Seabiscuit

Seabiscuit es una película dramática dirigida en el 2003 por Gary Ross, sobre un guion propio, basado en el libro Seabiscuit: una leyenda americana, escrito en 2001 por Laura Hillenbrand, que recopila hechos reales de las hazañas de un famoso caballo llamado Seabiscuit (23 de mayo de 1933 - 17 de mayo de 1947) de carreras en los años 30, que se transformó en un símbolo de esperanza durante la Gran Depresión.

Fue producida por los estudios Universal en asociación con SpyGlass Entertainment y Dreamworks, su duración es de 141 minutos y fue estrenada el 25 de julio de 2003 en los Estados Unidos. Su presupuesto fue de 87 millones de dólares

Trama

El filme recupera un episodio de la historia de EE. UU. y apela a los valores tradicionales como remedio útil para tiempos de inestabilidad, haciendo un enfoque optimista, tratando de convencer de que el afán de superación sirve para salir adelante en los momentos más difíciles y de que siempre existe un cimiento sobre el que es posible reconstruir una vida y también un país.

En el invierno de 1937, Norteamérica vivía el séptimo año de su década más catastrófica: la Gran Depresión. La economía había sufrido un colapso y millones de personas habían perdido su trabajo, sus ahorros y su hogar, quedándose al borde la miseria. En plena época de depresión, surgen tres perdedores agraviados por la vida: por un lado Johnny Red Pollard, un joven jinete de carreras frustrado y resentido, golpeado duramente por la vida y con un pasado olvidable, cuya carrera va cuesta abajo; por otro Charles Howard, un millonario emprendedor en la industria automotriz arruinado emocionalmente debido a la traumática muerte de su hijo en un accidente automovilístico; y por último Tom Smith, un testarudo vaquero y criador de caballos cuya existencia se desvanece, a quien nadie toma en serio y quien se lleva mejor con los animales que con las personas. Cuando sus vidas estaban a punto de desintegrarse totalmente, descubren un pequeño grado de esperanza gracias a Seabiscuit, un caballo hambriento y holgazán, postergado desde su nacimiento, demasiado pequeño para correr. Poco a poco esa esperanza crecía, mejorando sus expectativas a futuro de manera tal que la suerte del caballo Seabiscuit marcará sus destinos, en una lucha por la supervivencia en un difícil período, donde lentamente sus heridas comenzaban a curar. Seabiscuit terminó convirtiéndose en un corcel invencible en las carreras, ganador de cuanta carrera se le cruzara por el camino y en una leyenda de triunfos y hazañas, digno de alguien con alma de héroes, rescatando a varias personas de una crisis económica miserable

Other Languages