Sexo en la publicidad

A menudo aparecen imágenes de mujeres bellas en anuncios, sin tener conexión alguna con el producto que se desea vender. Aquí, una mujer provocativamente 'desvestida' ofrece "sex appeal" a un anuncio de 1921 de casquillos de válvula de neumático.

El sexo en la publicidad se refiere al uso del interés sexual como una herramienta de persuasión para dirigir el interés del público hacia un producto particular, con objeto de su venta, generalmente mediante la utilización de modelos atractivos o también símbolos sexuales.

Historia

Anuncio del jabón Ivory durante la I Guerra Mundial con marineros bañándose en cubierta, con un posible trasfondo homosexual
Anuncio de 1926 en un periódico estadounidense de "postales francesas" (fotografías eróticas femeninas, encubiertas como artísticas)

El sexo ha sido utilizado en la publicidad desde sus comienzos. Las primeras formas fueron a mediados del siglo XIX en grabados en madera e ilustraciones de mujeres atractivas (a menudo sin ropa de la cintura para arriba) adornando carteles, letreros y anuncios de saloons, y etiquetas de tónicos y tabaco. En varios casos notables, el sexo en la publicidad se ha reivindicado como la razón del aumento del interés de los consumidores y por tanto de las ventas. El primer uso conocido del sexo en la publicidad fue la marca de tabaco Pearl en 1871, que contó con una doncella desnuda en la portada de sus paquetes.[1]​ En 1885, W. Duke & Sons incluían tarjetas comerciales dentro de sus paquetes de cigarrillos que mostraban a actrices en poses sexualmente provocativas. Duke se convirtió en la marca de cigarrillos líder en 1890 (Porter, 1971).

El erotismo en la publicidad generalmente se utiliza de forma sugerente combinando el glamur y la estética principalmente sobre el cuerpo femenino. Aunque en la mayoría de los casos siempre era así, desde la última década del siglo XX fueron aumentando los spots y campañas donde los protagonistas son modelos masculinos semidesnudos y contorneados que despiertan el interés y la atención del público femenino.

El jabón facial Woodbury, casi se suspendió en 1910. El descenso de ventas de ese jabón femenino de tocador se invirtió, sin embargo, con anuncios que contenían imágenes de parejas románticas y promesas de amor e intimidad para quienes usaran la marca (antecedentes de cuentas, 1926). Jovan Musk Oil, introducido en 1971, fue promovido en un sentido sexual y la descripción de las propiedades de la fragancia en cuanto a la atracción sexual. Como resultado, los ingresos de Jované, Inc. crecieron de US $1,5 millones en 1971 a $77 millones en 1978 (Sloan & Millman, 1979).

Los anuncios del tinte para el cabello Clairol durante la década de 1970, en que se incidía en la pregunta con doble sentido, "¿Lo haces o no? Sólo tu peluquero lo sabe a ciencia cierta", fueron otro famoso ejemplo del uso del sexo para vender productos.

Calvin Klein ha estado a la vanguardia de esa tendencia, después de haber dicho: "Los jeans son acerca del sexo. La abundancia de carne desnuda es el último suspiro de los anunciantes por tratar de dar una nueva identidad a productos redundantes". Calvin Klein empezó en los 80 proponiendo un anuncio muy polémico con sus vaqueros, mostrando a una joven de quince años, Brooke Shields, en el anuncio de Calvin Klein Jeans, diciendo: "¿Quieres saber lo que se interpone entre mi Calvin y yo? Nada." En España son icónicos los anuncios publicitarios de "Busco a Jacks" emitido en 1986 o el de "cómete un yogurín" de Ligeresa emitido en 2012[2]

Si se observa la publicidad de los años 50, 60, incluso de los 70, se puede comprobar como presentaba, a los consumidores, los productos nuevos que aparecían en el mercado y les contaba como funcionaban y lo que podían hacer con ellos; es decir, la función principal de la publicidad era dar a conocer los productos para venderlos. Así los anuncios publicitarios decían: esto es una lavadora y sirve para lavar toda la ropa. Con el auge de la producción, surgen en el mercado muchos productos de consumo que cumplen la misma función y la publicidad desde los años 80 se esfuerza por buscar la especialización, la diferenciación con los productos de la competencia, ya no venden producto, venden diferencias: La lavadora más silenciosa, con carga frontal, con más programas de lavado, más ecológicas y un largo etc. de posibles diferencias, reales o simbólicas. La diferenciación servía para posicionarse y lograr la percepción deseada en los posibles compradores. El desarrollo tecnológico hace posible que los productos sean cada vez más parecidos y, ya las lavadoras existentes son casi idénticas y cumplen las mismas funciones; y es justo en este momento cuando la publicidad da un cambio cualitativo y pasa del valor del producto, que vendía diferencias, al valor de las marcas que venden valores.

La publicidad, en el siglo XXI, sigue evolucionando y ya no sólo busca comunicar emociones sino también la empatía compartida con el producto, o con la marca, estableciendo una relación y compartiendo experiencias. [3]

Other Languages