Sericicultura

Se entiende por sericicultura la cría del gusano de seda ( Bombyx mori) con un conjunto de técnicas para producir capullos y, con ellos, la seda misma como producto textil final.

Gusano de seda "Bombyx mori".

Historia

Las primeras referencias a la cría del gusano Bombyx mori por el hombre para la obtención de seda datan de 3400 a. C., en las regiones cálidas de la actual China ( Hainan, Anhui, Fujian y Jiangxi fundamentalmente) donde abundaba el árbol de la morera. La crianza se realizaba en las aldeas y abastecía a las familias primero, siendo el excedente para intercambios con otras comunidades, sobre todo del interior. Hacia el año 2900 a. C. se aprecia un cambio en la sociedad que empieza a evaluar el trabajo de la sericicultura como un arte y una actividad agroindustrial muy provechosa. Hasta ese momento se mantenía la actividad a un espacio territorial reducido. Será la emperatriz Sihing-Chi la que alrededor del año 2600 a. C. fomentará entre la nobleza china el arte de cultivar e hilar la seda, empezando a destacar la obtención de distintas variedades según calidad. Se atribuye a esta época el inicio de cruces entre las distintas especies de moreras para que la alimentación del gusano ofreciera sedas de texturas distintas. Esta difusión entre la aristocracia restringió la fabricación artesanal en las aldeas, al elevarse la sericicultura a un arte sagrado en donde se limitaba quienes podían realizarlo. Algunas técnicas se llegaron a considerar secretas. Por un lado esta actitud de reserva perjudicó el comercio de la seda que se había incrementado y tenía entre sus más fieles protectores a los emperadores; por otro, permitió las mejoras de las técnicas de cría.

Tras el breve paréntesis de la irrupción de la nobleza guardando para sí la sericicultura, se produjo una explosión dentro de China con esta industria. En los territorios costeros desde el paralelo 38º norte hasta cerca de la frontera con la actual Vietnam se expandió la cría de gusanos de seda. Se dictaron normas sobre la protección de la actividad y se prohibió expresamente que los gusanos de seda pudieran salir de los confines del imperio, con penas que llegaban hasta la muerte a quienes violaran dichas normas. Se constituyeron gremios que guardaban celosamente técnicas de cría y de hilado.

Pero todas estas medidas resultaron poco útiles. Hacia el año 600 a. C. los japoneses y persas ya conocían el arte de la seda. En ambos territorios se extendió la actividad de manera imparable. Los persas, que hasta entonces habían importado la seda de China, encontraron un material mucho más barato con el que confeccionar ricas prendas textiles e incrementar sus intercambios con los pueblos mediterráneos. En Japón se extendería hasta el punto de generar graves conflictos entre los agricultores y las autoridades, dado que las beneficios de la seda eran incomparables a los cultivos tradicionales y se abandonaron campos y tierras, disminuyendo la producción agrícola.

Se considera que en la India la sericicultura se abrió paso a través del Tíbet en el siglo VII a. C. Otros historiadores sitúan la expansión en India como consecuencia de dos cargamentos de gusanos que recalaron en sus costas y de los cuales se apropiaron.

Durante un tiempo la sericicultura queda reducida a la zona que va de Persia a China (dirección oeste-este) y de la actual Turkmenistán a la India (dirección norte-sur). Las medidas proteccionistas chinas habían sido ineficaces y lo serían también las dictadas por los persas. La seda es conocida en la Antigua Grecia y también por los fenicios. El clima mediterráneo es perfectamente adecuado para la actividad. Textiles en seda se conocieron entre el siglo II a. C. y el I a. C. que no tenían manufactura persa, china o hindú. Sin embargo, la gran producción mundial y la calidad se concentraba todavía en China. En el siglo II a. C., el emperador chino Wudi, de la dinastía Han, envía al general Zhang Qian para abrir el comercio exterior con la zona occidental y establece la primera ruta de la seda.

La leyenda cuenta que hacia el 550, monjes griegos evangelizando Persia guardaron en el interior de sus bastones semillas del árbol de la morera y huevos de los gusanos, introduciendo la especie en el Mediterráneo. Ésta es una versión discutible pues hacía tiempo que ya no era un gran secreto. De todas maneras será con los griegos como se traslade la sericicultura hacia todo el mediterráneo occidental y el norte de África.

España e Italia se convierten en grandes productores, sobre todo las zonas de Andalucía y Murcia, y se dictarán disposiciones para proteger el cultivo. Serán los españoles los que trasladen a América la industria de la seda, con excelentes resultados. Sin embargo las medidas proteccionistas españolas y portuguesas evitarán su extensión hasta épocas más recientes, cuando los distintos países colonizados alcanzan su independencia.

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