Sindicato Vertical

Organización Sindical Española
Yoke and Arrows.svg
Fundación 26 de enero de 1940
Disolución 6 de diciembre de 1977
Ideología política Nacionalsindicalismo,
fascismo,
corporativismo,
tradicionalismo
Sede central Madrid, Bandera de España España
[ editar datos en Wikidata]

La Organización Sindical Española (OSE),[1] conocida comúnmente como Sindicato Vertical o simplemente como Organización Sindical, fue la única central sindical que existió en España entre 1940 y 1977, durante el período de la dictadura franquista. Durante casi cuarenta años se convirtió en el único sindicato legal que estuvo autorizado.

Todos los trabajadores y empresarios, que pasaron a ser conocidos como «productores» en la terminología franquista, estaban obligados por ley a estar afiliados al Sindicato Vertical.[1] La Organización Sindical fue establecida tras el final de la Guerra Civil, al tiempo que otras organizaciones sindicales anteriores como la anarquista CNT y la socialista UGT fueron proscritas y pasaron a la clandestinidad. Por el contrario, esto no fue un impedimento para que organizaciones clandestinas como las Comisiones Obreras se infiltraran en su seno y lideraran la lucha obrera antifranquista.

Tras la muerte de Franco y el comienzo de la "Transición", el gobierno de Adolfo Suárez decidió la disolución del Sindicato Vertical, que para entonces se hallaba muy afectado por la infiltración de las Comisiones Obreras. No obstante, la antigua estructura sindical se mantuvo y fue reconvertida en la Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales (AISS), organismo que se hizo cargo del inmenso fondo documental y patrimonio inmobiliario que poseían los Sindicatos verticales.

Historia

Orígenes y creación

Placa del Sindicato Vertical en Santiago de Compostela.

Tras el comienzo de la Guerra civil en julio de 1936, desde el comienzo las autoridades de la zona sublevada decretaron la ilegalización de las principales organizaciones sindicales de clase, como fue el caso de la anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la socialista Unión General de Trabajadores (UGT). En 1938 las autoridades franquistas promulgaron el llamado Fuero del Trabajo, una norma legislativa que, a imitación del modelo fascista italiano y su Carta di Lavoro, sentaba las bases para la intervención estatal en el mundo laboral. Fue a partir de esta legislación donde se sentaron las bases para la creación de una nueva Organización sindical basada en el modelo corporativista de un Sindicato vertical que agrupara a trabajadores y empresarios en una misma organización. La ley del 30 de enero de 1938 creaba además el Ministerio de Organización y Acción Sindical, que a partir de entonces se convirtió en el organismo estatal encargado de las cuestiones laborales y sindicales.[2]

Un antecedente de la Organización Sindical fue la Central Obrera Nacional-Sindicalista (CONS) fundada en 1935 por Falange Española de las JONS, aunque durante buena parte de su existentencia la CONS tuvo una influencia muy limitada. Después de 1938, la OSE fue el resultado de la fusión de las organizaciones obreras cercanas a la Falange y las organizaciones patronales, con el fin de organizar a trabajadores, técnicos y a patrones dentro de una sola estructura vertical, ideal similar al fascista para alcanzar las relaciones laborales propias de un estado corporativo, frente al ideal nacionalsindicalista de la Falange que en teoría parecía quererse seguir (y que nunca se aplicó). En ella, todos los trabajadores, llamados "productores", y sus patronos tenían el derecho de elegir sus representantes mediante elecciones. Aunque el Sindicato vertical comenzó a tener una cierta actividad a partir de 1940, como resultado de las legislaciones aprobadas ese mismo año por la dictadura, paradójicamente no celebró su primer congreso hasta marzo de 1961.

Primeros años

Carnet de la CNS (1939).

En el contexto de la primera etapa de la dictadura franquista (1939-1959), el 26 de enero de 1940 se promulgó la llamada Ley de Unidad Sindical que establecía que empresarios y trabajadores se integrarían en una única organización sindical bajo el mando de FET y de las JONS. En el preámbulo de la ley se decía: «Tres son los principios que inspiran la organización nacionalsindicalista prevista en el Fuero del Trabajo, reflejo fiel de la organización política del nuevo Estado, a saber: unidad, totalidad y jerarquía».[4]

Uno de los posibles ámbitos de actuación sindical, la conflictividad laboral, quedó cercenado ya que el Fuero del Trabajo atribuía directamente al Estado las competencias en este ámbito, para lo cual fueron creados Magistraturas de Trabajo que debían resolver en caso de que fracasara la conciliación sindical.[2]

Gerardo Salvador Merino fue uno de los primeros jerarcas de la Organización Sindical, en un momento en que los sindicatos se encontraban en fase de formación. Salvador Merino era partidario de una autonomía para los Sindicatos con respecto a la Secretaría general del "Movimiento" y el aparato franquista, y esperaba poder crear un sindicalismo que constituyera como una parte fundamental del régimen.[6]

Manuel Valdés Larrañaga, un camisa vieja fiel a Franco, se convirtió en el nuevo hombre fuerte de los sindicatos. Valdés llevó a cabo una reorgnanización de la estructura interna de los sindicatos, a la vez que los impregnaba de un carácter más conservador y religioso.[9]

Durante la dictadura, debido al sistema corporativista, los Sindicatos mandaban a varios consejeros a las Cortes Españolas en representación de la Organización sindical, aunque posteriormente también mandarían representantes («procuradores») al Consejo Nacional del Movimiento y al Consejo del Reino.[10] Desde los inicios se estableció un sistema de elecciones para enlaces sindicales, pero los candidatos debían estar afiliados a FET y de las JONS y estaban sometidos a un estricto control por parte de las autoridades. Por otro lado, todo el proceso electoral era controlado férreamente desde las jefaturas sindicales. En esta época la mujer estaba totalmente excluida del mundo laboral y tampoco existía un sistema de subsidio por desempleo.

Aperturismo e infiltración de la oposición

Placa en Estepona que señala las viviendas construidas por el Sindicato Vertical en 1964.

La llegada de la década de 1960 supuso el inicio de una cierta apertura en el ámbito interno de la OSE. Desde 1944 se celebraban elecciones sindicales para elegir a los representantes y delegados sindicales, y desde 1954 dejó de ser necesario el poseer un cárnet de FET y de las JONS para poder participar en las elecciones sindicales.[13]

En aquel momento, a comienzos de los años 1960, el entonces clandestino Partido Comunista de España (PCE) decidió implementar una política de infiltración en los sindicatos verticales, en teoría, para alcanzar los aumentos prácticos para las condiciones de los trabajadores. En realidad se trataba de aprovechar las estructuras del régimen para propiciar su caída desde dentro. De ahí surgieron las denomindadas Comisiones Obreras (CCOO), con figuras destacadas como Marcelino Camacho. Por el contrario, otros sindicatos clandestinos como UGT o CNT se opusieron a esta política de infiltración, aunque en el caso de otras organizaciones como la Unión Sindical Obrera (USO), de inspiración cristiana, sí apoyaron y participaron en esta política de infiltración.

Estas medidas aperturistas no lograron que la OIT diera su visto bueno, y para colmo acabaron encontrándose con la frontal oposición de los funcionarios tecnócratas de la administración franquista. A pesar de que la burocracia falangista vio en la apertura una posibilidad de ampliar sus bases entre los obreros, el experimento fue un fracaso y para 1967-1968 se pudo dar por terminado.[12]

Durante los últimos años de la dictadura franquista la Organización sindical perdió buena parte de su anterior fuerza, mientras que los sindicatos ilegales (especialmente CCOO y USO) se hicieron cada vez más fuertes. De hecho, una vez fallecido el Franco y hasta la supresión de la OSE, la mayoría de los empresarios preferían acordar convenios y pactos de empresa con la representación de la organizaciones sindicales clandestinas que con los representantes de la OSE.

Transición y desaparición

Tras la muerte de Franco, durante los primeros meses de 1976 las fuerzas sindicales de la oposición emprendieron una importante campaña de movilizaciones y huelgas que llegaron a sumar un total 17.731 huelgas.[15] El extraordinario aumento en la conflictividad laboral se debía especialmente a la Crisis del petróleo de 1973, cuyos efectos se dejarían sentir durante los siguientes años en la economía y sociedad españolas. También existía una fuerte presión de los trabajadores que demandaban abiertamente una representación sindical libre y democrática. Con las organizaciones sindicales ilegales convertidas en el principal actor de la lucha obrera, la existencia de los Sindicatos Verticales quedó aún más en entredicho.

La reforma política emprendida por el presidente del gobierno Adolfo Suárez incluía la aprobación de la libertad de asociación sindical: esto en la práctica suponía la muerte de los Sindicatos franquistas. Paradójicamente, Adolfo Suárez había sido Ministro-Secretario general del Movimiento hasta su nuevo nombramiento. El 8 de octubre de 1976 el gobierno Suárez aprobó la creación de la Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales (AISS), un organismo autónomo dependiente de la presidencia del gobierno en el cual se integró la estructura sindical.[19] La Ley de Cesión de Bienes del Patrimonio Sindical Acumulado, pretende resolver dos problemas: la titularidad de los bienes y derechos procedentes de la antigua Organización Sindical y de las demás Entidades Sindicales anteriores al nuevo sistema constitucional y la incautación de los bienes de las Organizaciones Sindicales como consecuencia de la guerra civil española.

Un antiguo jerarca de los Sindicatos Verticales, Juan García Carrés, destacaría posteriormente por su partición en el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Other Languages