Socialismo democrático

El socialismo democrático, o democracia socialista, es una variante del marxismo que rechaza los métodos autoritarios de transición del capitalismo al socialismo en favor de los movimientos de base con el objetivo de la creación inmediata de descentralización y democracia económica. El término es de uso frecuente por los socialistas para clarificar que su posición es tanto el socialismo como la democracia. Los socialistas democráticos están a favor ya sea de transición electoral al socialismo o la revolución espontánea de las masas desde abajo para distinguirse de los socialistas autoritarios que requieren un estado de partido único, la posición del marxismo-leninismo.

Definición

Se puede argumentar que, como concepto u objetivo político, se remonta a Babeuf -considerado uno de los fundadores del socialismo- quien criticó a sus oponentes: "No parecéis reunir alrededor vuestro más que republicanos, título común y muy equívoco: así, no predicáis más que una república cualquiera. Nosotros reunimos todos los demócratas y los plebeyos, denominación que, sin duda, adquiere un sentido más negativo: nuestros dogmas son la democracia pura, la igualdad sin mancha y sin reserva." (Manifiesto de los Plebeyos). Babeuf fue un ardiente defensor de la Constitución del Año I la cual estaba basada sobre la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 pero les agregaba algunos derechos extra (tales como derecho a asociación, trabajo, educación, asistencia social, etc) y establecía constitucionalmente el principio de la soberanía como emanando de la voluntad popular.

Entre las posiciones reformistas políticas más conocidas se encuentran las de Eduard Bernstein (ver Revisionismo) Bernstein postula -citando a Engels: "El socialismo se logrará a través de una lucha prolongada, tenaz, avanzando lentamente de posición a posición"[2] Al mismo tiempo, un partido proletario no puede estar ajeno a la lucha por derechos y beneficios tanto de la sociedad en general como sindicales en particular, lo que necesita la inmersión de cualquier partido no ya socialista sino progresista en la vida política parlamentaria.

Es importante mantener presente que las reformas que Bernstein está postulando no se refieren solo un sistema de beneficios, sean sindicales o sociales, sino que al sistema político mismo -especialmente el de su tiempo- Para el, la democracia es un concepto no solo mejorable sino un objetivo político al que se debe llegar -por ejemplo, a través de la lucha por el derecho de los sindicatos a participar no solo en la administración de empresas sino también en la dirección política de un país- así, define democracia, negativamente, como : “la ausencia del gobierno de clases (...) el principio de la supresión del gobierno de las clases aunque no todavía la actual supresión de las clases”.[3]

Otra posición dentro de esta visión general, pero esta vez desde un punto de vista economicista, es la de Joseph Schumpeter, quien - a pesar de no ser socialista en ningún sentido de la palabra- argumenta -en su Capitalismo, Socialismo y Democracia” (1941)- que las “democracias liberales” están evolucionando desde un capitalismo liberal hacia una democracia socialista, a través del desarrollo de instituciones de autogestión de los trabajadores, democracia industrial e instituciones regulatorias de la actividad económica, hoy en día esta idea seria considerado más bien como socialdemocracia.

A diferencia de la posición de Bernstein, Schumpeter no percibe como necesaria para esa evolución la acción política de un partido “proletario”. Desde su punto de vista, el origen del avance hacia el socialismo es el desarrollo económico-industrial. Según Schumpeter, el fin del capitalismo no se deberá —como predijo Marx— a sus contradicciones internas. Son sus éxitos los que lo condenan. Para este autor, el sistema capitalista no está amenazado por su economía sino por características sociológicas . El dinamismo del capitalismo es un proceso de " destrucción creativa": los elementos anticuados son constantemente destruidos y reemplazados."[4]

Posteriormente, y continuando con esas ideas, Anthony Crosland sugiere que “una forma más benevolente de capitalismo” ha surgido a partir de la II Guerra Mundial. De acuerdo con él, en consecuencia, es posible obtener más igualdad social sin necesidad de transformaciones económicas fundamentales, a través de la Inversión del “dividendo del crecimiento económico” - que se deriva del manejo y administración eficiente de la economía, gracias, en parte, a la intervención estatal (ver Economía mixta)- en servicios públicos “pro pobres” en lugar de tener que recurrir a medidas de redistribución fiscales (es decir, en lugar de tener que aumentar impuestos). Pero en la visión de Crosland el “partido de los trabajadores” retoma su importancia, no tanto para liderar un avance al socialismo en una lucha tenaz de opuestos como para avanzar en esa dirección a través del encuentro de consensos políticos.

Una posición similar, pero más compleja, es avanzado por Nicos Poulantzas. Para él, el estado funciona no sólo simplemente como un instrumento de opresión de clases, sino como un sistema de concreción de alianzas tanto entre como en sectores dentro de ellas. Lo anterior significa que en un sistema capitalista maduro -como la mayoría de los países industrializados modernos- el sistema se fragmenta , en la medida que los trabajadores forman alianzas con sectores burgueses a fin de lograr objetivos puntuales pero significantes y, potencialmente, incrementales-[5]

Entre las posiciones que se diferencian profundamente de las anteriores encontramos el “socialismo desde abajo”, propuesto por Hal Draper, que se contrasta, en la visión de ese autor, tanto al Estalinismo como a la socialdemocracia, que serían variaciones del “socialismo desde arriba”.[6]

Otra corriente cercana a la anterior es el “ socialismo libertario” reprensentado, entre otros, por Peter Hain, (actual Secretario de Estado de Trabajo y Pensiones; y Secretario de Estado para Gales en el Reino Unido) quien entiende por socialismo una política opuesta al autoritarismo.[7]

Visiones similares se encuentran entre los seguidores del marxismo libertario y del socialismo autogestionario, etc. Para este tipo de visiones lo que constituye el centro del socialismo es la participación activa de la población en general y los trabajadores en particular en el manejo de la economía. Desde este punto de vista, tanto las nacionalizaciones como la planificación estatal son características del Socialismo de Estado.

Conviene notar que para estos autores en general la diferencia entre el socialismo “desde abajo” y los “autoritarios” es de mayor importancia que la entre “reformistas” y “revolucionarios”.

Hay otras definiciones que se pueden ver como intermedias o fuera del esquema generado por los conjuntos ideológicos esbozados más arriba.

Por ejemplo, algunos pensadores -tales como David Schweickart y otros proponentes de la democracia económica- proponen visiones del “ socialismo de mercado” que son congruentes con concepciones libertarias, mientras otros -por ejemplo Oskar Lange- toman una posición más “técnica’ acerca de como se deben implementar tales mecanismos de mercado. Esto ha llevado a algunos “libertarios” a criticar duramente algunas implementaciones (por ejemplo, el socialismo autogestionario) de estas ideas.[8]

Bogdan Denitch concibe el socialismo democrático como una tradición autónoma, pero cercana a la socialdemocracia, que busca una reorganización radical de la sociedad a través de la propiedad pública, el control obrero del proceso de producción y políticas redistributivas.

Mijaíl Gorbachov describió la perestroika como la construcción de un “socialismo nuevo, humano y democrático”. Posteriormente. algunos partidos comunistas se han relanzado como “partidos socialistas democráticos”.

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