Tauromaquia
English: Bullfighting

Taurocatapsia en la Creta minoica.

La tauromaquia (del idioma griego ταῦρος, taūros 'toro', y μάχομαι, máchomai 'luchar') se define como: «el arte de lidiar toros»,[15]

La tauromaquia incluye además de todos aquellos espectáculos relacionados o vinculados con el toro, el conjunto de tradiciones, fiestas y festejos populares con el toro como protagonista. Estas actividades abarcan desde la cría del toro de lidia por parte de las ganaderías bravas, las técnicas del toreo y aquellas actividades relacionadas directamente con el mismo como la confección de los vestidos de torear tanto de toreros como de banderilleros y picadores, muletas, capotes de brega y guarnicionería. Engloba también el diseño gráfico de los cartel taurino y otras manifestaciones culturales en torno al mundo del toro como la literatura, las artes plásticas con sus variaciones según los lugares donde se producen y que son parte de la cultura nacional.[16]

Historia

Antigüedad

El dios Mitra.
Grabado de Goya, Muerte del alcalde de Torrejón (Madrid, 1815).

Los antecedentes de los ritos con toros se remontan a la Edad de Bronce. En las culturas de la antigüedad el toro ha sido un símbolo importante como elemento identificador de ritos y sacrificios de animales cuyo fin era favorecer la fuerza de los guerreros o la fertilidad del ganado; también fue frecuente su empleo en las ofrendas, ceremonias funerarias o rituales de paso. De estas antiguas tradiciones existen vestigios procedentes de culturas como la indo-iraní, mesopotámica, egipcia y europea, entre todas ellas las referentes a la Península Ibérica tienen relevancia por su relación directa con las tradiciones taurinas que desembocaron en la tauromaquia o toreo,[22]

Los vestigios de Baleares muestran hallazgos de tipo argárico y de la cultura talayótica similares a los existentes en Creta en donde se dieron cultos al toro. Del periodo de la Edad del Bronce son las cabezas de toro encontradas en Costig (Palma de Mallorca).[23]

Cultura celta

Para los celtas el toro era la representación de la fuerza y la virilidad según los diferentes testimonios de la mitología como la ceremonia Tarbhfhess —también conocida como la Fiesta del Sueño del Toro— irlandesa o la ceremonia de la Recolección del Muérdago del Roble descrita por Plinio el Viejo.[25]

Diodoro Sículo relató como, entre el 140-139 a. C. Numancia debía pagar un tributo a Roma con el fin de mantener la paz con el imperio, entre otros bienes se incluían 3 000 pieles de bueyes procedentes de las ganaderías celtíberas.[28]

Cultura tartésica

Los hallazgos de numerosas piezas artísticas en la Península Ibérica relacionadas con rituales y ceremonias con el toro son numerosos y se encuentran en prácticamente toda la geografía peninsular, sin embargo el más importante de todos estos hallazgos es el de la Necrópolis de Medellín (Badajoz), en concreto es una placa de marfil que perteneció a un ajuar funerario datado entre el 650-500 a.C. En la placa de estilo sirio está representada una escena de tauromaquia de la mitología fenicia, se trata del héroe Melqart que, con una rodilla genuflexa, apuntilla a un toro en la testuz. La pieza guarda relación con otras similares procedentes de otras culturas mediterráneas como la hitita, la siria o la cretense del siglo XIII a. C. La importancia del hallazgo estriba en la relación entre los cultos al toro y las diferentes civilizaciones donde estos tuvieron lugar, entre todas la de Tartessos, en el entorno de la antigua ciudad Gadir,[30]

Cultura griega

En la tradición taúrica de la cultura griega, uno de los mitos más conocido es el del rey Gerión quien, según explica José María de Cossío: «... tuvo rebaños de toros y vacas en la península ibérica...» reses que pastaron junto al río Guadalquivir, en la Bética, donde surgieron las primeras ganaderías y encastes de reses bravas andaluzas siglos más tarde.[32]

En las descripciones de Plinio y Seuterio se detallan los juegos de toros durante el siglo V a. C. en los que jinetes perseguían a las reses hasta alcanzarlas para luego derribarlas cogiéndolas por las astas. Juegos que se mantuvieron durante cuatro siglos.[32]

Cultura cartaginesa

Algunos indicios revelan el empleo del toros en la guerra, uno de los escasos testimonios lo narra Polibio sobre las campañas bélicas del Ager Falernus llevadas a cabo por Aníbal en Falerno. El cartaginés se sirvió de mercenarios íberos acompañados por unos dos mil toros que portaban sarmientos encendidos sobre las cornamentas para abrirse camino entre las líneas enemigas. Sobre esta estrategia Diodoro manifestó que Amílcar Barca la había empleado en el desastre de Heliké —sobre 'Heliké' los historiadores discrepan sobre la ubicación de la antigua ciudad—, donde el general falleció. Siguiendo las explicaciones de José María Cossío, estos dos testimonios se asocian con el origen de festejos como el toro embolado, que aún se celebran en fiestas de España.[31]

Cultura romana

En la antigua Roma las celebraciones de fiestas con toros fueron introducidas por Julio César a su regreso de Tesalia donde eran habituales, estas actividades aparecían representadas en las monedas romanas.[35]

Algunas de estas fiestas se realizaron entre el siglo IV a. C. y el siglo I d. C. como parte de las celebraciones en honor a Mithra por parte de los legionarios romanos según indica el historiador Duris, bajo el nombre de Taurobolios.[38]

Según el estudio de Pedro Sáez, se encuentran antecedentes de dichas tradiciones con toros en los damnati ad bestias en tiempos del emperador Nerón en los que se arrojaron a los cristianos durante las ejecuciones públicas efectuadas en la época de su persecución.[42]


Edad Media

En los inicios de la Edad Media los testimonios documentados en torno a la tauromaquia indican que las fiestas y juegos de toros ya estaban asentados en la Península ibérica procedentes de los antiguos rituales con toros en los que se practicaron diferentes formas de burlar a las reses.[43]

Las informaciones sobre tauromaquia durante el periodo visigodo y en los primeros tiempos del califato omeya son escasas, José María de Cossío en Los toros, volumen I, comentó la existencia de actividades taurinas basada en una carta datada en el año 618, publicada en el tomo VII de España Sagrada,[47]

Otras referencias sobre las fiestas de toros son las celebradas en Oviedo con motivo de la convocatoria, por parte del rey asturiano Alfonso II el Casto, de las Cortes en el año 815, información recogida en la Crónica de Alfonso X.[54]

En 1215 según las pautas marcadas en el IV concilio de Letran se prohibió la asistencia y participación del clero en estos eventos,[58]

Por otro lado durante el siglo XIII surgieron los caballeros alanceadores a caballo que burlaban diferentes fieras como ejercicios de entrenamiento tanto para ejercitar las monturas como para la práctica de ejercicios militares. También fueron frecuentes las corridas votivas celebrabas con motivo de las promesas o favores solicitados por algunos de los participantes, se tienen datos sobre este tipo de festejos en Salamanca. La iglesia vinculó estas prácticas de las fiestas y juegos de toros a los antiguos ritos paganos de forma que dieron pie a prohibiciones posteriores.[64]

Durante la Edad Media aumentaron los festejos taurinos celebrados en las plazas públicas, adecuadas para los festejos, para agasajar a reyes y nobles en sus visitas a ciudades españolas con motivo de bodas, nacimientos y cumpleaños reales o celebraciones conmemorativas. Fueron aficionados desde Luis VII de Francia, Alfonso VI, Alfonso VII, el rey navarro García Ramírez o Pedro I.[65]

En 1387, durante el reinado de Juan I de Aragón, tuvo lugar la primera corrida de toros en Barcelona en la plaza del Rey, según se recoge de forma oficial en el Archivo General de la Corona de Aragón, que se encuentra en Barcelona.[68]

Edad Moderna

Siglo XV

Desde el siglo XV las referencias sobre la tauromaquia son más frecuentes. La celebración de los diferentes tipos de fiestas, religisas o no, tuvieron en este periodo un papel importante en la convivencia social del siglo XV, momento en el que surgieron los modelos de fiestas dentro del concepto nación surgido en los comerciantes que residían fuera del reino.[71]

Se tiene constancia sobre corridas de toros realizadas en Sevilla con motivo de la visita que 1405 realizó a la ciudad Enrique III; en Toledo entre 1431 y 1432 con motivo del regreso de Juan II de Castilla de de la batalla de Andalucía, se celebraron toros y justas en la plaza de Zocodeñe, conocida más tarde como Zocodover, estos fueron las primeras corridas de toros celebradas en Toledo. La visita de Enrique IV a Madrid en 1469 también fue una ocasión celebrada con toros en la Casa Real de El Pardo a la que asistieron los embajadores de Francia e Inglaterra.[72]

La organización de las corridas de toros que ya eran lidiadas por toreros a pie, tuvieron importantes costes ya que era necesario adecuar las calles y plazas con cercados y engalanarlas para la ocasión. De la adquisición de las reses se encargaba el consejo que imponía a los carniceros locales la reserva de las mismas. En algunas ciudades castellanas como Valladolid o Palencia la entrega de los toros era obligatoria y los carniceros debían entregarlos o tenerlos a disposición para las celebraciones festivas en cualquier momento. En 1490 la oposición a la entrega gratuita de las reses por parte de los carniceros segovianos ocasionó que la comunidad tuviese que abonar, de ahí en adelante, el coste de los toros a los carniceros. El montante de las reses llegó a suponer más de la mitad del presupuesto total de las fiestas en Sevilla entre 1453 y 1526, cada uno de los animales tenía un coste de entre 3 000 y 4 000 maravedíes. En las actas de los ayuntamientos quedaban anotadas las cuentas, los encargados de la organización, los nombres de los útiles de lidiar y las localidades donde se realizan las celebraciones.[74]

A partir del siglo XV, la nobleza había abandonado el rejoneo para dejar paso a los toreros a pie, que lidiaban en recintos específicos cerrados, lo cual significó un mayor riesgo para los lidiadores y un aumento de la exigencia por parte del público del valor que debían mostrar los toreros. estos cambios iniciaron el recorrido hacía la tauromaquia profesional que llegará hasta tiempos contemporáneos. En 1554 este nuevo concepto de lidiar se conoce ya como corrida de toros.[75]

Siglo XVI

A partir del siglo XVI se inició el proceso que formó la tauromaquia clásica de manos de los nuevos toreros, este proceso duró hasta el siglo XVII, para consolidarse definitivamente en la tauromaquia moderna, en el Siglo XVIII [84]

Otra de las informaciones que aporta Zapata en su estudio es la mención de la existencia del nombre de los toros anterior al siglo XVIII, dato de Zapata mencionado por Ignacio R. Mena Cabezas en Caballeros, toros y toreros en el siglo XVII.[80]

En la plaza mayor de Madrid se celebraban dos tipos de corridas de toros: las usuales, en las que asistía el hombre de a pie, y las reales, reservadas a selectos personajes de la Corte. Las primeras se organizaban por el Concejo de la Villa, las segundas por los encargados del protocolo y fiestas de la Corte: Mayordomía Real, y por regla general eran más lujosas. Se solían celebrar las corridas populares sin fecha fija en torno a las fechas de San Juan (junio), en Santa Ana (agosto), posteriormente las de San Isidro (mayo) y las de San Pedro y San Pablo.[cita requerida]

A mediados del siglo XVI los toros bravos son llevados desde Navarra hasta México por orden de Juan Rodríguez de Altamirano, propietario de la finca Atenco.[88]


Siglo XVII

En 1677 el rey Carlos II celebraba su cumpleaños con una "fiesta de Toros" en la Plaza Mayor de Madrid donde habitualmente se realizaban festejos taurinos.[89]

Durante esta época la nobleza comienza a utilizar a sus peones y escuderos para distraer al toro mientras cambiaban algún caballo cansado o herido, o para rescatarlos de una caída. Con la aparición de los picadores en sustitución de las lanzas, para dar a los nobles, a lomo de caballo, el privilegio de matar al toro, estos peones y auxiliares adquieren la responsabilidad de llevar al toro al picador, con lo que evoluciona la faena de capote y adquiere valor estético. En muchas ocasiones, si el de a caballo no podía matar al toro, se delegaba la responsabilidad en los de a pie.

En 1623 el príncipe de Gales Carlos Estuardo, futuro Carlos I de Inglaterra y de Escocia junto a su lugarteniente Lord Buckingham participaron en este evento durante su estancia en España,[90]​ repitiendo luego la experiencia en su país, invitando a los embajadores de los reinos de Francia y España[cita requerida]

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