Solán de Cabras

Antigua casa hospedería

Solán de Cabras es un antiguo balneario, situado en el municipio de Beteta ( Cuenca) España.

Historia

El manantial, en el Valle de solan, es conocido desde tiempo de los romanos. Existen testimonios escritos que recuerdan la curación de la artritis de Julio Graco, en el año 182 a.C.

Según la tradición, las propiedades curativas de estas aguas las descubrió un pastor que observó como las cabras enfermas sanaban después de bañarse en éllas. En 1746, D. Pedro Gómez de Bedoya (1699-1776), aporta datos que indican que este lugar se convirtió en centro de peregrinación para la sanación de multitud de enfermedades. Bedoya fue el primer médico y escritor que, en el siglo XVIII, publica una relación ordenada alfabéticamente de los términos municipales en que se encontraban las aguas medicinales, minerales y termales conocidas en España.[1]

El primero que divulgó sus beneficios terapéuticos fue el Dr. Forner, en el año 1787. Las descripciones de sus efectos sobre el organismo están recogidas en su libro "Noticias de las Aguas del Manantial de Solán de Cabras en la Serranía de Cuenca". Decía el galeno: "apenas se hallará fuente de quien se cuenten tantos y tan justificados prodigios médicos; comprobados con tan segura auténticidad, que es imposible negarles el asenso". Pero los más fervientes propagadores de los efectos salutíferos de estas aguas fueron los propios enfermos que acudían como peregrinos al manantial del Valle de Solán: "cuando los Médicos dan por incurables a los enfermos, y los abandonan a lo que quiera hacer de ellos la suerte, las aguas de Solán de Cabras eran el asilo último, y producían efectos, que ni aun los facultativos se atrevían a esperar". El Dr. Forner recoge los testimonios de los médicos de la época cuando dice: "que las hallaron oportunísimas para las atonías, perlesias, obstrucciones, cancros, escróbulas, hernias carnosas y varicosas, ceáticas, supresiones de orina, menstruas y hermorroydales, piedras y arenas en los riñones, fluxiones de los ojos, alferecias, convulsiones, vahidos y todo accidente de cabeza".[2]

D. Pedro López de Lerena y de Cuenca (1734-1792), Ministro de la Real Hacienda, conde de Lerena, quien había tenido oportunidad de evaluar la calidad y eficacia de estas aguas, contribuyó a que, en 1755, el Rey Carlos III ordenara construir los baños y la casa hospedería que, todavía hoy, son parte de las instalaciones del Balneario de Solán. El arquitecto Antonio López Aguado (1764-1831), intervino en las instalaciones de los llamados Baños de la Reina. No mucho tiempo después, el agua de Solán de Cabras sería declarada de utilidad pública por el rey Carlos IV, en Real Decreto de 10 de abril de 1790, y el Balneario declarado Real Sitio.

Hacia 1826 llegaron noticias al palacio real de la bondad de las aguas del balneario de Solán, que eran casi milagrosa para la fertilidad femenina. Entre otras personas beneficiadas, la nuera del conde de Torremúzquiz, destacado cortesano, daba testimonio de ello. El prestigio de las aguas era grande. Se pensaba que la falta de generación real se debía a la esterilidad de la reina, y se decidió llevarla al ese manantial. El rey Fernando VII (1784-1833) y su tercera esposa, María Josefa Amalia de Sajonia (1803-1829), viajaron en el verano de 1826 (6 de julio a 12 de agosto) a Solán de Cabras para remediar la esterilidad de la Reina y de paso solucionar el problema de la sucesión dinástica.[3] El viaje entre Guadalajara y Beteta, 145 km, es aún hoy, dificultosos. No es fácil superar los 70 km/h de media. Mucho más dificultoso era en 1826, por caminos de tierra poco utilizados, lleno de piedras y polvo, con un traqueteo incesante, bajo el sol veraniego y elevadas temperaturas. Se cuenta la anécdota, que algunos aplican al trayecto de los Baños de Sacedón, que en cierto momento del viaje el rey, dijo: -Me parece que de este viaje vamos a salir todos preñados. ¡Todos… menos la reina!. De los paseos que daba Maria Amalia por las sendas de aquellos riscos queda el llamado Mirador de la Reina. El pintor de la corte, Fernando Brambila, realizó cuadros del sitio por encargo del rey (19 al 30 de agosto). La reina murió tres años después sin que las aguas de Solán de Cabras hubiesen dado el resultado esperado.

En la cultura popular, se alude a las aguas de Solán en el capítulo XXXVI de la novela corta El Sombrero de Tres Picos, de Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891). Frasquita, la protagonista, habla de "tomar los baños en Solán de Cabras".

Actualmente el sitio es propiedad de Balneario y Aguas de Solán de Cabras, que pertenece al Grupo Mahou-San Miguel.[5]

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