Simón IV de Montfort

Busto de Simón IV de Montfort
Escudo de armas de los señores de Montfort l'Amaury.

Simón IV de Monfort. (?, c. 1160/ 1165- Tolosa, 25 de junio de 1218). Señor de Montfort-l’Amaury, quinto conde de Leicester, conde de Tolosa, vizconde de Béziers y del vizcondado de Carcasona, fue el principal protagonista de la Cruzada albigense.

Simón IV de Monfort pertenecía a la Casa de Monfort-l'Amaury, una familia con el rango de barones de la Isla de Francia por parte de su padre Simón de Montfort y, por parte de su madre, Amicie de Beaumont, señora de Leicester, descendía de la baronía anglonormanda. Amicie de Beaumont era la heredera de la mitad del condado de Leicester y tenía derecho al título de senescal de Inglaterra. Su bisabuelo, Amaury III de Montfort fue conde de Évreux y senescal de Francia. Su abuelo, Simón III de Montfort, fue conde de Évreux y gruyer real del bosque de Yvelines. Su padre Simón era el segundo hijo de Simón III.

La figura de Simón de Montfort

Los cronistas de la época e historiadores modernos nos presentan a Simón de Montfort como bien dotado para la estrategia militar,[2] y, sobre todo, hombre despiadado y sanguinario.

Su crueldad, aplicada tanto en el trato a los prisioneros como en el campo de batalla, se hace patente en las terribles mutilaciones, en el descuartizamiento en vivo, en el despedazamiento de cuerpos [...] La presencia documentada del dirigente de la Cruzada en cada uno de los "espectáculos" horripilantes que se organizaban es un dato más a añadir.[2]

Uno de los episodios más crueles de la cruzada se dio en la ciudad de Bram, en la primavera de 1210, donde, tras rendirla, Montfort mando dejar ciegos y mancos a más de cien de sus habitantes, a los que mandó cortar también orejas, nariz y labios, menos a uno, al que dejó un ojo, para que pudiera guiar a los demás hasta Cabaret, que pensaba asediar. Todo ello con la intención de desmoralizar a sus habitantes.[3]

Este suceso no deja de ser un acto más en la cruenta cruzada que se está desarrollando. Previamente, a finales del 1209, Giraudo de Pépieux, un señor de Minervois, se subleva apoderándose del castillo de Puisserguier y de su guarnición francesa. A dos de los caballeros franceses apresados los envía desnudos a Carcasona, el cuartel general de Simón, tras vaciarles los ojos y cortarles la nariz, las orejas y el labio superior. Giraudo quería vengar la muerte de su tío a manos de un caballero francés, a quien Simón de Montfort había ordenado enterrar vivo en pago de su crimen. Con el suceso de Bram, Simón deja presente que no olvidaba las mutilaciones de Giraudo de Pépieux.[4]

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