Silio Itálico

Silio Itálico.
Joseph Wright: La tumba de Virgilio, con la figura de Silio Itálico.

Tiberio Cacio Asconio Silio Itálico (en latín, Tiberius Catius Asconius Silius Italicus;[1] 25/ 26- Campania, 101) fue un político y poeta épico latino, cónsul en el año 68 y autor de Punica, un larguísimo poema épico sobre la segunda guerra púnica.

Vida

Su lugar de nacimiento es desconocido, aunque hay quien lo sitúa en Padua. A partir de su cognomen Italicus, muchos eruditos desde el Renacimiento le creyeron originario de Itálica en España (así Rodrigo Caro en su famosa oda), sin embargo el gentilicio correcto de esta ciudad es italicensis, y también es improbable que Marcial no lo incluyera en su lista de celebridades hispanas de la primera mitad del siglo I. Hay quien sospecha que algún antecesor de Silio adoptara el sobrenombre de Italicus como miembro de la corporación de los Italici, que son nombrados a menudo en Sicilia y en otros lugares.

Durante su juventud Silio fue un reconocido orador forense, y después un cauteloso político, sin la habilidad o ambición suficiente para oponerse a los crueles gobernantes de su tiempo. Pero la mediocridad no bastaba para protegerse de los caprichos homicidas de Nerón, y se cree que Silio aseguró su seguridad personal y su promoción al consulado prostituyendo sus habilidades de orador en las farsas judiciales que a menudo condenaban a las víctimas del emperador. Fue cónsul en el año de la muerte de Nerón (68), y según Tácito fue uno de los dos testigos que estuvieron presentes en las conferencias entre Vitelio y Flavio Sabino, el hermano mayor de Vespasiano, cuando las legiones del Oriente marchaban rápidamente hacia la capital.

La vida de Silio después de su consulado fue bien descrita por Plinio el Joven, Epist. III, 7.[2] Fue amigo y partidario de Vitelio, y cónsul en el año 68, el último nombrado por Nerón, pero ello no le granjeó la enemistad de Vespasiano. Ganó fama de buen administrador como procónsul del Asia ( 77), y borró la mala reputación que había ganado por sus acciones del pasado por medio del admirable uso que dio a su tiempo libre. Por medio de su estilo de vida tranquilo, evitando el poder y consecuentemente la hostilidad, sobrevivió al final de la dinastía Flavia, viviendo de manera digna y satisfactoria.

Silio era un estoico, y puso en práctica la teoría sobre el suicidio adoptada por aquella escuela filosófica. Afectado por un tumor incurable, dejó de alimentarse hasta morir, manteniendo un semblante alegre hasta el final.

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