Seven

Seven (comercialmente estilizado como Se7en) es una película estadounidense de suspense de 1995 dirigida por David Fincher, escrita por Andrew Kevin Walker (quien obtuvo una nominación al premio Bafta por el mejor guion original) y distribuida por New Line Cinema. La película es una mezcla de cine negro, psychothriller y buddy movies en la cual actúan Brad Pitt y Morgan Freeman en los papeles estelares, así como Gwyneth Paltrow y Kevin Spacey en los de reparto. Después de su estreno se rodó una serie de películas sobre psicópatas metódicos con un fin intelectual en sus crímenes, aunque ninguno de tales filmes logró el impacto que causó esta película.

Argumento

En una ciudad americana sin determinar, al detective de homicidios William R. Somerset (Morgan Freeman), que está a punto de retirarse, le es asignado como compañero el joven e impulsivo detective David Mills (Brad Pitt), recientemente transferido.

Los detectives empiezan a investigar una serie de asesinatos relacionados con los siete pecados capitales. El primero de ellos es el de un hombre obeso que fue forzado a comer hasta morir y quien así representa la gula. En cada escena del crimen, Somerset y Mills encuentran nuevas pistas que los conducen al siguiente asesinato, razón por la cual creen que están tras un asesino en serie. El siguiente cadáver es el de un acomodado abogado que fue obligado a cercenarse una parte del cuerpo (inspirándose el asesino en una cita de El Mercader de Venecia de Shakespeare[1]​) y desangrarse, que representa la avaricia. Un conjunto de huellas encontradas en la escena del segundo asesinato conduce a los detectives a un apartamento donde se topan con un hombre demacrado atado a su cama. Al principio creen que está muerto, pero pronto descubren que ha sido mantenido vivo e inmovilizado durante un año exacto; se trata de un traficante de drogas y abusador de menores que simboliza la pereza. Se ha mordido la lengua y su cerebro se halla en un estado tan frágil que un destello de la linterna lo puede hacer colapsar, por lo que el hombre no puede hablar con los detectives. Estos concuerdan en que el asesino ha venido planeando todos estos crímenes a conciencia y detenidamente.

Después, Somerset conoce a la esposa de Mills, Tracy (Paltrow), que no está contenta con haberse mudado a aquella ciudad. El veterano detective se convierte en el confidente de Tracy, con quien se reúne un día. Ella le confía que está embarazada y que no le ha dicho nada a su esposo, mientras que él le confiesa su aversión por la ciudad, que no ve como un buen lugar para criar hijos. Le cuenta también que casi había llegado a casarse unos años atrás. Finalmente aconseja a Tracy que, si planea tener un aborto, no le diga nada a Mills, pero si decide tener al niño, que lo «mime cada vez que pueda».

Por medio de los registros de una biblioteca, los detectives ubican a un hombre (Spacey) que se hace llama John Doe (nombre que se utiliza en ese país para referirse a las personas no identificadas), quien frecuentemente chequea libros relacionados con los pecados capitales. Cuando “Doe” encuentra a los detectives tocando a la puerta de su departamento, les dispara y huye. Mills lo persigue, pero el perseguido consigue emboscar al perseguidor y encañonarlo con su pistola. No obstante, opta por dejarlo ileso y fugarse. La policía registra el departamento de Doe y encuentra una cuantiosa serie de volúmenes escritos a mano por él, llenos de pensamientos perturbados y pistas sobre la próxima víctima potencial, aunque no se hallan huellas dactilares del sospechoso. Tarde llegan a socorrer a la siguiente víctima, que representa la lujuria, una prostituta asesinada por un hombre obligado por Doe a penetrarla sexualmente con un artefacto sadomasoquista dotado de cuchillas. Después los dos protagonistas investigan la muerte de una joven modelo cuyo rostro fue mutilado. La muchacha había optado por quitarse la vida en vez de seguir viviendo con el rostro desfigurado y se había convertido así en la quinta víctima, que era símbolo de la soberbia.

Justo cuando Somerset y Mills entran en la comisaría de Policía, Doe aparece y se entrega. Se encuentra en él sangre de la modelo y de una víctima no identificada en sus manos. También se descubre que el individuo se ha arrancado la piel de las yemas digitales para evitar dejar huellas. Por medio de su abogado, Doe hace un trato: conducirá a la policía a los últimos dos cuerpos y confesará sus crímenes, pero con la condición de que los protagonistas lo acompañen a un lugar que les dirá sólo a ellos. De lo contrario, alegará locura en su juicio. Aun con las reservas de Somerset, él y su compañero aceptan llevarlo adonde pide. Doe los dirige, pues, a un área desierta alejada de la ciudad. En el camino habla con los policías y les dice que tiene la misión divina de castigar a los malvados y de revelarle al mundo el pecaminoso lugar en que se ha convertido. También hace algunos comentarios oscuros sobre Mills que incomodan a este.

Finalmente, llegan al lugar y esperan, entonces se acerca una furgoneta de una compañía de transporte urgente. Somerset intercepta al conductor y deja solos a Mills y a Doe. El conductor de la furgoneta explica que tiene instrucciones de dejar un paquete en ese preciso lugar y a esa precisa hora. Mientras tanto, Mills apunta su pistola a Doe, y éste le confiesa cuánto lo admira. Somerset abre el paquete y se horroriza al ver su interior. Corre hacia Mills y le urge no escuchar a Doe, pero el psicópata habla y revela que la caja contiene la cabeza de Tracy, la esposa de Mills; que él mismo representa el pecado de la envidia, por ambicionar la vida de Mills; y que mató a Tracy tras haber intentado, sin éxito, representar el papel de esposo con ella. Luego menciona que la mujer estaba embarazada, dato que Mills desconocía y que termina de sacarlo de quicio. Somerset ya no puede controlar a su compañero, quien finalmente mata a Doe y se convierte así en el símbolo del último pecado capital, la ira. Mills es arrestado por homicidio.

La historia concluye ese día, al atardecer, cuando Somerset se retira de aquella escena de crimen citando una frase de Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway: «El mundo es un bello sitio por el que vale la pena luchar». Y agregó «Estoy de acuerdo con la segunda parte».

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