Sexo anal

Vaso griego del 510 a. C.

El sexo anal es una práctica sexual consistente en la introducción del pene (o de un juguete sexual en el caso de la masturbación anal) en el ano y el recto de la pareja. Otros términos sinónimos son « sodomía», «coito anal» y «pedicación». Además de en los seres humanos, se conoce la existencia de esta práctica entre primates y cánidos.

Muchas personas encuentran placentero el sexo anal, y algunas pueden alcanzar el orgasmo mediante la estimulación a través del ano del punto G y del clítoris en las mujeres, así como mediante la estimulación de la próstata en los hombres.[6]

Es posible también que una mujer penetre analmente a un hombre o a otra mujer por medio de una prótesis, que comúnmente va sujeta a su pubis por medio de un arnés. Esta variante del sexo anal recibe el nombre de pegging. En un enfoque ampliado la sexualidad anal abarca diversas formas de estimulación, desde la masturbación anal con los dedos al sexo oral-anal, conocido también como anilingus.[ cita requerida]

El sexo anal en la historia

Copa Warren, relieve de un joven romano que practica el sexo anal con un niño (siglo I), encontrada en Palestina.
Hombre y joven (1750), obra de Suzuki Harunobu. Se encuentra en el museo Victoria and Albert (Londres).
Hace el amor a un niño y toma del brazo a otro, pintura sobre seda; China, mediados del siglo XIX.
«El emperador Adriano y su amante Antínoo en Egipto». Se trata de la plancha VII de las ilustraciones (1907) realizadas por el pintor francés Édouard-Henri Avril (1848-1928) para la obra Sobre las figuras de Venus (1824).

En la antigua Grecia, la superioridad masculina se trasladaba asimismo a la práctica sexual, tomando el hombre a la mujer por detrás, teniendo esta que adoptar una posición sumisa. Su práctica era tan extendida que incluso ha llegado hasta nuestros días con el nombre de «griego»,[ cita requerida] haciendo referencia directa al sexo anal, aunque en el coito a tergo puede ser tanto anal como vaginal en el caso de las parejas heterosexuales.

Aunque en Roma no estaba permitido —ni por consiguiente bien visto— que un ciudadano romano mantuviera sexo anal (poedicare) con otro ciudadano romano, no había ningún impedimento si lo hacía con un esclavo o esclava. Horacio ( 65- 8 a. C.), poeta lírico y maestro de la sátira, se hace eco de esta situación tan ubicua:

Cuando la entrepierna azuza y tienes a mano un esclavo y una esclava, ¿sobre quién saltas enseguida? ¿No preferirás que se te reviente, no? ―Por supuesto que no. Me gusta el sexo fácil y asequible.

Sátiras 1.2.114-9

El sexo anal ha sido considerado tabú en muchos países occidentales desde la Edad Media cuando se rumoraba que miembros varones de movimientos heréticos lo practicaban entre ellos.

Durante la Edad Media, la mayoría de los clérigos cristianos no eran del todo célibes, pero las órdenes más elevadas de algunos credos heréticos sí, lo que generaba el rumor de su atracción hacia miembros de su mismo sexo. Algunos retablos y drolleries medievales en madera retratan a personas realizando anilinguo con un demonio mitad cabra, mitad hombre.

Esta práctica ha sido condenada en los últimos dos mil años por la mayoría de las religiones: tanto por ser infértil (es una de las prácticas naturales más típicas para el control de la natalidad, en cuanto coito substitutivo del vaginal), como por conllevar serios riesgos higiénicos. Aún en 2007 la pedicación se considera delito en ciertos estados de Estados Unidos de América, incluso dentro de matrimonios legalmente constituidos.

La persistencia del tabú a lo largo de los siglos ha difundido la idea de que el coito anal sería «antinatural», frente al coito vaginal. Sin embargo, hay que considerar que en el proceso evolutivo la vagina es un conducto de muy reciente aparición, y que en la etapa en que se desarrollaron los reptiles el conducto receptor del semen fue la cloaca, por lo que ambas prácticas sexuales se dan en la naturaleza, y en realidad el sexo anal se viene dando desde muchos millones de años atrás. Hay que considerar también que la sexualidad humana tiene fines más amplios que el meramente reproductivo, y en este sentido, en tanto que esta práctica también puede considerarse un juego sexual, tiene también pleno sentido biológico.

Prevalencia

Actualmente, el sexo anal está considerado una de las prácticas sexuales más extendidas en parejas homosexuales y también heterosexuales. Diversos estudios revelan que, hoy en día, mujeres y hombres confiesan disfrutar del sexo anal. Aproximadamente el 40 % de las parejas heterosexuales lo han intentado al menos una vez y, según atendamos a unos u otros estudios, entre el 10 y el 20 % de las parejas lo practican con regularidad. Incluso en algunos países de Latinoamérica la práctica es realizada por el 20 % de las mujeres y el 24 % de los hombres, siendo la práctica más común tras el sexo vaginal y el oral.[7]

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