Seseo

Cambios fonéticos involucrados en el ajuste de las sibilantes del español.

El seseo es una variación fonológica de la lengua española (y también del idioma gallego) por la cual los fonemas /s/ y /θ/ (representados por las grafías <c> (ante <e> o <i>), <z>, y <s>) no se distinguen, asimilándose a la consonante fricativa alveolar sorda /s/; una variación muy parecida es el ceceo, más minoritario, en que el sonido resultante es más parecido a [θ]; ambas variaciones se contraponen a la distinción entre /s/ y la consonante fricativa dental sorda (no estridente) /θ/, distinción que ocurre en la mayor parte de los dialectos de España peninsular y es tenida por norma en ese país, mientras que en América dicha distinción no se da. La aparición de estos fenómenos data de los siglos XVI y XVII, cuando ocurrió un reajuste consonántico en el idioma.[1]

Origen

Las razones del seseo se remontan a los diferentes cursos evolutivos que siguió el complejo sistema de sibilantes que poseía el español anterior al siglo XVII, y que se modificó de distintas maneras en las regiones norte y sur de España. Hasta entonces se empleaba una distinción entre cuatro fonemas que podemos resumir del modo siguiente:

Grafía Fonética (en IPA) Ejemplo
ce, ci, çe, çi africada dento-alveolar sorda /ts/ pizza (según la pronunciación italiana), Zucker (en alemán), tzùcaru (en sardo)
z africada dento-alveolar sonora /dz/ dotze (en catalán)
ss fricativa apico-alveolar sorda /s/ sandía, así en dialecto castellano
s intervocálica fricativa apico-alveolar sonora /z/ zipper (en inglés), rosa (en italiano, portugués, catalán, sardo, francés o alemán)
Mapa de todos los países hispanos. El seseo en azul claro.

Hacia fines del siglo XVI, este sistema experimentó un primer cambio, por el cual sonoras se ensordecieron y quedaron solamente /ts/ y /s/ apicoalveolar; sin embargo, el sistema resultante era inestable, al ser la similitud fonética entre el par de sonidos demasiado marcada como para hacer depender de su diferenciación los criterios fonológicos. [ cita requerida]

La evolución que siguió a partir de este punto difirió en las regiones norte y sur de la península. En el norte las consonantes sonoras desaparecieron, dejando sólo las sordas /ş/ (dento-alveolar) y /s/ (apicoalveolar); la distinción entre estas se subrayó a través del adelantamiento de la posición del ápice de la lengua en [ş], que de dento-alveolar se transformó en la dental [θ], perdiendo en el proceso la sibilancia. [ cita requerida] Como efecto colateral, [ cita requerida] el proceso que distanció ambas sibilantes afectó también a la consonante fricativa palatal sorda /ʃ/, que correspondía a las grafías de "x", "g" y "j"; para distinguirla claramente de /s/, a la que se aproxima mucho en su forma de articulación, la consonante se desplazó hacia atrás, dando la consonante fricativa velar sorda /x/.

En la zona de Andalucía, la distinción entre consonantes dento-alveolares y apico-alveolares desapareció antes de que el proceso de ensordecimiento eliminara las consonantes sonoras; de hecho, según Ralph Penny,[1] La realización concreta de este último varió de acuerdo a las zonas; la pronunciación que llegó a América era la [s] predorsodental, común a otros idiomas, pero en algunas regiones se conservó la dento-alveolar [ş]. Esta última se distingue de la /θ/ castellana por ser sibilante, y de la /s/ seseante por la posición más alta de la punta de la lengua, y es casi exclusiva del dialecto andaluz entre las lenguas de Europa.

Se cree que el predominio de los nativos de las tierras del sur peninsular entre los colonizadores del Nuevo Mundo promovió la pronunciación andaluza occidental en éste (aunque no fueron la única causa de su asentamiento),[4]

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