Submarinos Clase S-80

Clase S-80
País productor
Bandera de España
Datos generales
AstilleroNavantia Cartagena
Autorización2004
TipoSubmarino SSK-AIP
Estadísticas
Primera unidad Isaac Peral (S-81)
Última unidad Mateo García de los Reyes (S-84)
Clase anteriorClase Galerna
Clase posteriorN/D
Periodo construcción2005 - 2027 (previsto)[1]
Periodo servicio2022 (previsto) -
Unidades en construcción4
Unidades planteadas4
Unidades puestas en grada4
Características de la clase
Desplazamiento3200 t
Desplazamiento en inmersión3700 t
Eslora• 81,05 m
• Casco resistente: 61,76 m
Manga11,68 m
Calado6,02 m
Sensoresver Sensores
Armamentover Armamento
Propulsiónver Propulsión
Potencia3 x 1200 kW
Potencia de inmersión• 3600 kW
• AIP: 300 kW
Velocidad12 nudos
Velocidad en inmersión20++ nudos
Autonomía• 50-60 días de navegación en superficie
• 21-30 días de navegación en inmersión a 4 nudos en Inmersión
• 8000 km a 3 nudos en superficie
• Reactor AIP (no confirmada): 15 Días
Tripulación• 3 Oficiales
• 4 Suboficiales
• 25 Marineros
Tropas8 Infantes de Fuerzas Especiales
Notas
NotasCoste aproximado del programa: 4.000 millones de €[2]

Los submarinos de la Clase S-80 (clase Isaac Peral) de la Armada Española son una serie de submarinos de tecnología avanzada, inicialmente de cuatro unidades, los cuales se encuentran ya en producción por parte de la empresa española Navantia en su factoría de Cartagena, con posible ampliación a seis unidades.

Sus características fundamentales son un nuevo sistema de propulsión de alta tecnología y gran autonomía bajo el agua. Su cometido básico es cumplir las misiones siguientes: proyección del poder naval sobre tierra, guerra naval especial, protección de una fuerza de desembarco anfibio, vigilancia, protección de una fuerza naval y disuasión.

El coste de programa inicial de 1800 millones de , sin embargo ha aumentado a 3000 en 2014. Tras diferentes retrasos está previsto que el primero sea botado en 2020 entrando en servicio en la Armada Española en 2022.[1]​ En 2009 comenzó la construcción del tercero de la serie. El cuarto se empezó a construir en 2010. Hay en el contrato una opción al encargo de otras dos unidades adicionales.

Historia[4]

En los últimos cuarenta años la flota submarina española había contado con los cuatro buques de la Clase Delfín (S-60), ya dados de baja, e igual número de sumergibles del tipo Galerna (S-70), de los que todavía tres están activos. Todos ellos eran submarinos clásicos de diseño francés construidos en España, siempre en Cartagena, con licencia de la empresa estatal francesa DCNS. Así, desde que la Armada y la entonces Empresa Nacional Bazán iniciaron, en los años 50 del siglo XX, el diseño y construcción en España de las series de pequeños submarinos de las clases Foca (S-40) y Tiburón (S-50), en España, no había llevado a cabo el desarrollo de submarinos de combate, aunque Navantia había colaborado con DCNS en el desarrollo y construcción, dentro del Consorcio Scorpène de submarinos para las marinas de Chile, Malasia e India.

En consecuencia el programa S-80 implica una importante apuesta para la Armada Española y un desafío para la industria de construcción naval española liderada, en este proyecto, por Navantia.

Por su concepción los S-80 están muy por delante de los submarinos de propulsión diésel-eléctrica de las últimas generaciones. Son buques diseñados desde el comienzo a la medida de las necesidades de la Armada Española, incorporando los más novedosos avances en tecnología. Submarinos oceánicos de tonelaje medio con capacidad de realizar misiones de larga duración en escenarios alejados de su base, actuando con un nivel de indiscreción mínimo. Por las características de su propulsión anaerobia se sitúan por delante de otros submarinos AIP (propulsión independiente del aire) similares. Sus condiciones tácticas están garantizadas por un sistema de combate muy avanzado. Contarán con un sistema integrado de control de plataforma que permita la operación con una dotación reducida y un elevado grado de automatismos con control remoto. Vistas en conjunto las características de esta clase de buques les sitúan en un nivel ampliamente superior a los sumergibles clásicos y cercanos a los de propulsión nuclear, con un evidente gran salto en calidad y prestaciones en relación con los submarinos que actualmente dispone la Armada Española.

El conflicto con DCNS[7]

En la década de los 90 Navantia y la francesa DCNS (Dirección de Construcciones Navales), lanzaron de manera conjunta el Scorpène, un submarino para tratar de ganar cuota en el mercado de los submarinos convencionales.

El Scorpène fue comercializado entre ambas vendiéndose a Chile (dos unidades), Malasia (dos unidades) e India (seis unidades). Francia tenía mayor peso en la fabricación de la nave (un 30% más), pero la propiedad intelectual del submarino era de ambas empresas. Los problemas surgieron cuando España decidió desarrollar el S-80, en solitario con la colaboración tecnológica de Lockheed Martin, ya que la Armada buscaba un submarino de características superiores al Scorpène y hechos como que el sumergible hispano-francés apareciera en los stands de DCNS en ferias navales como un producto exclusivo de la empresa francesa, con las correspondientes reclamaciones por parte de Navantia.

Por ello Navantia prefirió embarcarse en el programa del S-80. Además, comenzó a acudir a concursos internacionales de otras armadas con su submarino, con gran expectación entre los potenciales compradores y disparando los temores de DCNS de que Navantia empezara a arrebatarle antiguos clientes, como ocurrió con la adjudicación del programa de buques anfibios a Navantia con su socio australiano, lo que en Francia se daba como un éxito de la exportación de su industria naval con la venta de dos LHD de la clase Mistral.

También influyó otro tema de mucha mayor trascendencia: la creación de la denominada “EADS Naval”, los movimientos de Francia para controlar dicho proyecto y los miedos de la SEPI a que la creación de esa empresa acabaran de deshacer la industria naval militar española. Por su parte, DCNS acusó sin fundamentos a Navantia de que el S-80 era una versión española del Scorpène, con un módulo de propulsión AIP intercalado en su estructura, con sónares y sistema de combate de Lockheed Martin.

En 2009 Navantia buscó llegar a un acuerdo y finalmente tanto los astilleros españoles como los franceses retiraron sus demandas del tribunal de arbitraje de París, poniendo fin a la demanda iniciada por DCNS, fabricando y comercializando los submarinos Scorpene y de igual manera, los submarinos S-80 serán fabricados y comercializados por Navantia con un sistema propulsor totalmente diferente al francés.

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