Servando Teresa de Mier

Fray Servando Teresa de Mier, óleo del siglo XIX en el Museo Nacional de las Intervenciones.

Servando Teresa de Mier (o según su nombre completo, José Servando Teresa de Mier y Noriega y Guerra) ( Monterrey, Nuevo León, 18 de octubre de 1765- Ciudad de México, [[3 de diciembre]cc. Ncnc c] de 1827). Fue un ex fraile dominico, sacerdote liberal y escritor de numerosos tratados sobre filosofía política en el contexto de la independencia de México.

Formación. Su famoso sermón

A la edad de 16 años, Servando Teresa de Mier ingresó a la Orden de Predicadores ( Dominicos) en la ciudad de México. Estudió filosofía en el Colegio Pontificio de Regina Porta Coeli, de la misma Orden, donde se ordenó sacerdote. A la edad de 27 años se doctoró en Teología por la Real y Pontificia Universidad de México.

En una de sus cartas declaro que la celebración original mexica dedicada a la virgen de Guadalupe era el 8 de septiembre del calendario Juliano ( 18 de septiembre del calendario Gregoriano),[2]

El 12 de diciembre de 1794, durante los festejos del aniversario número 263 de la manifestación mariana de la virgen de Guadalupe, en presencia del virrey Miguel de la Grúa Talamanca, del arzobispo Alonso Nuñez de Haro y Peralta y varios miembros de la Real Audiencia de Nueva España, dijo las siguientes palabras:

"Guadalupe no está pintada en la tilma de Juan Diego sino en la capa de Santo Tomé (conocido por los indios como Quetzalcoatl) y apóstol de este reino. Mil setecientos cincuenta años antes del presente, la imagen de Nuestra señora de Guadalupe ya era muy célebre y adorada por los indios aztecas que eran cristianos, en la cima plana de esta sierra del Tenayuca, donde le erigió templo y la colocó Santo Tomé. (primer párrafo del sermón)

Yo haré ver que la historia de Guadalupe incluye y contiene la historia de la antigua Tonantzin, con su pelo y su lana, lo que no se ha advertido por estar su historia dispersa en los escritores de las antigüedades mexicanas."

Con dicho sermón pretendía demostrar que el culto guadalupano era prehispánico, al igual que el cristianismo, y por lo tanto no había motivos por los cuales agradecer a España, puesto que el imperio azteca era ya cristiano antes de 1519. Sus ideas no recibieron críticas negativas en principio; pero una semana después de haber pronunciado el sermón, el arzobispo Dr. Alonso Núñez de Haro (quién en palabras de Mier "sentía aversión por todo lo criollo") le acusó de herejía y blasfemia ante el Santo Oficio, por lo cual se le excomulgó, se le redujo a prisión, se le despojó de sus libros y fue condenado a diez años de exilio en España. Intentó disculparse, pero fue en vano lo que le ocasionó el abandono de sus familiares y amigos y después se promulgó un edicto de condena pública que fue leído en toda la Nueva España menos en Nuevo León, el obispo de ahí era amigo suyo. Tras pasar dos meses en la fortaleza de San Juan de Ulúa el 7 de junio de 1795 embarcó en Veracruz, rumbo a Cádiz[3]

Fray Servando intentó apelar su condena, puesto que tanto los cargos como el procedimiento fueron ilegales, al ser miembro del clero regular no podía ser sentenciado por el obispo de México (clero secular), además de que fue sentenciado sin previo juicio.[4]

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