Tégula

Tégula es una transcripción al español del substantivo latino tegula («teja»), que se forma sobre una raíz teg- que expresa la idea de «cubrir». A este término se asocia ímbrice, del lat. imbricem (caso acusativo de imbrex), que a su vez es un derivado de imbrem (acusativo de imber), cuyo significado es «lluvia». Con él se denomina un tipo de teja curva que aparece asociado con el anterior.

Ambas etimologías están recogidas por San Isidoro ( Etimologías 19.10.15): «Tegulae vocatae quod tegant aedes, et imbrices quod accipiant imbres.» («Se llaman tégulas porque cubren los edificios e ímbrices porque contienen las lluvias»).

Aunque ninguno de los dos términos está recogido en el diccionario de la Real Academia Española, ambos son de uso habitual en arquitectura y arqueología para designar las tejas romanas.

Forma y disposición de tégulas e ímbrices

Disposición de tégulas e ímbrices.

Las tégulas romanas suelen ser de terracota, planas, rectangulares o trapezoidales, con dos pestañas o rebordes a lo largo de los lados mayores. Dentro de estas características generales hay numerosas variantes según alfares o regiones. Las pestañas pueden ser unos simples rebordes laterales o tener la forma que se refleja en las ilustraciones, es decir un cordón en forma de cuarto de tronco de cono. Existen entalladuras que permiten el encaje de una teja sobre otra.

Los tamaños son muy variables, ya que no hay ninguna normalización. En general, oscilan (a veces con desviaciones importantes) en torno a los dos pies romanos en el lado mayor (aproximadamente 60 cm) y uno y medio (unos 45 cm) en el menor.

Las tégulas mayores conocidas aparecen en Paestum (Italia), la Poseidonia de los fundadores griegos, en el llamado sacellum (en latín «pequeño santuario»), construcción de carácter funerario del siglo IV a. C. Alcanzan unas dimensiones de 75 por 110,5 cm.

Escalonamiento de las tégulas.

Las tégulas apoyan sobre las vigas, a las que se clavan. A veces presentan dos perforaciones para dar paso a los clavos. Se yuxtaponen por los lados mayores, de forma que cada viga da apoyo a dos tégulas. La parte más gruesa de los cordones se dirige aguas abajo y se superpone al extremo contrario de la teja inferior. La entalladuras externas facilitan el ensamblaje. La unión de los cordones o pestañas de ambas tejas se protege por un ímbrice, una teja semicilíndrica o semitroncocónica de diámetro suficiente para albergar las juntas de las piezas rectangulares. Obsérvense las ilustraciones adjuntas que representan el escalonamiento de las tégulas y la disposición de los ímbrices.

Cada hilera de tégulas forma un canal que evacua las aguas de lluvia hasta un canalón situado bajo el alero, desde donde caen al exterior. En las edificaciones importantes lo hacen a través de gárgolas en forma de cabeza de león. Vitruvio (3.5.15) aconseja que en los costados de los templos se sitúen estas cabezas de león sobre el centro de cada columna y otras en los espacios intermedios delante de cada hilera de tejas. Las que se sitúan sobre las columnas deberán estar perforadas, de forma que den salida a las aguas de canal que recoge las aguas llovedizas. Las demás habrán de ser macizas, pues, en caso contrario, el agua que pudieran arrojar mojaría a los viandantes que circularan a través de los intercolumnios. Se solían preferir (como, por otra parte, ha ocurrido siempre) las tégulas usadas, pues sobrevivir durante años a las inclemencias del tiempo y al calor del sol era credencial más que suficiente de la buena calidad de la arcilla y la cocción.

Antefija con decoración vegetal.

La parte frontal del ímbrice que da al exterior del alero puede estar cubierta con una placa decorada, generalmente de cerámica, que se llama antefija (del latín antefixum, «objeto sujeto delante»). Estas placas reciben variadas decoraciones: elementos vegetales estilizados y palmetas, cabezas de Medusa, máscaras teatrales y cualquier otro motivo que se pudiera adaptar a la forma de la antefija.

Consta la existencia de tégulas de bronce en algunos templos de Roma. Las hubo en el Panteón hasta que fueron retiradas por el emperador bizantino Constante II en el año 655 para reutilizar el metal. Plino el Viejo (33.57) atestigua la presencia de tégulas de bronce dorado en el Capitolio.

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