Segundo gobierno de Óscar R. Benavides

Segundo Gobierno de Óscar R. Benavides
(1933-1939)
Escudo nacional del Perú.svg
Autoridades
VicepresidentesErnesto Montagne Markholz (1936-1939)
Antonio Rodríguez Ramírez (1936-1939)
Presidente del Consejo de MinistrosJosé Matías Manzanilla
Jorge Prado Ugarteche
José de la Riva Agüero y Osma
Alberto Rey de Castro
Carlos Arenas y Loayza
Manuel E. Rodríguez
Ernesto Montagne Markholz
Manuel Ugarteche
Datos Generales
Elegido enElección por el Congreso Constituyente del Perú
Toma de mando30 de abril de 1933
Fin del gobierno8 de diciembre de 1939
Gobierno AnteriorGobierno constitucional de Luis Sánchez Cerro
Gobierno PosteriorPrimer gobierno de Manuel Prado Ugarteche

El segundo gobierno de Óscar R. Benavides en el Perú se inició el 30 de abril de 1933 y culminó el 8 de diciembre de 1939. Fue un gobierno de carácter dictatorial, nacido en momentos en que el país atravesaba una crisis interna, motivada por el enfrentamiento entre el gobierno y los apristas; y enfrentaba un conflicto internacional con la vecina república de Colombia, panorama que se había agravado aún más con el asesinato del presidente Luis Sánchez Cerro.

Benavides fue elegido por el Congreso Constituyente, para que completara el periodo del presidente fallecido. Elección que no se sujetó a la Constitución, pero que se hizo invocando la situación de emergencia. Sin embargo, tras anular las elecciones generales de 1936, Benavides prorrogó su gobierno por tres años más, hasta 1939, cuando finalmente cedió el mando a Manuel Prado Ugarteche, elegido en unas cuestionadas elecciones.

Benavides gobernó bajo el lema de «orden, paz y trabajo», contando con el respaldo del ejército y de la oligarquía. Hechos importantes de este gobierno fueron el arreglo de paz con Colombia, la represión a los apristas y comunistas, la dación de leyes a favor de la clase trabajadora y la mejora de la situación económica y financiera, que le permitió hacer numerosas obras públicas.

Antecedentes

Gobierno de Luis M. Sanchez - Cerro

Luis M. Sánchez - Cerro, fue elegido presidente del Perú el 8 de diciembre de 1931. Su principal oponente en las elecciones realizadas en octubre de ese mismo año, fue el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre, quien el mismo día que se anunciaron los resultados pronunció un discurso manifestando su descontento hacia el proceso electoral, que, según él, había sido claramente manipulado. Desde ese momento, inició una relación tensa y conflictiva entre el presidente Sánchez - Cerro y el partido aprista peruano. Esta relación se manifestó de principio en el congreso, como una oposición férrea.

Pero progresivamente se fue convirtiendo en un enfrentamiento directo y violento. El cual inició con un atentado contra el presidente en la Iglesia Matriz de Miraflores en marzo de 1932, teniendo su punto más álgido en la Revolución de Trujillo (1932), realizada por obreros, campesinos y estudiantes de esa ciudad norteña. En la cual murieron aproximadamente cinco mil civiles fusilados extrajudicialmente. Este violento episodio anticiparía último tramo del gobierno de Sánchez - Cerro. El presidente sería asesinado por un militante de filiación aprista llamado Abelardo Mendoza Leiva el 30 de abril de 1933.

Ello provocaría un escenario de inestabilidad nacional considerable, debido a la ausencia de una autoridad, pero también debido a un posible conflicto con Colombia. Es así, que las autoridades deciden convocar de manera inmediata una reunión extraordinaria del Congreso para que se decidiera la elección del nuevo Presidente.

Conflicto con Colombia

En 1932 durante el gobierno de Luis M. Sánchez Cerro el prefecto de Iquitos, Jesús Ugarte, le escribió al presidente informando que un grupo de peruanos había tomado Leticia, el poblado que se encontraba en el trapecio cedido por Augusto B. Leguía a Colombia en el Tratado Salomón - Lozano de 1922. La toma tuvo apoyo cívico y militar por ser considerada una medida legítima por parte de la población. Ante esta situación la reacción de Sánchez Cerro fue desligarse del hecho diciendo que los invasores eran agitadores pro comunistas, enemigos del gobierno y que se uniría al gobierno colombiano para desalojarlos. Sin embargo, esta posición tomada por el gobierno no duraría mucho, pues el presidente se vería en la obligación de cambiar de opinión a raíz del apoyo loretano y del soporte político de quienes demandaban una renegociación del tratado de 1922.

El gobierno sin tener argumentos sólidos legales expresó que la ocupación fue motivada por aspiraciones patrióticas y que era inmoral abandonar a esos ciudadanos a las fuerzas colombianas por lo cual se rehusó a retirar a sus fuerzas antes que la frontera fuera modificada. A pesar de ello, sí reconoció el tratado de 1922. Ante esto Colombia rompió relaciones diplomáticas en 1933, entonces Perú solicitó a la Liga de las Naciones su intervención, por ello la disputa se puso en la agenda del Consejo de la Liga para buscar una solución al problema. El Perú nombró al general Benavides comandante en jefe de las fuerzas armadas, considerándolo el más idóneo para colaborar con la solución de este problema.

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