Sublevación de la Escuadra de Chile

Sublevación de la Escuadra
Bombardeo de Coquimbo 1931.jpg
El bombardeo de la escuadra fondeada en Coquimbo, ejecutado el 6 de septiembre de 1931. Foto de la prensa de la época, posiblemente retocada o trucada.
Fecha 31 de agosto al 7 de septiembre de 1931
Lugar Costa del Pacífico de Chile
Resultado Capitulación de la marinería.
Beligerantes
Bandera de Chile Gobierno de Chile Bandera de Chile Revolucionarios de la Marinería
Comandantes
Manuel Trucco Franzani Estado Mayor de las Tripulaciones
Fuerzas en combate
Bandera de Chile Ejército de Chile
Bandera de Chile Fuerza Aérea de Chile
Bandera de Chile Gran parte de la Armada de Chile
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La sublevación de la Escuadra de Chile fue un motín y movilización gremial protagonizada por el conjunto de la marinería de la Armada de Chile entre el 31 de agosto y el 7 de septiembre de 1931. El movimiento nació como protesta frente a una fuerte rebaja de salarios, que había sido decretada por el gobierno del vicepresidente Manuel Trucco, en medio de la crisis económica y política que atravesaba Chile a raíz de la Gran Depresión. La sublevación pasó por varias fases durante la semana que duró. Tras apoderarse de los buques y bases, la marinería presentó a las autoridades un petitorio, que el gobierno tramitó y negoció durante algunos días.

En el transcurso de las negociaciones, los sublevados engrosaron su petitorio con demandas cada vez más generales, y relacionadas con la crisis del país. Ya el día 4 de septiembre, tras el ultimátum del gobierno y en la víspera de ser atacados, los sublevados manifestaron abiertamente su deseo de que el movimiento adquiriera características de revolución social.

A partir del 5 de septiembre, los marinos comenzaron a ser atacados por fuerzas adeptas al gobierno, por lo que intentaron una breve resistencia militar. Luego de sostener combates en Coquimbo y Talcahuano, las tripulaciones capitularon.

Antecedentes

Mujeres chilenas preparan ollas comunes, en 1932, como método solidario para combatir el hambre y la escasez.

Situación económica

En agosto de 1931, los marineros de la Armada de Chile fueron informados de una rebaja salarial del 30 %, que el ministro de Hacienda, Pedro Blanquier, había aplicado a todos los funcionarios públicos, incluyendo a los de las fuerzas armadas. Esta merma se sumaba a otra vigente desde el año anterior, que había reducido los sueldos de la Armada en un 10 %, y a la pérdida definitiva de las bonificaciones adeudadas por concepto de períodos de instrucción en el extranjero.

La rebaja de sueldos estaba agravada por la pérdida del poder adquisitivo real, producto de la inflación, y por el desquiciamiento general de la economía chilena a raíz de la Gran Depresión.

La caída de las exportaciones, el derrumbe de los precios de los productos chilenos, la falta de liquidez y la alta deuda externa completaban el grave panorama. La situación económica era tan preocupante que un informe de la Sociedad de Naciones concluyó que Chile era el país más golpeado a nivel mundial por la coyuntura económica.[2]

En tanto, se producía la migración masiva de los obreros de las oficinas salitreras nortinas, que abandonaban la pampa, debido al hambre y la falta de trabajo, dirigiéndose en su mayoría a la Zona Central del país.[4]

La situación ya había provocado la caída de la dictadura del general Carlos Ibáñez un mes antes, el 26 de julio de 1931.[5]

Tesis de manipulación política

Algunos contemporáneos y autores posteriores consideraron que la Sublevación era fruto de la agitación e infiltración de elementos externos a la Armada. Esta tesis ofrecía varios posibles responsables. Pero la acusación más persistente y difundida es la que sindica al Partido Comunista de Chile como promotor en las sombras de todo el movimiento. Sin embargo, no fue el único sector político al que se responsabilizó de detonar la sublevación. La tesis que implicaba a los comunistas es solo una entre varias hipótesis lanzadas por las autoridades de la época. De manera que, en ocasiones, incluso una sola fuente oficial sindicó a grupos políticos de distinto signo, desde comunistas hasta nacionalistas ibañistas. Cada una de las tesis que explican el episodio como una manipulación también presentan algún nivel de debilidad lógica y probatoria, como se explicita a continuación.

Infiltrados en el Reino Unido

Se acusó como responsables, alternativamente, a los comunistas, socialistas y a los seguidores del depuesto caudillo nacionalista Carlos Ibáñez del Campo.

El autor Ricardo Donoso y el entonces encargado de las negociaciones con los rebeldes por parte del gobierno, el contraalmirante Edgardo von Schroeders, secundado por el capitán de navío Luis Muñoz Artigas, consideraron decisiva la agitación a que habrían sido sometidos los marineros que fueron enviados a Davenport. Dicho destacamento había viajado al Reino Unido a hacerse cargo del acorazado Almirante Latorre, que estaba siendo modernizado. Según esta versión, políticos exiliados por el presidente Carlos Ibáñez, reunidos en el llamado Comité Revolucionario de París, habrían iniciado una campaña de propaganda entre la marinería. Entre los exiliados se encontraba, de hecho, el propio ex presidente Arturo Alessandri, eterno rival de Ibáñez. Alessandri fue personalmente responsabilizado por Ventura Maturana, el jefe de la cuestionada policía política organizada por Ibáñez.[8]

Apuntando a otro de los miembros del grupo de París, el general de ejército Tobías Barros Ortiz acusaba como instigador a Marmaduke Grove, oficial socialista de la aviación que protagonarizaría un golpe de estado en junio de 1932. Pero esta acusación presenta una dificultad. El día que caía Ibáñez, 26 de julio de 1931, Grove llegaba a París después de vivir una larga odisea y escapar en una goleta tahitiana desde la isla de Pascua. Allí había permanecido confinado tras el llamado incidente del "Avión Rojo" de septiembre de 1930. Es decir que entre esa fecha y julio de 1931 Grove estuvo fuera de circulación.[10]

Infiltración comunista

Los oficiales navales de la época, como el ya citado Von Schroeders, responsabilizaban a un par de aspirantes a condestables que habían sido contratados en el mundo civil para llenar los cupos necesarios en el Almirante Latorre, tras el regreso del acorazado a Chile. Eran los cabos despenseros Manuel Astica y Augusto Zagal. Se les acusaba de ser agitadores profesionales del comunismo y de ser los instigadores del motín. Ambos se habían embarcado en Coquimbo, en mayo de 1931, tres o cuatro meses antes de que se iniciara la sublevación. Astica había pertenecido a la Unión de Centros Juveniles Católicos, donde conoció a líder sindical Clotario Blest, y había realizado alguna labor política y periodística en las oficinas salitreras del cantón Antofagasta.[7]

Infiltración ibañista

Por otro lado, existen ciertas posibles contradicciones en las versiones conspirativas. El mismo contraalmirante Von Schroeders deslizaba sospechas acerca de la supuesta acción intrigante de un ex ministro del recién derrocado gobierno nacionalista de Ibáñez: el almirante retirado Carlos Froedden, ex titular de Interior, Guerra y Marina. Von Schroeders aseguraba que aquel oficial habría visitado localidades cercanas a Coquimbo antes y durante la Sublevación. El delegado del gobierno acompañaba sus acusaciones con comentarios antisemitas acerca del mal concepto que le merecía el carácter de los judíos, como el ex almirante Froedden.[14]

Así, Von Schroeders, simultáneamente, acusaba a los exiliados anti ibañistas — socialistas y alessandristas—, a un ministro ibañista y a los despenseros cercanos al comunismo. En la versión del almirante la sublevación aparece siempre como una contaminación exógena a la Armada, procedente de todo tipo de fuentes disímiles, que se habrían combinado en un mismo hecho.

Debilidades de las teorías

El acorazado Almirante Latorre, buque insignia de la Escuadra chilena en 1931.

Estas tres versiones; la del Almirante Latorre infiltrado en Davenport, la de los dos cabos comunistas del Almirante Latorre y la de Froedden merodeando en Coquimbo; no explican el casi instantáneo apoyo que la Sublevación concitó en el resto de los buques, en diversos puertos y rutas, y en bases lejanas entre sí. Pues el motín no se concentró solo en el Latorre, sino que se extendió por Talcahuano, Valparaíso, Quintero y el resto de la escuadra estacionada en Coquimbo.

La teoría de la infiltración en Davenport por los exiliados anti-ibañistas no parece considerar que para agosto de 1931 Ibáñez ya había caído.

La teoría de las intrigas del almirante retirado Froedden se basa en rumores de su mera presencia en la provincia de Coquimbo, prejuicios raciales y argumentación ad hominem. Por otro lado, entre las primeras demandas de los marineros estaba exigir la extradición de todos los sospechosos de desfalcar las finanzas públicas. Éste era un reclamo común de la opinión pública y los petitorios sindicales en agosto de 1931, y se refería sobre todo a Ibáñez y al propio Froedden. A este último, de hecho, muchos lo creían fugado fuera del país.[16]

No es consistente con la teoría de la infiltración comunista el hecho de que el marinero que en su momento fue identificado por la prensa como el verdadero líder de la sublevación, el técnico en telecomunicaciones Guillermo Steembecker, nunca fue relacionado con actividades políticas de izquierda. De hecho años antes, el llamado "comodoro de los insurrectos", había tenido ocasión de ser secretario en Talcahuano de una asociación nacionalista de extrema derecha, la Liga Patriótica Militar de dicho puerto, hermana de otras ligas patrióticas. En la década de 1920 estas agrupaciones habían estado empeñadas en actividades de hostigamiento xenófobo en las provincias de Tacna, Arica, y Tarapacá. Además las ligas asaltaban, como pandillas de choque, sedes sindicales y estudiantiles. Steembecker gozaba, por otra parte, de un largo historial en la Armada. Había sido enviado a una capacitación especial en Alemania y alcanzado el puesto de jefe de la Radioestación Naval de Antofagasta.[19]

Se debe acotar que Steembecker, pese a ser el proclamado líder de la Sublevación en Coquimbo y a diferencia de lo ocurrido con otros cabecillas, no estuvo entre los condenados por el posterior consejo de guerra en San Felipe.

Relaciones entre marinería y oficialidad

Manuel Astica, uno de los líderes de la marinería, en una fotografía de los años 1970s.

Las acusaciones de Von Schroeders contra del exalmirante Carlos Froedden también eran extensivas al gobernador marítimo de Coquimbo, el capitán de corbeta Guillermo Valenzuela. Según esta versión, Valenzuela retrasó por lo menos en 9 horas (17:00) el envío de su aviso dando cuenta de los hechos a La Moneda. Incluso lo remitió después de que los marineros rebelados enviaron su propio radiograma. El comisionado del gobierno acotaba en sus informes que no se debía olvidar que Froedden, siendo ministro de Ibáñez, había nombrado a Valenzuela alcalde de Coquimbo.

Este tipo de asociaciones establecerían, según lo que dedujo el gobierno, la posibilidad de que un sector de la oficialidad, por lo menos los ibañistas retirados, manipulaba a los marineros.

La versión posterior de uno de los principales cabecillas de la sublevación, Manuel Astica, involucraba más bien a la oficialidad activa. Pero no hacía referencia al ibañismo de los oficiales, sino que a la molestia inicial de estos por el mismo problema que aquejaba a marinos y suboficiales: la rebaja de remuneraciones del 30 %, que también los afectaba. Manuel Astica afirmaba que:

[...] los primeros que reaccionaron fueron los propios oficiales. Ellos querían promover un movimiento, pero no tuvieron cojones frente al cerrado personalismo de los comodoros Campos y Hozven [jefes de las escuadra activa y de instrucción respectivamente]

Manuel Astica.[20]

Pero por otro lado, es casi indudable que las relaciones entre jefes y subordinados se rompieron en algún punto. El anuncio de la rebaja de sueldos fue hecho a la tripulación por el propio comodoro Alberto Hozven, quien se negó a cursar cualquier queja o petitorio por considerar que no cabía ese tipo de actitudes "antipatrióticas".[20]

Yo recuerdo textualmente las siguientes palabras de Hozven. "Es una cobardía pedir que no se efectue la rebaja de sueldos de un 30% sabiendo que el país se encuentra en la bancarrota. Castigaré con la expulsión, cualquiera sea el número de cobardes, a quien intente presentarme esas peticiones".

Suboficial preceptor Ernesto González[21]

Aun así los sublevados declararon en su primer radiograma que no tenían intención de rebelarse a sus oficiales y la disciplina. En este sentido, se debe acotar que mientras duró la Sublevación muchos de los buques fueron comandados por sus suboficiales con mayor antigüedad, por lo que de alguna manera se respetó la lógica jerárquica. Por otra parte, muchos oficiales cautivos declararon después que fueron tratados de manera considerada.[22]

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