Tempo

Inicio de la Sonata K. 331 de Mozart, con dos tipos de indicación de tempo. Andante grazioso incluye el adjetivo gracioso para concretar el carácter. La indicación metronómica precisa que hay que tocar 120 corcheas por minuto, es decir, 2 por segundo.

Tempo (en plural, tempi), movimiento o aire en terminología musical hacen referencia a la velocidad con la que debe ejecutarse una pieza musical. Se trata de una palabra italiana que literalmente significa «tiempo». En las partituras de una obra el tempo se suele representar al inicio de la pieza encima del pentagrama.[4]

A lo largo de la historia de la música occidental surgieron dos formas de indicar el tempo. Hasta la invención del metrónomo se empleaban determinadas palabras como andante, allegro, etc. que aportaban una idea subjetiva de la velocidad de la pieza[4]

En la música occidental actual se suele indicar en pulsaciones por minuto (ppm), abreviado también como bpm, de la expresión ​​beats per minute en inglés. Esto significa que una figura determinada (por ejemplo, una negra o corchea) se establece como pulso y la indicación significa que debe ser ejecutado un determinado número de pulsos por minuto.[3]

Historia

En Europa desde aproximadamente el siglo XVII, los compositores han querido dejar indicaciones sobre la partitura relacionadas con la velocidad a la que querían que se interpretara su música. Estas indicaciones han sido de varios tipos según los momentos y las tradiciones musicales, pero hay un momento de cambio importante cuando en el año 1812 se inventa el metrónomo, patentado por Johann Maelzel en 1816.[6]

En cuanto a la representación gráfica de estas indicaciones, tanto las textuales como las metronómicas, con frecuencia se sitúan inmediatamente encima del pentagrama cuando se trata de una partitura a un solo pentagrama, o bien del pentagrama superior cuando se trata de una pieza con varios pentagramas.

Antes de la invención del metrónomo

En música clásica, hasta la invención del metrónomo, lo habitual era describir el tempo de una pieza mediante una o más palabras, habitualmente adjetivos que describían la velocidad de la pieza musical y de su interpretación como andante, allegro, etc. La mayoría de estas palabras son italianas durante los siglos XVII y sobre todo el XVIII, con independencia de la nacionalidad del autor y el lugar donde se produjera esta música. Esto fue así debido a que muchos de los más importantes compositores del siglo XVII eran italianos, y este periodo fue cuando las indicaciones de tempo fueron ampliamente utilizadas y codificadas por primera vez. Su uso se generalizó progresivamente en toda Europa a lo largo del siglo XVIII, en especial el de las palabras más habituales (adagio, andante, allegro y presto).

En ocasiones estas expresiones aportaban información también sobre el carácter o la expresión que había que dar a la música. Esto difumina la distinción tradicional entre los indicadores de tempo y de carácter. Así por ejemplo, andante (caminante en italiano) da una determinada sensación de movimiento, sin embargo allegro es indicativo de velocidad pero sobre todo de carácter. Otra muestra es el caso de presto y allegro, ambos indican una ejecución rápida siendo presto más rápido. Por su parte, allegro también connota alegría por su significado original en italiano; mientras que presto indica la velocidad como tal. En la expresión Allegro agitato que aparece en el último movimiento del de George Gershwin es una indicación de tempo sin duda más rápido que un allegro habitual; pero también una indicación de carácter por el adjetivo agitato ("agitado").

Inicio de la Marcha nupcial de Wagner, con la indicación de tempo en alemán (Mäßig bewegt: moderadamente animado)

Especialmente en la segunda mitad del siglo XVIII, las músicas conservadas en las cajas de música y en los relojes musicales, y en general en todo tipo de artilugios capaces de reproducir música de forma mecánica, son una herramienta de primera importancia para conocer las velocidades reales a las que se interpretaba la música. Con posterioridad a la invención del metrónomo se han seguido empleando y hacia finales del siglo XIX y principios del XX, con la eclosión de los nacionalismos, tendieron a emplearse sus correspondientes traducciones a las lenguas propias de los autores que las utilizaban.

Después de la invención del metrónomo

Metrónomo tradicional.
Metrónomo digital.

La invención del metrónomo con el que se podía tanto ajustar la velocidad a un determinado número de pulsaciones por minuto, como oír estas pulsaciones mientras se interpreta la música, permitió una exactitud mucho mayor que la que se había dado con anterioridad. A partir de ese momento el autor podía expresar qué figura (normalmente negra, pero también la blanca o la corchea, o la negra con puntillo en función del tipo de compás) era la que se tomaba como unidad de medida, cuál era la que equivalía a una pulsación. Paralelamente se realizó una adecuación del sistema anterior -que no desaparecía- al nuevo, estableciendo por ejemplo que un andante correspondía a entre 60 y 80 pulsaciones por minuto. Así pues, cada una de las indicaciones textuales en italiano se corresponde con un rango de indicaciones numéricas de metrónomo.

Este tipo de marcas matemáticas de tempo fueron cada vez más populares durante la primera mitad del siglo XIX, una vez que el metrónomo fue inventado por Johann Nepomuk Mälzel aunque los primeros metrónomos eran algo inconsistentes. El primer compositor en utilizar el metrónomo fue Beethoven y en 1817 publicó indicaciones metronómicas para sus (entonces) ocho sinfonías. Algunas de estas marcas son hoy objeto de polémicas, como las de su Sonata para piano "Hammerklavier" y su novena sinfonía, ya que para muchos parece ser casi imposiblemente rápido. El mismo caso ocurre con muchas de las obras de Robert Schumann.[7] Como alternativa a las indicaciones de metrónomo, algunos compositores del siglo XX como Béla Bartók y John Cage, proporcionarían el tiempo total de ejecución de una obra, de la cual podía deducirse aproximadamente el tempo pertinente.

Con la aparición de la música electrónica moderna, las pulsaciones por minuto se convirtió en una medida sumamente precisa. Asimismo, los secuenciador de música utilizan este sistema de ppm para indicar el tempo. El tempo es tan esencial en la música contemporánea como en la clásica. En la música electrónica de baile, el conocimiento exacto del ppm de una canción es fundamental para los DJs a efectos del beatmatching (sincronización de ritmos). Por lo general, a lo largo de los últimos siglos el tempo ha sido indicado cada vez con un mayor grado de precisión por parte de los creadores de la música. Ello no obsta que elementos diversos entre los que podemos contar las capacidades técnicas del intérprete, las dimensiones del grupo, la acústica de la sala, etc. puedan inducir a aplicar criterios de tempo no del todo coincidentes con los que propone el autor.

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