Sociedad abierta

Sociedad abierta es un término introducido por el filósofo Henri Bergson. Según él, esas sociedades tienen Gobiernos que son tolerantes y responden a los deseos e inquietudes de la ciudadanía con sistemas políticos transparentes y flexibles. Los órganos del Estado no mantienen secretos entre sí o del público. Ni el Gobierno ni la sociedad son autoritarios y el conocimiento común o social pertenece a todos. La libertad y los derechos humanos son el fundamento de la sociedad abierta.

Posteriormente, Karl Popper retomó el término en su ensayo La sociedad abierta y sus enemigos, elaborándolo en conjunción con una proposición de Bertrand Russell[2]

En la visión de Popper, las sociedades tribales y colectivistas no distinguen entre las leyes naturales y las costumbres y, en consecuencia, no es probable que los individuos desafien o cuestionen leyes o costumbres que ellos consideran tienen una base sagrada o natural. Así, los comienzos de una sociedad abierta se enmarcan en la observación de una distinción entre las leyes naturales y las hechas por el hombre y el consecuente incremento de la responsabilidad personal y la necesidad de responder moralmente por las decisiones (nótese que Popper no ve esa situación incompatible con las creencias religiosas (Op cit. capítulo 5, parte III). Popper añade que tanto el individualismo como la crítica social y el humanitarismo (la doctrina de que el deber de los individuos es promover el bienestar humano) no pueden ser suprimidos una vez que la gente se hace consciente de ellos, y que, por lo tanto, es imposible volver a o imponer una "sociedad cerrada".

Explicación del concepto

A pesar que para algunos el concepto de Popper es epistemológico más que político,[4]

Desde este punto de vista, se puede sugerir que la característica central de una sociedad abierta es la manera "transparente" y racional con la que el conocimiento común se obtiene, se elabora y se transmite. Y las características que un acceso general y libre a ese conocimiento demandan o imponen a una sociedad a fin de perpetuar ese proceso.

De acuerdo con Popper, la característica central del conocimiento humano es que ese es provisional y falible, implicando que la sociedad debe estar abierta a puntos de vistas alternativos. Consecuentemente, una sociedad abierta está asociada con el pluralismo religioso y cultural. Por el contrario, el totalitarianismo obliga al conocimiento a ser político, lo que hace imposible una actitud critica y lleva a la destrucción del mecanismo mencionado.

Adicionalmente, una sociedad abierta está siempre dispuesta a mejoras o reformas, debido a que el conocimiento nunca llega a ser completo o final, sino que por el contrario, esta en constante desarrollo. Proclamaciones a tener conocimiento cierto y absoluto llevan a tentativas de imponer una versión de la verdad por sobre otras. Tales sociedades se cierran a la libertad del pensamiento. En contraste, en una sociedad abierta cada ciudadano necesita involucrarse en la práctica del criticismo, lo que demanda libertad del pensamiento y expresión, junto a un aparato legal y cultural que facilite ese ejercicio.[5]

Las democracias son ejemplos de sociedades abiertas. Dictaduras, teocracias y monarquías autocráticas son ejemplos de sociedades cerradas.

Other Languages