Stradivarius

El Español II (1687-1689), perteneciente a la colección de Stradivarius Palatinos del Palacio Real, Madrid, España.

Un Stradivarius es uno de los instrumentos de cuerda construidos por los miembros de la familia italiana Stradivari, particularmente por Antonio Stradivari.

Los instrumentos de Stradivarius son muy valorados por los intérpretes más importantes del mundo y por los coleccionistas de antigüedades. Las características sonoras e individuales de estas obras de arte son consideradas únicas, y a menudo los instrumentos se identifican por el nombre de alguien, generalmente un músico famoso que fue su propietario o que simplemente lo utilizó en algún momento para sus interpretaciones. Estudios modernos serios avalan que son los mejores conocidos en toda la historia de los violines.

Teorías sobre la calidad de su sonido

Ha habido muchos intentos de imitar la calidad del sonido de estos instrumentos; existen muchas teorías acerca de cómo fueron construidos. Muchos creían que el barniz usado por Stradivari se hacía con una fórmula secreta que se perdió al morir su creador, pero exámenes de rayos X y análisis de espectro en la superficie de los violines revelaron que todos fueron sometidos a cambios en su estructura (especialmente el mango, el cordal y las cuerdas), y a menudo lo único que queda del trabajo original es el cuerpo mismo, que fue rebarnizado periódicamente.

Antonio Stradivari, obra pictórica de Edgar Bundy, 1893: imagen idealizada por el Romanticismo de un héroe-artesano.

Otra teoría dice que el punto clave fue el tiempo de secado de las maderas de arce y abeto con que están construidos; esto también fue desmentido estudiando la fibra de la madera. Las líneas fueron comparadas con modelos de árboles que vivieron en esa época y se pudo determinar el tiempo de secado simplemente tomando la diferencia entre la fecha de construcción (que era dejada por Stradivari en una etiqueta en el interior del instrumento) y el cálculo de cuándo había sido cortado el árbol. Esto reveló que la madera se había secado durante no más de 25 años, y no 60 ó 70, como se creía.

Otra teoría señala que el período de frío extremo que sufrió Europa en los años en que Stradivari vivió, una pequeña edad de hielo, pudo ocasionar que los árboles que crecieron durante esa época desarrollaran una fibra más compacta y con una mejor calidad mecánica sonora. No obstante, existen instrumentos construidos en la misma época, con madera de los mismos árboles, que no lograron la magnificencia de un Stradivarius.

Cabe mencionar también la conocida teoría del árbol de Stradivari, según la cual el mismo Stradivari encontró un árbol dentro de un río de cuyo enorme tronco creó algunos de sus más renombrados instrumentos. Se dice que la propia madera adquirió la vibración del río, lo que le daría un sonido único e irrepetible. Claro está que esta explicación, sin ninguna base científica que la apoye, puede estar basada en un intento por dar un aspecto más poético a la historia de la fabricación de los instrumentos.

Hay otra teoría, la más romántica, que nos cuenta que los Stradivarius se hacían con madera de barcos hundidos.

Finalmente, la teoría que parece más acertada hasta el momento es una que fue resultado de los mismos análisis de espectro en la superficie y en parte de la viruta residual obtenida del interior de un Stradivarius con sistema endoscópico. Estas pruebas revelaron la presencia de partículas metálicas muy pegadas a la madera, lo que podría sugerir que el gran maestro hizo un fino tratamiento a las maderas que usaba con disoluciones de sales metálicas, lo cual habría conferido a sus instrumentos la fuerza y riqueza de sonido que tanto se aprecian.

En enero del 2009 se publicaron, en la revista Public Library of Science,[2] los resultados de una investigación realizada durante tres décadas con muestras muy pequeñas (capas muy delgadas) tomadas de un Stradivarius en reparación: uno de los autores del estudio, el doctor Joseph Nagyvary, especialista en bioquímica y profesor de química en la Universidad de Texas A&M, aseguró haber hallado pruebas de que en Italia, en el "período dorado" de la construcción de este tipo de instrumentos, entre 1700 y 1720, una plaga de insectos afectó los árboles de la zona y fue la clave del éxito de Stradivari. El fabricante de violines "utilizó bórax (un componente mineral actualmente usado para la fabricación de detergentes y cosméticos, y también como retardante de incendios, como insecticida y como agente fungicida) para preservar los instrumentos contra los insectos", sin saber que ello tendría también efectos sobre la sonoridad. Usado como insecticida y preservador de la madera desde la época de la antigua civilización egipcia, donde se usó también para momificar restos humanos, el bórax se utilizó como protección en la primera capa de la madera de los instrumentos.

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