Santiago Carrillo

Santiago Carrillo
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Santiago Carrillo en la campaña electoral de las elecciones generales de 1979.

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Secretario general del PCE
3 de julio de 1960- 10 de diciembre de 1982
Predecesor Dolores Ibárruri
Sucesor Gerardo Iglesias

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Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid
6 de noviembre-27 de diciembre de 1936
Sucesor José Cazorla

Secretario general de las Juventudes Socialistas de España
10 de mayo de 1934- 15 de junio de 1936
Sucesor Fusión de JSU con UJCE

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Secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas
15 de junio de 1936- 20 de junio de 1947

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Diputado en las Cortes Generales
por Madrid
13 de julio de 1977- 23 de abril de 1986

Información personal
Nombre de nacimiento Santiago Carrillo Solares Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 18 de enero de 1915
Bandera de España Gijón, España
Fallecimiento 18 de septiembre de 2012 (97 años)
Bandera de España Madrid, España
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político PCE ( 1936- 1985)
PTE-UC ( 1985- 1991)
Familia
Padres María Rosalía Solares Martínez
Wenceslao Carrillo
Cónyuge Asunción Sánchez de Tudela (1936-)
Carmen Menéndez Menéndez (1949-)
Hijos Aurora, Santiago, José y Jorge
Información profesional
Ocupación Político
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Santiago José Carrillo Solares[1] ( Gijón, 18 de enero de 1915- Madrid, 18 de septiembre de 2012) fue un político español, secretario general del Partido Comunista de España (PCE) desde 1960 hasta 1982 y una de las figuras claves en el comunismo español desde la Segunda República Española hasta el final de la Transición. Combatió en la Guerra Civil Española y fue una figura relevante de la oposición al franquismo y de la Transición Española, llegando a ser diputado en Cortes Generales durante nueve años (de 1977 a 1986).

Infancia y juventud

Pasa su primera infancia en Asturias hasta que su padre, Wenceslao Carrillo Alonso-Forjador,[2] obrero fundidor y militante de Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Unión General de Trabajadores (UGT), adquiere en 1924 la condición de dirigente nacional de ambas organizaciones y la familia se ve obligada a trasladarse a Madrid. Se instalan en el barrio obrero de Cuatro Caminos donde vivirán sin abandonar las dificultades económicas, ya que las exiguas asignaciones que las organizaciones obreras destinaban a sus dirigentes difícilmente cubrían las necesidades de una familia con cinco hijos. Su madre fue María Rosalía Solares Martínez.

Santiago Carrillo llega a Madrid e ingresa en el Grupo Escolar Cervantes (ubicado en su barrio, Cuatro Caminos) dependiente de la Institución Libre de Enseñanza y dirigido por Ángel Llorca. Santiago Carrillo ha dicho en varias ocasiones que se educó en el mejor colegio de la España de la época. Completada la enseñanza primaria es seleccionado para cursar Bachillerato, pero no pudiendo la familia costear los derechos de examen, abandona los estudios, comenzando a trabajar como aprendiz en una imprenta. Poco después se afilia a las Juventudes Socialistas de España (JJ. SS.) y a la UGT.

En 1930, a los quince años, comienza a colaborar como periodista en El Socialista[3] y el 14 de abril de 1931, proclamada la República, se le encarga la información parlamentaria. Carrillo se codea con los grandes periodistas encargados de la información parlamentaria de los otros periódicos: Víctor de la Serna ( Informaciones), Wenceslao Fernández Flórez ( ABC), Manuel Azaña ( El Sol)...

En su militancia política, encuadrado desde un principio en la minoría revolucionaria del partido socialista (enfrentada a una mayoría reformista), pronto destaca por su capacidad de análisis y facilidad dialéctica. Desde la dirección de Renovación (la revista de las JJ.SS.), a la que accede en 1933, defiende su posición revolucionaria extendiéndola en el seno de las Juventudes.

En abril de 1934, es elegido secretario general de las Juventudes Socialistas.[4] Existen dos corrientes en el PSOE de la época. El grupo dominante en inicio será el de los reformistas, comandados por Besteiro y Prieto. El otro grupo, también numeroso, es el de los revolucionarios, cuyo líder era Largo Caballero (el «Lenin español»). Carrillo empieza a colaborar estrechamente con Largo Caballero. Pronto lograría el aprecio de éste, hasta el punto de llegar a ser considerado su "delfín". Partidario de la unificación de las juventudes obreras, intenta provocar la unidad de acción de las Juventudes Socialistas y Comunistas. Ambas organizaciones convocan manifestaciones y participan en mítines de forma unitaria. También intenta que Izquierda Comunista, organización de carácter trotskista, ingrese en el PSOE. Defiende la entrada del propio PSOE, una vez se haya impuesto el sector revolucionario, en la Internacional Comunista (IC).

Toma parte en el movimiento revolucionario conocido como Revolución de 1934, lo que le lleva a la cárcel hasta que, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936, es puesto en libertad. Comparte cárcel con Largo Caballero, su propio padre y otros muchos dirigentes socialistas. Es durante este encierro cuando se distancia de las posturas políticas de Largo Caballero al considerarlas moderadas.

Al salir de la cárcel, los representantes de la Internacional Comunista en España le proponen y organizan un viaje a Moscú con las direcciones de las JJ.SS. y JJ.CC. para negociar su unificación. En Moscú, Santiago Carrillo se vio deslumbrado por la revolución triunfante. Las JJ.SS. y JJ.CC., muy cercanas ideológicamente, alcanzan acuerdos sobre la futura organización resultante, las Juventudes Socialistas Unificadas. La base organizativa sería la Federación de Juventudes Socialistas, que mantendría sus relaciones con el PSOE. Se acuerda la adhesión como “simpatizantes” a la Internacional Juvenil Comunista, se renuncia a cualquier relación con organizaciones trotskistas y se marca como objetivo la unificación de los partidos obreros, bajo la órbita de Moscú.

A su regreso a España, aun con la oposición de Carlos Hernández Zancajo (presidente de las JJ.SS.) y otros miembros de la dirección, la unificación no tarda en imponerse, y en este proceso experimenta un espectacular crecimiento hasta alcanzar los 200 000 afiliados.

La Guerra Civil

La sublevación militar del 18 de julio sorprende a Santiago Carrillo en París. Regresa inmediatamente a España cruzando la frontera por Irún y, ya en San Sebastián, se incorpora al ejército republicano, participa en el asalto a un hotel ocupado por rebeldes y sale con una columna dirección a Aguilar de Campoo con la intención de avanzar hacia Madrid. Sin conseguir su objetivo, combate varias semanas en los montes de Ubide (cerca de Bilbao), regresa nuevamente a Francia para entrar por la frontera catalana y así regresar a Madrid donde, con el grado de capitán, lucha en el frente de la sierra.

Tras estas primeras semanas de guerra, habiendo sido interrumpido el proceso de unificación de las juventudes comunistas y socialistas, los dirigentes de ambas organizaciones se reagrupan. Se abandona la idea de convocar un congreso y el 20 de septiembre se nombra una ejecutiva formada por siete socialistas y siete comunistas, con Santiago Carrillo a la cabeza como secretario general. Desde estos primeros momentos, las Juventudes Socialistas Unificadas se muestran especialmente activas estando presentes en todas las unidades y en todos los frentes, numerosos jóvenes se encuadran en sus filas para luchar contra la sublevación [ cita requerida].

Defensa de Madrid y fusilamientos de Paracuellos

Durante el mes de octubre, las fuerzas rebeldes avanzan hacia Madrid y el 6 de noviembre se encuentran a las puertas de la capital. El gobierno da por perdida la ciudad y se traslada a Valencia precipitadamente, sólo con tiempo para entregar dos sobres. Uno al general Miaja con instrucciones para que organice la defensa de Madrid. Otro al general Pozas para que traslade el cuartel general del ejército lejos de una ciudad que, prevén, puede pasar a manos del enemigo. Ese mismo día Santiago Carrillo se afilia al Partido Comunista de España.

Inmediatamente, se forma la Junta de Defensa de Madrid. Queda reunida hasta altas horas de la noche para tratar de impedir que las tropas rebeldes, parapetadas en la Casa de Campo, entren en la ciudad. Santiago Carrillo es nombrado Consejero de Orden Público. La Junta desconoce con qué fuerzas se cuenta, aunque se sabe que son insuficientes y mal pertrechadas. Tiene que reclutar gente y organizarla, mantener la estructura de la ciudad (desbordada por los numerosos campesinos que se han refugiado en ella huyendo del avance rebelde) y mantener la moral de su población que ya sabe que el gobierno ha abandonado la ciudad (este episodio bélico se conoce como batalla de Madrid). También valora que hay que impedir, en lo posible, que con la caída de la ciudad el ejército rebelde aumente su potencial ofensivo. Entre otras medidas, se decide evacuar a los presos de las cárceles (Modelo, Porlier, Ventas y otras), militares y civiles simpatizantes de los rebeldes.

A la mañana siguiente, el 7 de noviembre, Madrid sufre los bombardeos de la aviación y la artillería, en la Ciudad Universitaria y la Casa de Campo se combate cuerpo a cuerpo y, al otro lado de la ciudad, un convoy de autobuses que traslada a los presos con destino a otras cárceles fuera de la ciudad se desvía o es desviado hacia el municipio de Paracuellos de Jarama, allí los presos son fusilados. Los sucesos se repiten dos días después, esta vez en el municipio de Torrejón de Ardoz. Hasta el 4 de diciembre no todos los convoyes llegarían a su destino. En total, entre 2396 y 5000 presos, civiles y militares fueron fusilados y sus cuerpos enterrados en fosas comunes.

Más de veinte años después, a raíz de que Carrillo fuese nombrado secretario general del PCE, el régimen franquista responsabilizaría directamente a Carrillo de estas matanzas, acusándole de haberlas permitido o amparado en su calidad de Consejero de Orden Público. La polémica entre los historiadores sigue aún en la actualidad (véase La responsabilidad de Santiago Carrillo en las matanzas de Paracuellos), existiendo cierto consenso acerca de que Carrillo, en su condición de Consejero de Orden Público, difícilmente pudo haber ignorado, al menos desde el 7 de noviembre, que las matanzas estaban teniendo lugar, sin que hubiese hecho nada por evitarlo. Un grupo de autores, encabezado por César Vidal, va más allá y le responsabiliza directamente de la organización y ejecución de las matanzas, sin que las pruebas esgrimidas sean consideradas concluyentes por otros autores como Ian Gibson o Ángel Viñas. Carrillo ha negado siempre su participación o responsabilidad en la matanza.[6]

El 24 de diciembre de 1936, Santiago Carrillo abandona la JDM, cuando el frente en Madrid se había estabilizado, y centra todos sus esfuerzos en la dirección política de las JSU, organización que se mostró especialmente combativa durante toda la guerra, con una mayoría de sus afiliados (más de 200 000) integrados en el ejército republicano. En 1937 pasa a formar parte del buró político del PCE, como miembro suplente.

Carrillo, desde su entrada en el PCE, acató con disciplina todas las posiciones de la dirección del partido durante la guerra. No planteó ninguna discrepancia de importancia y asumió todas las consignas de la Internacional Comunista.

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