Submarinos Clase D (1947)

Clase D
País productor
España
Datos generales
AstilleroS.E.C.N. en Cartagena
Países en servicioBandera naval de España Armada Española
Autorización30 de agosto de 1932
TipoSubmarino oceánico
Estadísticas
Primera unidadD-1 / S-11
Última unidadD-3 / S-22
Clase anteriorClase C
Clase posteriorClase Balao
Periodo construcción23 de septiembre de 1933 al 20 de febrero de 1954
Periodo servicio17 de marzo de 1947 al 1 de abril de 1971
Unidades planteadas3
Unidades concluidas3
Unidades desguazadas3
Características de la clase
Desplazamiento1.095 t
Desplazamiento en inmersión1.399 t
Eslora84,3 m
Manga6,9 m
Calado4,1 m
Armamento• 4 tubos lanzatorpedos de 533 mm a proa
• 2 tubos lanzatorpedos de 533 mm a popa
• 1 cañón Krupp de 88 mm
• 2 antiaéreos de 20 mm
Propulsión• 2 motores eléctricos de
• 2 hélices
Potencia2.500 cv
Potencia de inmersión650 cv
Velocidad20,5 nudos
Velocidad en inmersión9,5 nudos
Autonomía9.000 millas a 12 nudos en superficie
Tripulación• Original:60 hombres
• Modernizado: 74 hombres

Los Submarinos Clase D fueron una serie de tres submarinos de diseño y fabricación española, empezados a construir por la SECN (Sociedad Española de Construcción Navales) en 1932 (el D-1) y finalizados en 1954 (el D-3) por la empresa nacional Bazán. Estos submarinos nunca tuvieron nombre, siendo identificados únicamente por su numeral.

Dificultades del proyecto

La Sociedad Estatal de Construcciones Navales (delegación de la Vickers en España que tenía arrendados los astilleros de Cartagena, Ferrol y la Carraca en Cádiz) recibió de la Armada Española el encargo de trazar un proyecto de submarino oceánico de 1.000 toneladas y 20 nudos de velocidad en superficie y que fuese de diseño y fabricación nacional.

La S.E.C.N encomendó al ingeniero naval y director de la factoría de Cartagena, Áureo Fernández Ávila, el estudio y la redacción del proyecto, por el que se quiso lograr un tipo "C" mejorado, pero se demostró que no es lo mismo construir submarinos con ayuda técnica y siguiendo unos planos y unas especificaciones garantizadas por una firma especializada, como se había hecho con la Clase B y la Clase C, que proyectar un tipo nuevo partiendo de la nada y sin contar con una previa experiencia.

El ministro de Marina José Giral redactó la Ley de 30 de agosto de 1932 que firmó el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora y Torres. El 22 de noviembre de 1932 se daba la orden de ejecución del primero de la clase D a la factoría de Cartagena, en la cual se plantó la quilla del buque el 23 de septiembre de 1933.

En teoría se trataba de un buque realmente espléndido para su tiempo, con algo más de 1.000 t de desplazamiento en superficie; un cañón de 120 mm y seis tubos lanzatorpedos de 533 mm; 20 nudos de velocidad en superficie y 9.5 en inmersión, una amplia autonomía y una aceptable cota de profundidad de 80 metros.

En Cartagena, los trabajos sobre la grada del nuevo submarino iban progresando aunque con excesiva lentitud, a pesar de que en la orden de ejecución se puntualizaba que el buque debería entregarse en un plazo de tres años. El 27 de marzo de 1934 se promulgó una ley cuyo artículo primero, apartado B, señalaba:

"Se autoriza al Gobierno para contratar directamente, fundándose en el apartado cuarto del artículo cincuenta y cinco de la Ley de Administración y Contabilidad de la Hacienda pública, con la Empresa o las Empresas nacionales que puedan cumplir los fines que el proyecto trata de realizar, las siguientes construcciones con arreglo a las características citadas por el Estado Mayor de la Armada y al precio aproximado que para cada uno de los buques se consignan en los siguientes apartados:

A/...
B/ Dos submarinos iguales al "D-1" actualmente en construcción en Cartagena. Coste aproximado por unidad: diecisiete millones cuatrocientas mil pesetas.

C/...
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Estos buques fueron los submarinos D-2 y D-3, los cuales contrató directamente el ministro con la S.E.C.N. La quilla del D-2 fue plantada en Cartagena el 19 de noviembre de 1934 y la del D-3 el 11 de diciembre del mismo año. La construcción del D-1 seguía desarrollándose con lentitud.

La construcción de los D en Cartagena se llevó a efecto mediante el clásico sistema del remachado que ya estaba prácticamente abandonado en todas partes. Ello evidenciaba el retraso tecnológico de la industria española de la época.

Al iniciarse la guerra civil, las obras del D-1 quedaron paralizadas, así como las de los D-2 y D-3, que apenas habían comenzado con el acopio de materiales, quedando poco menos que abandonados y oxidándose en las gradas.

Finalizada la contienda, estalló al poco tiempo la Segunda Guerra Mundial. A finales de 1939 se reconsideró la necesidad de proseguir la construcción de los submarinos tipo D o cancelarlos definitivamente, sustituyéndolos por tipos alemanes o italianos ya experimentados. Pero las propias necesidades de las dos potencias en aquel entonces aconsejaron al Estado Mayor de la Armada a decidirse por los inacabados D.

En febrero de 1940 se dio la orden de reanudar las obras de aquellas unidades. El contrato suscrito con la Sociedad Estatal de Construcción Naval en 1908 había caducado, y para efectuar las carenas y construcciones programadas por el nuevo régimen se creó el Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares, de carácter estatal, que se hizo cargo de las factorías arrendadas a la Naval y a cuyo frente se situó en calidad de presidente el ingeniero naval Áureo Fernández Ávila.

Con una nación medio destruida, una industria pobre y en ruinas, con faltas de materiales de todas clases, restricciones eléctricas, intentando sostener una difícil neutralidad y pasando hambre, poco podían adelantar los trabajos de los D. Tantas dificultades, sumadas al óxido de varios años y al propio proyecto en sí que adolecía de algunas taras congénitas, dieron por resultado unos buques que dejaban mucho que desear.

El 11 de mayo de 1944 se puso a flote, tras diez años en grada, el D-1, pero su entrega a la Armada no tuvo lugar hasta tres años más tarde, en marzo de 1947, siendo entonces cuando aparecieron todos sus múltiples problemas. Entre ellos, los más importantes fueron:

  • Tenían que salir a superficie proa a la mar
  • Al soplar los lastres, pasaba por un momento de estabilidad transversal negativa y con la mar de través corría el peligro de quedar con la quilla al sol.

Debido a la baja calidad de los aceros empleados en su construcción, el desplazamiento subió a 1.095 toneladas en lugar de las 1.050 previstas, y en las pruebas de inmersión que se efectuaron con toda clase de precauciones en la rada de Mazarrón, no bajó nunca a más de 50 metros.

Cabe añadir que al D-1 se le condujo varias veces a dicho punto convoyado por una grúa flotante que lo mantenía embragado y abarloado a otro submarino. Este, mediante unas mangueras, inundaba los lastres del "D", el cual se sumergía y luego le soplaba los lastres para salir a superficie.

El presupuesto inicial del D-1 fue de 17.400.000 pesetas de 1932, su coste real fue de 32.500.000 pesetas.

A finales de 1944 se botó el D-2, y su alta en la Armada se demoró hasta mayo de 1951. El D-3 fue botado en 1952 y dado de alta dos años después, por lo que, desde su puesta de quilla, transcurrieron veinte años.

Podían lanzar los tipos de torpedos G7a y G7e de construcción alemana, con un calibre de 533,4 mm y una longitud de 7,163 m.

Los "D" adolecían de una larga serie de defectos, que les relegaban a misiones puramente de escuela. Pero no había otra cosa mejor en aquellos tiempos en la Armada, siendo preciso aprovecharlos en la medida de lo posible. Durante su dilatada construcción se introdujeron algunas modificaciones, como el cañón. Cuando salieron a la mar montaban un cañón Krupp de 88 mm en lugar del Vickers de 120 mm que figuraba en el proyecto.

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