Santuario de Ise

Vista del Santuario Principal de Naikū, la zona más sagrada del Santuario de Ise. Su acceso es restringido, y sólo es posible observarlo a cierta distancia tras una valla.

El Santuario de Ise (伊勢神宮 Ise-jingū ?), también conocido como el Gran Santuario de Ise (伊勢大神宮 Ise-Daijingū ?) y oficialmente como El Santuario (神宮 Jingū ?), es el santuario Shintō más importante de Japón,[4]​ por la princesa Yamatohime-no-mikoto, hija del Emperador Suinin.

El Santuario de Ise se compone de dos santuarios principales: el Santuario Interior (内宮 Naikū ?) y el Santuario Exterior (外宮 Gekū ?), situado a unos seis kilómetros al noroeste del primero. Además, estos dos complejos poseen unos ciento veintitrés santuarios subordinados de diversas categorías, noventa y uno en Naikū y treinta y dos en Gekū, sumando en total ciento veinticinco santuarios.[7]

En el Santuario de Ise hay además un bosque con árboles sagrados y distintas zonas donde se elaboran productos que son utilizados como ofrendas sagradas: un campo de arroz, una salina, un huerto, factorías tradicionales de seda, cáñamo y alfarería, sitios de secado de pescado, etc. También posee algunas áreas culturales como una biblioteca y tres museos,[10]​ Los santuarios principales de cada complejo no son accesibles al público y sólo pueden ser vistos a cierta distancia, desde detrás de unas vallas.

Mapa de la prefectura de Ise, mostrando el área que abarca todos los santuarios y establecimientos subordinados al Santuario de Ise.

Origen mitológico y religioso

La religión Shintō (神道 ? literalmente, camino de los dioses) es considerada la religión nativa de Japón[2]

En la antigüedad, Japón subsistió principalmente con la producción de arroz. Dado que los kami tienen control sobre la naturaleza, los antiguos habitantes decidieron establecer una armonía respetuosa con estas deidades, con el fin de tener buenas cosechas cada año. Para lograr sus objetivos procedieron a la construcción de lugares sagrados y la elaboración de suntuosas ceremonias, que tenían como fin satisfacer a los kami; en consecuencia, las comunidades debían trabajar de manera unificada con el fin de tener prosperidad económica y alimentaria.[2]

Al haber una influencia determinante de cada kami se comenzó a desarrollar la mitología japonesa, contenida de primera mano en los libros Kojiki (古事記 ? literalmente, Crónicas antiguas) escrita en 712 y el Nihonshoki (日本書紀 ? literalmente, Crónicas de Japón) escrita en 720; considerados los libros más antiguos de Japón. En estos libros, se relata en varios capítulos la era legendaria y mítica de la creación del cielo y la tierra, el nacimiento de Japón y de diversas deidades; y su descendencia con diversas personas, sobre todo con el Emperador de Japón.[11]

Relación con Amaterasu Ōmikami

Amaterasu Ōmikami, diosa del sol, saliendo de la cueva celestial y devolviendo la luz al cielo y la tierra.

Amaterasu Ōmikami (天照大御神 ?), diosa del Sol, fue hija de los dioses Izanagi e Izanami, creadores del cielo y la tierra, y padres de la mayoría de los kami. Fue hermana de Tsukiyomi, dios de la noche y de Susanoo, dios del mar.

Por orden de sus padres, ella gobernó el cielo (Takama no Hara); pero Susanoo, celoso por la decisión de sus padres, ascendió al cielo y cometió actos escandalosos como destruir el campo de arroz y la tejeduría celestial. Amaterasu, enojada por la acción decidió esconderse en la cueva celestial llamada Ama no Iwato.[12]

Esto trajo como consecuencia la llegada de la oscuridad perpetua en el cielo y la tierra y la zozobra en ambos mundos. La miríada de los kami se reunió con el fin de que la diosa abandonara la cueva; en esta reunión elaboraron el Espejo Sagrado (Yata no Kagami) y lo posicionaron en la entrada de la cueva; esta acción sería acompañada con un alegre festival y la ejecución de una danza y música sagrada llamada kagura. Con esto, Amaterasu decidió salir de la cueva y tanto el cielo como la tierra volvieron a iluminarse. Tras el incidente, Susanoo fue expulsado del cielo y exiliado a la tierra de Izumo.[12]

Amaterasu es considerada la deidad central, mas no la única, de la religión Shintō; ya que posee una gran influencia sobre la naturaleza y la armonía en entre el cielo y la tierra; pero no es considerada omnipotente o absoluta dentro de la pléyade de los kami.[11]

Relación con el Emperador de Japón

El Emperador Jinmu, primer Emperador de Japón y descendiente de Amaterasu. Legendariamente, todos los emperadores de Japón tienen descendencia con la diosa del sol.

A diferencia de algunas mitologías como la griega, la mitología japonesa conecta a diversos kami como ancestros de muchos clanes y familias influyentes en la historia japonesa, incluyendo la Familia Imperial.[13]

Según el mito, Okuninushi-no-kami, descendiente de Susanoo, unificó todas las regiones de Izumo y estableció una nación llamada (Ashihara-no-Nakatsukuni), el Antiguo Japón. Amaterasu, decidió enviar su descendencia a esta nación con el fin de gobernarlo; Okuninushi le concedió la soberanía a la diosa y ésta envió a su nieto, Ninigi-no-mikoto, a la actual isla de Kyushu como nuevo gobernante. Para legitimar su soberanía, Amaterasu le envió a Ninigi los Tesoros Sagrados de Japón y arroz divino del cielo. También durante el descenso de Ninigi, llegaron otros kami y sus descendientes.[13]

Posteriormente, el nieto de Ninigi abandonó Kyushu y llegó a la región de Yamato, en el centro de Japón. Fundaría la actual nación de Japón y establecería la capital en Kashihara; proclamándose como el primer Emperador de Japón, tomando el nombre de Emperador Jinmu.[13]

Relación con los Tesoros Sagrados

Los tres tesoros imperiales, considerados como sagrados, consisten en el Espejo Sagrado (Yata no Kagami), la Espada Sagrada (Ame no Murakumo no Tsurugi) y la Gema Sagrada (Yasakani no Magatama). Según la religión Shintō, cada tesoro posee una simbología: la honestidad, la valentía y el cariño respectivamente.[14]

Con el suceso de la salida de Amaterasu de la cueva celestial, el Yata no Kagami es el tesoro que simboliza a la diosa del sol. Cuando Amaterasu le dio este espejo a su nieto Ninigi-no-mikoto, le dijo: piensa que este espejo sagrado no es más que yo misma, cuídalo y adóralo por siempre. Como Ninigi fue predecesor de los emperadores de Japón, todos ellos han adorado a Amaterasu Ōmikami como su diosa familiar, creyendo que ella misma se encuentra en el espejo.[14]

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