Sesgo de confirmación

El sesgo de confirmación o sesgo confirmatorio es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas.[1] Es un tipo de sesgo cognitivo y un error sistemático del razonamiento inductivo. La gente muestra esta tendencia cuando reúne o recuerda información de manera selectiva, o cuando la interpreta sesgadamente. El efecto es más fuerte en publicaciones con contenido emocional y en creencias firmemente enraizadas. También tienden a interpretar que las pruebas ambiguas apoyan su postura existente. Se ha invocado la búsqueda sesgada, la interpretación y la memoria para explicar la polarización de las actitudes (cuando un desacuerdo se hace más extremo o polarizado a pesar de que las diferentes partes están expuestas a las mismas pruebas), la perseverancia de las creencias (cuando las creencias de las personas persisten pese a que se ha demostrado su falsedad), el efecto de primacía irracional (cuando se tiene mayor confianza a las primeras experiencias tenidas con algún hecho, que a las más recientes) y la correlación ilusoria (cuando la gente falsamente percibe una asociación entre dos acontecimientos o situaciones).

Una serie de experimentos en los años sesenta sugirió que las personas están sesgadas hacia la confirmación de sus creencias existentes. Investigaciones posteriores reinterpretaron estos resultados como una tendencia a probar ideas de un modo unilateral, centrándose en una posibilidad e ignorando las alternativas. En ciertas situaciones, esta tendencia puede sesgar las conclusiones personales. Entre las explicaciones de las tendencias observadas se encuentran el pensamiento ilusorio y la limitada capacidad humana para procesar la información. Otra explicación es que las personas muestran un sesgo confirmatorio porque sopesan los costes de equivocarse más que el investigar de un modo neutral y científico.

El sesgo de confirmación contribuye al exceso de confianza en las creencias personales y puede mantener o reforzar estas creencias ante evidencias contrarias. Se han encontrado decisiones pobres debido a este sesgo en contextos militares, políticos y de organización.

Tipos

Los sesgos de confirmación son consecuencia del procesamiento de información, que no debe confundirse con la profecía autocumplida, en la que el comportamiento de la gente hace que sus expectativas se cumplan.[Nota 1]

Búsqueda sesgada de información

El sesgo de confirmación se ha descrito como un «sí a todo» interno que se repite en las creencias de la persona, algo que le ocurre a Uriah Heep, personaje de Charles Dickens.[4]

Los experimentos han encontrado en repetidas ocasiones que la gente tiende a probar hipótesis de un modo unilateral, buscando pruebas compatibles con la hipótesis que mantienen en un momento dado.[10]

La preferencia por las pruebas positivas no es un sesgo en sí mismo, ya que las pruebas positivas pueden ser sumamente informativas.[13]

Incluso un pequeño cambio en la formulación de una pregunta puede afectar al modo en el que la gente busca entre la información disponible y de ahí las conclusiones que alcanzan. Esto se demostró usando un caso ficticio de custodia infantil.[14]

Estudios similares han demostrado cómo la gente se embarca en una búsqueda parcial de información, pero también que este fenómeno puede verse limitado por una preferencia por pruebas diagnósticas. En un experimento inicial, los sujetos tenían que puntuar a otra persona en una dimensión sobre la introversión-extraversión de su personalidad tomando como base una entrevista. Escogieron las preguntas para la entrevista de una lista dada. Cuando el entrevistado les era presentado como un introvertido, los sujetos seleccionaron preguntas que presumieran introversión, como por ejemplo: «¿Qué encuentra usted desagradable en las fiestas ruidosas?» Y cuando el entrevistado era descrito como extravertido, casi todas las preguntas asumían la extraversión, como «¿Qué haría usted para animar una fiesta aburrida?». Estas cuestiones hacían que los entrevistados apenas tuvieran opciones para refutar los atributos de personalidad que se les habían asignado.[16]

Otro experimento otorgaba a los sujetos una prueba particularmente compleja de regla-descubrimiento que requería el movimiento de objetos en simulación por ordenador.[17]

Interpretación sesgada

Las personas inteligentes creen cosas raras porque han sido entrenados para defender creencias a las que llegaron por razones no inteligentes.

Los sesgos de confirmación no están limitados a la recopilación de pruebas. Incluso si dos individuos tienen la misma información, el modo en el que la interpretan puede estar sesgado.

Un equipo de la Universidad de Stanford llevó a cabo un experimento con sujetos que tenían una opinión muy formada sobre la pena capital, con la mitad de ellos a favor y la mitad en contra.[20]

Los sujetos, tanto los defensores como los detractores, relataron un ligero cambio en sus posiciones en la dirección del primer estudio que habían leído. Una vez que leyeron las descripciones más detalladas de los dos estudios, casi todos volvieron a sus creencias originales, independientemente de las pruebas aportadas, resaltando los detalles que apoyaban su punto de vista y desatendiendo cualquier detalle contrario. Los sujetos describieron los estudios que apoyaban su punto de vista preexistente como superiores a aquellos que lo contradecían, de modo detallado y específico.[22]

Un escáner para la obtención de imágenes por resonancia magnética permitió a los investigadores examinar cómo lidia el cerebro humano con información no bienvenida.

Un estudio de interpretación sesgada tuvo lugar durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2004 e implicó a sujetos que se describieron a sí mismos como personas con fuertes opiniones hacia los candidatos. Les mostraron pares de declaraciones, al parecer contradictorias, del candidato republicano George W. Bush, el candidato democrático John Kerry o una figura pública políticamente neutra. También se les dieron declaraciones que hacían que la aparente contradicción pareciese razonable. Con estas tres informaciones, tuvieron que decidir si las declaraciones de cada individuo eran o no inconsistentes. Había grandes diferencias en las evaluaciones, los sujetos interpretaban con mayor probabilidad las declaraciones del candidato al que se oponían como contradictorias.[23]

En este experimento, los sujetos emitieron sus opiniones mientras su actividad cerebral era supervisada mediante imágenes por resonancia magnética. Cuando los sujetos evaluaban las declaraciones contradictorias del candidato del que son partidarios, los centros emocionales de sus cerebros se activaron. Esto no pasó con las declaraciones de los otros candidatos. Los experimentadores dedujeron que las diferentes respuestas a las declaraciones no se debían a errores pasivos de razonamiento, sino que los sujetos activamente reducían la disonancia cognitiva inducida por la lectura sobre el comportamiento irracional e hipócrita del candidato del que son partidarios.[23]

La interpretación sesgada no está restringida a asuntos emocionalmente significativos. En otro experimento, se les contó a los sujetos una historia sobre un robo. Tenían que puntuar la importancia probatoria de las declaraciones discutiendo a favor o en contra de que un personaje particular fuera responsable. Cuando plantearon la hipótesis de la culpa de un personaje, puntuaron las declaraciones que apoyaban esa hipótesis como más importante que las declaraciones contrarias.[24]

Sesgo de memoria

Incluso si alguien ha buscado y ha interpretado pruebas de manera neutral, todavía puede recordarlas selectivamente para reforzar sus expectativas. Se denomina a este efecto «memoria selectiva», «memoria confirmatoria» o « memoria de acceso sesgado».[27]

En un estudio, los sujetos leían un perfil de una mujer que presentaba una mezcla de comportamientos introvertidos y extravertidos.[30]

Un estudio mostró cómo la memoria selectiva puede mantener la creencia en la percepción extrasensorial.[31]

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