Templanza

Alegoría de la Templanza en los frescos de la Casa Minerbi de Ferrara (hacia 1360-1370), atribuidos a Stefano da Ferrara.

La templanza es la virtud cardinal que recomienda moderación en la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. En un sentido más amplio, los académicos la definen como sinónimo de «moderación, sobriedad y continencia».[1]

Etimología

La palabra templanza proviene del latín temperantia, en referencia a la moderación de la temperatura; en análogo sentido, el adjetivo templado se aplica al medio entre lo cálido y lo frío, y también a lo que mantiene cierto tipo de equilibrio, cohesión o armonía interna. De aquí también el adjetivo destemplado, como descompuesto o desarreglado, sin moderación o equilibrio. En cambio, y contra lo que suele creerse, la palabra no tiene ninguna relación etimológica con la palabra templo.[2]

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