península, aunque debilitada debido a la fragmentación de la parte occidental del imperio, continuaba siendo importante. De hecho, a pesar de que Roma ya no era la ciudad más poblada del mundo, su tamaño seguía siendo prodigioso, y muy posiblemente fuera la segunda mayor ciudad del ámbito romano, solo por detrás de Constantinopla.[9]

El monarca ostrogodo no tuvo problema para derrotar a las fuerzas hérulas de Odoacro, primero durante el cruce de los Alpes en agosto de 489 y un mes después en las inmediaciones de Verona, sitiando en 492 la inexpugnable capital de Odoacro, Rávena. Acorralado, el caudillo hérulo llegó a un pacto con Teodorico en febrero de 493 para compartir el poder, y diez días después, tras entrar en la ciudad, el monarca decidió organizar un banquete en el palacio imperial de Honorio para celebrar el acuerdo, con la intención de tener a algunos de sus seguidores cerca para asesinar a Odoacro. Pero como este plan fue por mal camino, Teodorico decidió asesinarlo con sus propias manos; tras hacer un brindis, desenvainó su espada y la clavó en la clavícula de Odoacro, tras lo que éste, moribundo, preguntó «¿Dónde está Dios?», a lo que el monarca respondió "Esto es lo que les hiciste a mis amigos". Se dice que Teodorico se paró sobre el cadáver de su rival muerto y dijo «Ciertamente no había un hueso en este desdichado compañero».[10]

Según Juan Antioqueno, «ese mismo día, todos los miembros del ejército de Odoacro que pudieron ser encontrados fueron asesinados por orden de Teodorico, así como toda su familia». La mujer de Odoacro, Sunigilda, fue drogada hasta la muerte, y su hermano Onulfo fue asesinado por arqueros mientras buscaba refugio en una iglesia. Su hijo Thela fue exiliado a la Galia, pero cuando intentó volver a Italia, Teodorico ordenó que también fuera asesinado. Tras la muerte de Odoacro, Teodorico se convirtió efectivamente en el rey de Italia.[11]

Asentado en Rávena, el reinado de Teodorico gozó de mayor legitimidad que el de su predecesor por diversas razones. En primer lugar, gobernaba en nombre de Zenón y aceptaba el rango superior de este, aunque en la práctica tenía plena autonomía para actuar tanto en su reino como en el resto del occidente europeo.[13]

Regente de Hispania

Los territorios controlados directamente por Teodorico y, en un tono más suave, los reinos sobre los que ejercía hegemonía en el año 523. Salvando la Galia y Britania, sus hegemonía abarcaba todas las demás tierras del Imperio romano de occidente.

Asentado en el reino de Italia, Teodorico desarrolló una importante política diplomática tanto con otros pueblos germanos como con el Imperio romano de oriente. Sin embargo, la estabilidad y la paz se vieron sacudidas en el año 507 a causa de la batalla de Vouillé, que enfrentó al rey franco Clodoveo I con el rey visigodo Alarico II, yerno de Teodorico marido de su hija Teodegoda. El resultado de este choque fue la derrota de los visigodos, su retirada de la Galia (actual Francia) y la muerte del propio Alarico II.[12]

Tras la derrota, Teodorico intervino en el reino visigodo para proteger los intereses de su nieto Amalarico, hijo del difunto gobernante y heredero de la corona. Al mismo tiempo, las fuerzas ostrogodas expulsaron a los burgundios de las posesiones visigodas que habían ocupado en Provenza, pero tuvieron cuidado de no entrometerse en los territorios dominados por los francos, evitando así un conflicto a gran escala. [14]

Aunque el legítimo gobernante del reino visigodo era Amalarico, en la práctica Teodorico gobernó Hispania hasta su muerte en el año 526, designando a los funcionarios de la administración y el ejército, cobrando tributo y reorganizando el gobierno peninsular empleando nuevamente el modelo imperial romano, lo que mejoró la eficacia de la administración hispana; además, procuró que sus fuerzas en territorio hispano no se comportasen como un ejército conquistador. Todo ello hizo que tanto los visigodos como los hispanorromanos viesen con buenos ojos su gobierno.[15]

De este modo, el monarca ostrogodo unió bajo su gobierno Italia, Hispania, la Galia mediterránea y las provincias del Danubio. Esto le permitió tener una reserva de guerreros y unos recursos materiales muy superiores a los que habían poseído los últimos emperadores de Occidente, lo que explica el importante papel que el rey ostrogodo tuvo en dichos años.[17] Así, al morir en el año 526, Teodorico dejaba un impresionante reino que controlaba directa o indirectamente buena parte de lo que había sido el Imperio romano occidental.

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