Sonora Palacios

La Sonora Palacios
Datos generales
Origen Flag of Chile.svg  Chile
Información artística
Género(s) Cumbia chilena
Período de actividad 1962-actualidad
Web
Sitio web http://www.sonorapalacios.cl
Miembros
Marti Palacios 3.ª trompeta, arreglos musicales y fundador de la Sonora Palacios
Marty Palacios director musical 2.ª generación (timbales)
Nelson Palacios 2.ª generación (congas)
Marvyn Palacios 3.ª generación (piano y percusiones)
Eddy Palacios 3.ª generación (sonido y coordinador de piso)
Gerardo Segura (bajo)
Mario Suazo (guitarra)
Carlos Valdevenito (piano 2)
Cristián Infanta
(2.ª trompeta)
Wilson García
(3.ª trompeta)
Pablo Jara
(huira)
Franco Fuentes
(coro y animación)
Rodrigo Cárdenas
(coro y animación)
Camilo Sepúlveda
(voz y cantante actual)
María de los Ángeles (Tanti)
es la primera baterista que representa al sexo femenino en la cumbia chilena y de la Sonora Palacios
Mario Zúñiga
(mánager)
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La Sonora Palacios es una de las bandas tropicales más antiguas de Chile. Formada en 1962 en la comuna de Quinta Normal en la ciudad de Santiago,[2]

Historia

Finales de 1961 e inicios de 1962. Poco a poco, los ritmos coléricos comenzaban a florecer en el dial, de la mano del rock and roll y la fiebre mundialera, desplazando casi por completo de las radios a los espacios bailables, donde el chachachá, las guarachas y el mambo habían sido los protagonistas indiscutidos durante la década anterior. Disfrutando de aquellos ritmos, entre Talca y Santiago, crecía un entonces estudiante de violín del Conservatorio de la Universidad de Chile, quien por esos días comenzaba a concretar un largo anhelo: formar su propia orquesta inspirándose en su banda favorita, la Sonora Matancera.

“Al principio no era de mi agrado la música, porque cuando niño mi papá era muy estricto, y era una obligación estudiar música. El que iba en la mañana a la escuela, durante la tarde debía estudiar música, y así. Éramos 14 hermanos. Incluso, cuando mi papá salía a trabajar nos dejaba con la tarea de practicar, y llegando a la casa nos revisaba los dedos para ver si teníamos las cuerdas marcadas o nos habíamos puesto a jugar”, cuenta Marty Palacios Caro, fundador y director de la Sonora Palacios, su alegría de toda la vida.

Entró al conservatorio sabiendo que lo suyo era la música popular. Y clandestinamente, junto a compañeros, familiares y amigos, conformó un conjunto entre clase y clase, que incluía violines con cápsulas (para poder ser amplificados), piano y timbaletas. Los violines fueron alternando paulatinamente con las trompetas, hasta que estas últimas terminaron por ganar su espacio definitivo en el conjunto, el que rápidamente comenzó a cautivar al público en escenarios como la Taberna Capri, y locales de la calle San Diego. “Hacíamos boleros, y lo que tocaban las orquestas de ese tiempo. Pero la idea era hacer algo diferente y crear algo con lo que el público pudiera bailar, porque seguir haciendo mambo no tenía gracia”, afirma Palacios.

Es en esa búsqueda donde persigue una nueva sonoridad, sencilla, marcada y con un ritmo que la hiciera especial. Es ahí donde nace un nuevo estilo de cumbia, completamente diferente a su versión centroamericana. “La cumbia colombiana es pausada”.Entonces lo que hice fue armar temas con una introducción corta, que se sintiera el impulso, una letra con contenido, coro repetitivo, volver a la letra y coro. Todo esto sincopado con una bonita melodía. Nuestros temas duran dos o tres minutos máximo, en cambio la cumbia colombiana puede durar fácilmente cinco o seis minutos”, señala Palacios.

Fruto de esa fórmula, comienzan a nacer las primeras cumbias de la Sonora, las que inmediatamente llaman la atención del público asistente a sus presentaciones, quienes llenaban la pista al sentir sus primeros acordes. “La gente pedía que repitiéramos las cumbias. Eran temas sencillos donde el cantante dice algo, y las trompetas contestan, mientras el piano va armonizando, haciendo un tumbao, como le llamamos nosotros, y junto al bajo, que hace un acompañamiento sencillo. Todo muy acorde al chileno, porque no somos bailarines netos. Por eso entramos inmediatamente y gustó”, recuerda Marty Palacios, patriarca de tres generaciones de una familia de músicos ligados a la Sonora. Hoy comparte escenario junto a dos de sus hijos y un nieto.

El primer LP

En 1963 la Sonora Palacios ganaba rápidamente popularidad en los grandes bailables que aún brillaban en Santiago, reconocimiento que le valió realizar algunas presentaciones junto a sus “violines maravillosos” en Argentina, sin tener aún una producción discográfica en las manos. En este recorrido la Sonora conocería los dos primeros temas que inmortalizaría en estudio: El Caminante, una canción campestre argentina, y La Mafafa, tema colombiano que fue presentado por la cantante Amparito Jiménez.

“La gente nos pedía una grabación, y sabíamos que gustábamos bastante, pero golpeamos varias puertas y la respuesta de las disqueras era la misma, que lo tropical ya había pasado de moda y que era el tiempo del rock and roll”, cuenta Palacios. Hasta que un día, Saúl San Martín, pianista del Hotel Carrera, y asiduo entre el público de la Sonora, asume la dirección artística de un nuevo sello, y se la juega. La respuesta de sus jefes frente a la cumbia fue la misma, pero gracias a su insistencia, acceden a grabar un disco 45’ que incluía dos canciones: “La Mafafa” y “El Caminante”. En una semana, el disco se convirtió en todo un éxito, y el sello le pidió a San Martín que grabaran un Long Play.

“Teníamos tanto fiato que el día de la grabación demoramos sólo un par de horas, y aprovechamos de dejar listo un LP con el tiempo restante”, cuenta Palacios. De ahí en adelante una historia de éxitos y alegrías junto a los chilenos.., convirtiendo a la Sonora Palacios, en un referente indiscutido para todas las agrupaciones tropicales posteriores.

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