Snow White and the Seven Dwarfs

Snow White and the Seven Dwarfs (conocida como Blancanieves y los siete enanitos en España y Blanca Nieves y los siete enanos en Hispanoamérica), es el primer largometraje de animación producido por Walt Disney y el primero incluido en el canon de Clásicos Disney.[1] Se estrenó 21 de diciembre de 1937 en el Carthay Circle Theater de Hollywood. La película es una adaptación del cuento de hadas homónimo que los hermanos Grimm publicaron en 1812, una historia profundamente arraigada en las tradiciones europeas.

Contrariamente a lo que a menudo se afirma, no es el primer largometraje de animación de la historia del cine, que se le atribuye al argentino Quirino Cristiani por su película El apóstol (1917). De todas maneras, Snow White and the Seven Dwarfs eclipsa a sus predecesores debido al impacto que suscitó en el público tanto de Estados Unidos como internacional. Considerado por muchos como una obra maestra, la película marca una nueva etapa en el terreno de la animación por las innovaciones técnicas y artísticas desarrolladas para esta película.

Forma parte de la lista AFI's 10 Top 10, liderando la categoría de animación.

Argumento

Había una vez una pequeña princesa con piel blanca cual nieve que reposa, los labios rojos iguales que la sangre y el cabello negro como alas de cuervo. Su nombre era Blancanieves. Blancanieves era huérfana de madre y de padre y vivía con su cruel y perversa madrastra, La Reina Grimhilde, que la vestía con harapos para ocultar su belleza y la obligaba a trabajar como sirvienta del castillo.

A medida que crecía la princesa, su belleza aumentaba hasta el punto que su madrastra, la reina, se puso muy celosa. Llegó un día en que la malvada madrastra no pudo tolerar más su presencia y ordenó a un cazador que la llevara al bosque, la matara y que trajera su corazón como prueba de que lo había hecho. Como ella era tan joven y bella, el cazador se apiadó de la niña y le aconsejó que buscara un escondite en el bosque.

Blancanieves corrió tan lejos como se lo permitieron sus piernas, tropezando con rocas y troncos de árboles que la lastimaban. Por fin, cuando ya caía la noche, encontró una hermosa casita en un claro del bosque y entró para descansar. Todo en aquella casa era pequeño, aunque muy sucio. Blancanieves, con ayuda de los animales del bosque, logran limpiar y embellecer el hogar. Luego, al encontrar una escalera decide subir y ver que había. Allí encontró una habitación con siete camitas. La princesa, cansada, se echó sobre tres de las camitas y se quedó profundamente dormida.

Cuando llegó la noche, los dueños de la casita regresaron. Eran siete enanos que todos los días salían para trabajar en las minas de diamantes, muy lejos, en el corazón de las montañas.

-¡Caramba, qué bella niña! -exclamaron sorprendidos al ver a Blancanieves-. ¿Y cómo llegó hasta aquí?

Se acercaron para admirarla con cuidado de no despertarla, aunque sus esfuerzos fueron en vano. Blancanieves despertó, y al ver a los enanos, los llamó para conocerlos. Al entrar en confianza, ella cuenta su historia.

Blancanieves pide asilo para protegerse de la malvada reina, y, a cambio, ella se ocuparía de cocinar y de mantener el hogar limpio. Vivía muy alegre con los enanos, preparándoles la comida y cuidando de la casita. Todas las mañanas se paraba en la puerta y los despedía con un beso en la frente, cuando los enanos salían para su trabajo.

Pero ellos le advirtieron:

-Cuídate. Tu malvada madrastra, la Reina Grimhilde, puede saber que vives aquí y tratará de hacerte daño.

La Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves, que, en realidad, era una diabólica y poderosa hechicera que consultaba a su espejo mágico para ver si existía alguien más bella que ella, descubrió que Blancanieves aún seguía siendo más hermosa que ella, y que seguía viva y que ahora vivía refugiada y escondida de la malvada madrastra de Blancanieves en casa de los siete enanos. La Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves se puso furiosa y decidió matar a Blancanieves ella misma. Disfrazada y transformada con una poción mágica hecha con sus libros de encantaminetos y hechizos de su magia negra que poseía guardados y ocultados en el laboratorio oculto y secreto de todo el mundo que tenía guardado en el sótano del castillo en el aspecto de una fea, horrible, anciana y vieja bruja pordiosera, la Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves preparó una hermosa manzana roja con un fuerte veneno con un poderoso hechizo de un sueño profundo como la muerte, cruzó las montañas y llegó a la cabaña de los siete enanitos.

Los animales del bosque vieron a la Reina Grimhilde, convertida en una fea, vieja, anciana y horrible bruja pordiosera, e intentaron persuadirla sin éxito alguno, ya que Blancanieves se los impedía. Al ver que no podrían salvarla, comenzaron a correr en dirección hacia la mina de los enanitos, para advertir a estos últimos de lo que estaba pasando en su casita, ya que sabían que Blancanieves podría estar en peligro.

Blancanieves recibe la manzana con el fin de probarla para cumplir sus deseos puesto que fue engañada por la Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves, convertida en una fea, vieja, anciana y horrible bruja pordiosera. Esta última le hizo creer que si la mordía sus deseos se harían realidad.

Al darse cuenta de que Blancanieves cayó, la Reina Grimhilde, convertida en una fea, vieja, anciana y horrible bruja pordiosera, gritó, riéndose maliciosamente que ahora era las más bella. Sin embargo nada más salir de la casa se desató una tormenta, además de que los enanitos, advertidos por los animales del bosque de la presencia de la Reina Grimhilde, convertida en una fea, vieja, anciana y horrible bruja pordiosera, venían raudamente y comenzaron a perseguirla; ésta comenzó a correr entre tropezones hasta trepar un cerro, tras ella los enanitos la seguían.

Al llegar a la parte alta del cerro, La Reina Malvada, convertida en una fea, vieja, anciana y horrible bruja pordiosera, en un último intento por deshacerse de los enanitos, cogió una rama y con ella trató de mover una roca para que ruede en dirección hacia los enanitos, pero cuando ya estaba a punto de lograrlo, un relámpago origina un derrumbe de rocas haciendo que la reina caiga al vacío y la roca también pero en dirección hacia ella. Los enanitos al llegar a la parte alta observan atónitos la escena y dos buitres que también vieron vuelan en dirección hacia abajo.

De vuelta a la casita, los siete enanitos encontraron a Blancanieves en el suelo. No respiraba ni se movía. Los enanos lloraron amargamente porque la querían mucho. Por tres días velaron su cuerpo, que seguía conservando su belleza: piel blanca como la nieve, labios rojos como la sangre, y cabellos negros como alas de cuervo.

-No podemos poner su cuerpo bajo tierra -dijeron los enanos. Hicieron un ataúd de cristal, y tras colocarla allí, la llevaron a un jardín, rodeada de flores y luz. Ningún día los enanos se olvidaron de ir a verla. Un día los enanitos fueron a darle su última despedida y vieron a un hombre, quien vio a Blancanieves tan hermosa que se le acercó y les dijo a los enanitos si podía darle un beso, pero estos le dijeron que no podía tocarla porque una malvada bruja la había hechizado y que solo un príncipe podría deshacer el hechizo; entonces el príncipe dijo que si él podía ayudar, pero le dijeron que no había nada que pudiera hacer.

Entonces el príncipe les confiesa ser uno, y sin esperar ni un segundo más, se acercó al cajón de Blancanieves, le quitó la cubierta y besó a Blancanieves, despertándola.

Los enanitos festejaron el regreso de Blancanieves y el príncipe le pidió matrimonio. Blancanieves aceptó y se fue a vivir al palacio del príncipe y vivieron felices para siempre.

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