Studium Generale

Studium generale ( estudio general, en latín, en plural studia generalia) es la institución de la que surgieron las primeras universidades en la cristiandad latina (un espacio coincidente a grandes rasgos con Europa occidental).

Desde la Alta Edad Media, tras el breve periodo en que funcionó la escuela palatina carolingia, funcionaban las escuelas monásticas y las escuelas catedralicias, que servían para la formación del clero. A falta de otras instituciones educativas, también acudían a ellas los seglares que deseaban instruirse. Con el tiempo, en reconocimiento de la importancia de su labor, las más notables recibieron el título de studium generale otorgado por los papas, emperadores o reyes que las tomaban bajo su mecenazgo y otorgaban rentas para su sostenimiento; siendo con ello considerados los centros de enseñanza más prestigiosos. Todo ello se produjo en el contexto del crecimiento urbano y el desarrollo socio económico y cultural de una época especialmente dinámica, que ha sido denominada historiográficamente como " renacimiento del siglo XII".

Los studia generalia debían cumplir tres condiciones: estar abiertos a estudiantes de cualquier procedencia geográfica, impartir enseñanza superior en alguna de sus escuelas o facultades ( artes -las siete disciplinas del trivium y el quadrivium-, medicina, derecho y teología), y disponer de diferentes maestros para cada uno de los temas objeto de enseñanza.[1] Los más afamados profesores de cada studium eran animados a desplazarse de unos a otros para compartir sus conocimientos y documentos, iniciando la cultura de intercambio y cosmopolita que caracteriza al espíritu universitario.

Los studia y los poderes

Los dos poderes universales, pontificado e imperio; así como el nuevo poder emergente, las monarquías feudales en tránsito a convertirse en monarquías autoritarias, rivalizaron en su capacidad normativa sobre de estas nuevas instituciones, lo que más que intensificar su control sobre ellas, las otorgaba más derechos y libertades. Federico Barbarroja, en 1158 o 1155 (poco antes de la Segunda Dieta de Roncaglia) emitió la constitución imperial Authentica habita - en:Authentica habita- para dar derechos a los estudiantes y profesores de cualquier nacionalidad (particularmente a los del studium de Bolonia), tanto en su estancia como en sus desplazamientos, reconociendo el valor universal de conceptos tales como amor scientiae ("amor por el saber") y causa studiorum peregrinatio ("peregrinación por causa de estudios"). La legislación papal sobre asuntos educativos se multiplicó con los Concilios de Letrán (desde 1123), obligando a cada catedral a disponer de un maestro de gramática y a cada iglesia metropolitana a disponer de un teólogo. El papa Alejandro III estableció las dispensas "de residencia" (permitir a un clérigo seguir disfrutando de su beneficio eclesiástico si la razón de la ausencia de su puesto es realizar estudios -excepto los de derecho o medicina, considerados "lucrativos"-), lo que permitía una gran movilidad. El reconocimiento de fuero eclesiástico a profesores y alumnos, no sólo les permitía eludir a la justicia civil, sino incluso en algunos casos a la jurisdicción episcopal, y remitirse directamente al Papa. Los privilegios concedidos al studium de París en 1215 y al de Bolonia en 1219 (y después los obtenidos por los demás) reconocían a estos studia el monopolio de la concesión de grados académicos ( magister o doctor), y la vinculaba a un examen realizado por los profesores, lo que restringía la intervención del canciller (representante del obispo) a la mera concesión nominal de la licencia. Gregorio IX estableció los tres grados académicos de bachiller, licenciado y doctor.

La autonomía de los studia era ambivalente: en algunas cuestiones era tan amplia que incluso se reconocía una cierta forma de derecho de huelga corporativo (potestas suspensionis studii), y se dieron formas de protesta colectiva como el boicoteo de ciertas clases o la emigración masiva de profesores y estudiantes (dispersio o secesión,[4]

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