Suelo salino

La salinización de los suelos es el proceso de acumulación en el suelo de sales solubles en agua. Esto puede darse en forma natural, cuando se trata de suelos bajos y planos, que son periódicamente inundados por ríos o arroyos; o si el nivel de las aguas subterráneas es poco profundo y el agua que asciende por capilaridad contiene sales disueltas. Cuando este proceso tiene un origen antropogénico, generalmente está asociado a sistemas de riego. Se llama suelo salino a un suelo con exceso de sales solubles,[1] La sal dominante en general es el cloruro de sodio (NaCl), razón por la cual el suelo también se llama suelo salino-sódico.

Afloramiento de sal causado por la poca profundidad del agua subterránea.

Una consecuencia de la salinización del suelo es la pérdida de fertilidad, lo que perjudica o imposibilita el cultivo agrícola. Es común frenar o revertir el proceso mediante costosos «lavados» de los suelos para lixiviar las sales, o pasar a cultivar plantas que toleren mejor la salinidad.[2] Por otro lado, en la planificación de los sistemas de riego modernos éste es un parámetro que se considera desde el comienzo, pudiendo de esta forma prevenirse la salinización dimensionando adecuadamente las estructuras y estableciendo prácticas de riego adecuadas.

Origen. de la salinidad

Suelo regado salino con cultivo en mal estado.

La causa de la salinización del suelo es un aporte de sales mayor que la descarga; normalmente el agua con sales disueltas es lo que aporta estas sales. Ejemplos de suelos salinos naturales se encuentran en las costas marítimas donde los terrenos se inundan desde el mar, donde el viento sopla gotas de agua salina tierra adentro y/o el flujo subterráneo del mar penetra en el acuífero interno. También en los desiertos hay suelos salinos a causa de la alta evaporación del agua aportada históricamente.[3]

El problema no natural de la salinización se da en los terrenos regados,[5] y una aplicación anual modesta de 10,000 m3 agua por ha (casi 3 mm/día), la irrigación introduce 3,000 kg sal/ha cada año. En regiones donde la precipitación es escasa durante todo el año ( clima árido) o está prácticamente limitada a una sola estación ( lluvias de monzón) es necesario el riego.

En terrenos regados donde parte del agua aplicada o parte de la lluvia percola por el suelo y se descarga por un drenaje natural subterráneo, generalmente la exportación de sales es suficiente para evitar la salinización.

Existen tres peligros de salinización:

  • La cantidad de agua de riego aplicada, junto con el agua de lluvia, es insuficiente para efectuar un lavado del suelo;
  • El acuífero tiene insuficiente capacidad de descarga (es decir hay poco gradiente o una transmisividad pequeña), y no se aplica un drenaje subterráneo artificial.
  • El riego por goteo: la escasa cantidad de agua durante el riego da origen a la evaporación de parte de la misma, depositándose parte de dicha sal en la superficie de la zona regada. En muchos casos, se suele emplear alternativamente, el riego por goteo y el riego por inundación, con lo que la proporción de sales disminuye considerablemente.
Rendimiento de colza en función de la salinidad del suelo.
El gráfico ha sido preparado con el programa de computadora SegReg para regresión segmentada
Combinación en una parcela del riego por goteo y por inundación. El sistema de goteo sobre los caballones muestra la acción de la salinización consiguiente (los caballones se ven más blanquecinos), mientras que en los tablones de riego por inundación se ve el color típico de la terra rossa o arcilla de descalcificación.

En el segundo caso (riego por inundación), cuando se logra suministrar el agua de riego ampliamente y se realiza un lavado efectivo, el nivel de la capa freática ( tabla de agua) va subiendo porque la recarga es mayor que la descarga, y se originará estancamiento de agua. Se presentan problemas gemelos: las cosechas agrarias se disminuyen dramáticamente y los campos se abandonan.

Los problemas se agudizan cuando el acuífero aporta una cantidad de agua mayor que la descarga. El movimiento del agua subterránea va a ser ascendente, contribuyendo aún con más sales.

En áreas irrigadas el flujo ascendente se puede manifestar en dos formas:

  • El terreno es inclinado u ondulado y la percolación de la parte superior se desplaza hacia la parte baja;
  • El terreno es plano y está bajo irrigación parcial, de modo que el agua subterránea mueve de las partes regadas hacia las partes que están en barbecho donde el nivel freático es más bajo.

En proyectos de riego, la salinización puede degradar una fracción considerable de la tierra cultivada. Cuando los terrenos salinizados son abandonados, se establece un nuevo régimen hidrológico y la situación entra en un estadio de equilibrio. En las extensiones grandes de áreas regadas en el mundo muy a menudo unos 25 a 30% de los campos son salinizados. Se trata de decenas de millones de hectáreas, lo que afecta mayormente a la parte más pobre de la población.[4]

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