Sector cuaternario

La investigadora biotecnológica Laufey Hrólfsdóttir. Las empresas biotecnológicas son algunas de las primeras integrantes del sector cuaternario.

El sector cuaternario es una parte de la economía cuya característica es estar basado en el conocimiento e incluir servicios imposibles de mecanizar, tales como la generación e intercambio de información, tecnología, consultoría, educación, investigación y desarrollo, planificación financiera y otros servicios o actividades principalmente intelectual.[3] puede ser clave en el desarrollo de una mejor juventud ya que incluye también la educación.

En el sector cuaternario, las empresas invierten para asegurar una mayor expansión, lo que se ve como un medio de generar mayores márgenes o rentabilidad de las inversiones. La investigación se dirige hacia la reducción de costes, aprovechamiento de los mercados, la producción de ideas innovadoras, nuevos métodos de producción y métodos de fabricación, entre otros. Para muchos sectores, como la industria farmacéutica, dicho sector es el de más alto valor añadido, ya que crea futuros productos de la marca de los que se beneficiará en un futuro la empresa.

El sector cuaternario incluye las actividades vinculadas al desarrollo y la investigación de nuevas tecnologías. Estas tecnologías de punta se aplican a todos los sectores de la economía y llevan la delantera en la investigación científico-tecnológica; son, por ejemplo, la microelectrónica, la informática, la robótica, la industria aeroespacial, las telecomunicaciones y la biotecnología. Este sector requiere de importantes inversiones en capital humano para cubrir los sueldos y los honorarios de los empleados, que tienen una alta capacitación.

Características

El sector cuaternario se caracteriza por realizar actividades de innovación, imposibles de mecanizar y relacionadas con el valor intangible de la información, abarcando la gestión y la distribución de esta y su aplicación en cualquier parte de los otros tres sectores productivos. Así pues, que se dedica a recabar información y aplicarla para obtener productos, servicios o procesos innovadores. Es un sector de gran crecimiento, pese a haber sido exagerado en ocasiones.[4]

Este cuarto sector incluye servicios altamente intelectuales de la investigación, el desarrollo, la innovación y la información, como asesoría, programación, consultoría o docencia, especialmente universitaria; pero también la investigación básica y aplicada. Tradicionalmente se le consideraba como parte del sector terciario, pero su importancia, cada vez más creciente y diferenciada, ha hecho que algunos autores aboguen por considerarlo como un sector separado.[5] Sin embargo, no existe acuerdo entre los economistas, por lo que las definiciones y contenidos del término varían según el autor y de hecho, algunos incluyen en él el sector de ocio, el entretenimiento o la administración de cada país. Pese a ello, la mayoría encuadran en él aquellas empresas e instituciones que prestan servicios relacionados con la tecnología más puntera, como la informática y las TIC ( tecnologías de información y comunicación), la robótica, la domótica, la telemática, la consultoría (asesoría para empresas) y de la I+D+I ( investigación, particularmente en los campos científicos).

Su origen está en un tratamiento más detallado de la clasificación de las tareas productivas en tres sectores económicos, pero con el propósito de diferenciar ciertas actividades tradicionalmente consideradas como parte del tercer sector o sector servicios, ya que tales servicios intelectuales incluyen la característica de que han resultado imposibles de mecanizar. Por ejemplo, algunos países se ha conseguido que los robots hagan funciones de camareros o que recojan y analicen muestras en otros planetas,[6] pero no se ha conseguido que pueden formular hipótesis, llegar a conclusiones por sí mismos o responder a preguntas abiertas.

Este sector es especialmente importante en los países desarrollados y requiere una mano de obra altamente cualificada, al contrario de los demás, pero autoras como Lourdes Casanova niegan que dicho patrimonio se mantenga en el siglo XXI con casos como China, India o Brasil que aparecen en determinados índices con algunas de las empresas más innovadoras del mundo.[7]

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