Semana Santa en Málaga

Semana Santa de Málaga
Nombre oficial Semana Santa de Málaga
Tipo Religioso
Ubicación Flag of Málaga, Spain.svg Málaga
Flag of Andalucía.svg  Andalucía
Flag of Spain.svg  España
Comienzo Domingo de Ramos, dos días después del primer plenilunio posterior al equinoccio
Término Domingo de Resurrección, el domingo siguiente al de Ramos.
Fecha A finales de marzo, principios o mediados de abril
Participantes Cofradías y Hermandades, engobladas dentro de la Agrupación de Cofradías. Son 41 corporaciones. Cuerpos militares y de seguridad del Estado. En total el número de cortejos o procesiones que efectúan el recorrido oficial es de 45.
Significado Representar y celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo
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Declarada de Interés Turístico Internacional el 16 de febrero de 1980, la Semana Santa de Málaga es un gran evento de carácter religioso, social y cultural que se celebra cada año en la ciudad de Málaga.[1] Tienen lugar desfiles procesionales desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo, quedando el Sábado Santo como lapso hasta el Domingo de Resurrección, cuando sale Jesús Resucitado acompañado por una representación de todas las corporaciones.

Las andas sobre las que son portadas las sagradas imágenes son denominadas en Málaga tronos, a diferencia de en la mayoría de las demás semanas santas de la geografía española. Los tronos poseen notables diferencias con los pasos de las demás ciudades: mientras que los últimos son llevados por costaleros sobre la cerviz, los primeros son cargados por hombres de trono, que meten su hombro debajo de los varales —piezas de metal o madera de varios metros de longitud que sobresalen del cajillo (estructura) del trono—; además los tronos suelen ser, en su gran mayoría, de tamaño mayor que los pasos.

Como en las demás ciudades, en Málaga cada cortejo procesional suele estar formado por dos tronos (Cristo y Virgen), y cada uno de ellos es acompañado por penitentes (nazarenos, que pueden llevan velas o enseres, como libros de reglas, faroles...) y promesas (personas que han prometido hacer penitencia a cambio de algún favor y van acompañando al trono detrás de la banda). Algo característico de esta ciudad es la escolta de los cuerpos militares y de seguridad del Estado a los Sagrados Titulares que veneran, como la Brigada Paracaidista, la Legión, la Marina, los Regulares, los Infantes de Marina, la Policía Local o la Guardia Civil.

Además de la estación de penitencia, las hermandades y cofradías llevan a cargo otras actividades, dentro de los tres pilares sobre los que se basan: formación, culto y caridad. Son múltiples las obras asistenciales que las hermandades y cofradías realizan en Málaga, como financiar comedores sociales, donar alimentos o atender a personas mayores y/o enfermas. Se realizan cultos internos a lo largo del año novenas, (quinarios, triduos...) en los cuales se suelen presentar a las imágenes a los bebés o niños pequeños y se entregan medallas con el sello heráldico de la corporación.

Existe una Agrupación de Cofradías, fundada en 1921, pionera en España, cuyos miembros son elegidos cada cuatro años por los hermanos mayores de las distintas hermandades y cofradías. El primer presidente fue el Hermano Mayor de la Archicofradía de la Sangre, la más antigua de la ciudad. Esta institución —independiente de cualquier gobierno—, se encarga de la organización de la Semana Santa y de agilizar trámites y acuerdos con las instituciones oficiales y de todo lo relativo al recorrido oficial.

Historia

Orígenes

Tras la conquista de Málaga por los Reyes Católicos en 1487, se crearon las primeras cofradías y hermandades, al amparo de las órdenes religiosas recién establecidas en la ciudad.

En la primera mitad del siglo XVI ya existían en Málaga al menos cinco cofradías de Pasión: Vera-Cruz, Sangre, Ánimas de Ciegos, Monte Calvario y Soledad; todas ellas vinculadas a conventos. A partir del Concilio de Trento, y con la intención de combatir el protestantismo creciente, la Iglesia impulsa la creación de tallas y su salida a las calles. Esta medida da el empuje decisivo a la consolidación de las corporaciones, cuyo principal objetivo no es sólo procesionar sino también socorrer a sus hermanos más necesitados y asistirlos a la hora de la muerte. La manifestación de la última voluntad de muchos cofrades va acompañada casi siempre de disposiciones concretas para que se les entierre en la cripta de su hermandad. En muchos casos no se limitan a satisfacer los gastos y obligaciones de los entierros y sufragios, sino que dentro de muchas hermandades hay hermanos que tienen la obligación de asistir a los moribundos, de llevarles los sacramentos y de prepararlos para la muerte.

Dos de los tres sagrados titulares de la Hermandad de Zamarilla. La Virgen de la Amargura, atribuida a Antonio Gutiérrez de León y Martínez, y el Cristo de los Milagros, obra de Francisco Palma Burgos.

Escuela malagueña de imaginería

El estilo escultórico malagueño lo configurarían una serie de imagineros que trabajó en Málaga en la segunda mitad del siglo XVII, teniendo su auge en el XVIII y en el XIX en menor medida.

Hasta la segunda mitad del XVII, las obras y los modelos escultóricos de los autores granadinos y sevillanos de la escuela andaluza predominaban en la ciudad. La llegada del escultor Pedro de Mena a Málaga en el año 1658 originaría una creciente homogeneización en las obras de los imagineros malacitanos. Es bajo la influencia de éste y de José Micael Alfaro, cuando nace el estilo malagueño que continuará en la centuria siguiente con Fernando Ortiz como máximo exponente, el cual incluye influencias italianizantes de Juan Domingo Olivieri. Cabe destacar igualmente la obra de artistas como Francisco Gómez de Valdivieso y Salvador Gutiérrez de León, entre otros.

En el XIX, el principal escultor malagueño es Antonio Gutiérrez de León, nieto del anterior, que continuó la línea de los autores del siglo anterior.

Con la llegada del siglo XX y pese a la existencia de escultores de la ciudad, la escuela malacitana decayó, siendo el representante más destacado Francisco Palma García, cuyos cánones estaban ya alejados de los establecidos por Mena y su círculo. En la segunda mitad del siglo aparecieron las figuras de Mario y Francisco Palma Burgos, ambos familiares del anteriormente citado, pero los encargos a escultores sevillanos, granadinos y valencianos proliferaron y el denominado estilo malagueño se desvaneció definitivamente.

Sucesos de 1931 y 1936

En mayo de 1931, durante el primer mes de vida de la Segunda República Española y como reacción a las declaraciones del cardenal Segura y a la fundación en Madrid del Círculo Monárquico, tuvieron lugar actos vandálicos contra los templos y conventos de un gran número de ciudades, siendo los mismos especialmente virulentos en Málaga. Durante dos noches se asaltaron edificios religiosos de la ciudad, incendiándolos junto a las obras de arte, enseres, bibliotecas y reliquias que albergaban, entre ellas las imágenes propiedad de las corporaciones nazarenas.

Algunas tallas fueron salvadas al ser escondidas durante los asaltos. De otras sólo se pudo rescatar parte, siendo reconstruidas posteriormente; otras muchas se perdieron para siempre. Algunos de los templos que sufrieron incendios más graves fueron la iglesia de Santo Domingo, la Iglesia de San Felipe Neri y la iglesia de la Merced, esta última, con gravísimos daños y parcialmente destruida, no se reconstruyó y fue derribada en la década de 1960.

Cuando las corporaciones empezaron a recomponer su patrimonio, en 1936, recibieron otra réplica de sucesos vandálicos durante la Guerra Civil Española.

Tras los destrozos de 1931 y en menor medida, de 1936, desde 1937 y en adelante, se llevó a cabo un proceso de paulatina reconstrucción patrimonial, para el cual las corporaciones acudieron a distintos autores, como los malagueños Francisco Palma Burgos, Pedro Pérez Hidalgo, Pedro Moreira y Adrián Risueño, los granadinos José Gabriel Martín Simón, José Navas Parejo y Nicolás Prados López, el sevillano Antonio Castillo Lastrucci, y el valenciano Pío Mollar Franch, los cuales tallaron nuevas imágenes para ocupar el lugar de las tristemente desaparecidas.

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