Sancho I de León

Sancho I de León
Rey de León
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Miniatura del siglo XII que representa al rey Sancho I de León.
Rey de León
956- 958
Predecesor Ordoño III
Sucesor Ordoño IV
960- 966
Predecesor Ordoño IV
Sucesor Ramiro III
Información personal
Nacimiento c. 935
Fallecimiento Entre el 15 de noviembre y el 19 de diciembre de 966 (30 o 31 años)
Entierro Panteón de Reyes de San Isidoro de León
Familia
Dinastía Astur-leonesa
Padre Ramiro II de León
Madre Urraca de Pamplona
Cónyuge Teresa Ansúrez
Descendencia Véase Matrimonio y descendencia
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Sancho I de León, llamado el Craso ( c. 935-entre el 15 de noviembre y el 19 de diciembre de 966),[1] fue rey de León en dos períodos diferentes: entre 956 y 958; y entre 960 y 966. Fue sucedido en 958 por Ordoño IV y, a su muerte, por su hijo Ramiro.

Biografía

Hijo de Ramiro II y de su segunda esposa, la reina Urraca Sánchez, era nieto del rey Sancho Garcés I y de Toda de Pamplona. A Ramiro II le sucedió su hijo Ordoño III en 951 con la oposición del infante Sancho, que le disputó la corona leonesa.

Al morir Ordoño en 956, Sancho I subió al trono leonés, pero dos años después, rechazado por su extrema gordura, fue destronado por los nobles leoneses y castellanos, encabezados por el conde Fernán González[a] , que nombraron rey a Ordoño IV.

Entonces, Sancho acudió al lado de su abuela, la reina Toda de Pamplona, a quien pidió ayuda para recuperar su reino. Esta hizo un trato con el califa del califato de Córdoba, Abderramán III, para conseguir tratamiento del médico de su corte Hasday ibn Saprut y ayuda para la recuperación del trono de León a cambio de unas plazas en las riberas del Duero.

La reina Toda, Sancho I y su esposa Teresa Ansúrez viajaron a Córdoba. Allí Hasday ibn Saprut trató a Sancho de su obesidad no permitiéndole tomar más que infusiones durante cuarenta días. Después, y de acuerdo con el pacto firmado, un ejército pamplonés-musulmán tomó Zamora en 959 y León en 960, restaurando a Sancho I como rey. Ordoño IV huyó a Asturias.

El rey tardó poco en olvidarse de su acuerdo con los musulmanes, que pasaron entonces a apoyar a Ordoño IV, aunque su enfrentamiento no pasó esta vez de unas cuantas incursiones de castigo. En los últimos años de su reinado se sucedieron las rebeliones nobiliarias y se afianzó la independencia de los condes castellanos y gallegos.

En 966 el rey Sancho fundó el monasterio de San Pelayo en la ciudad de León, consagrado en honor del mártir cordobés san Pelayo cuyos restos fueron trasladados por el rey a la capital del reino de León, aunque más tarde fueron llevados a Oviedo. Ubicado al lado del panteón de reyes de San Isidoro de León, este monasterio sustituyó al de San Salvador de Palat de Rey como cenobio cortesano y se convirtió en la «cabeza del infantazgo homónimo», el infantado de San Pelayo, donde se recluían las infantas que tomaban el hábito así como las reinas viudas. Años más tarde, en 1148, el monasterio se trasladó a Carbajal de la Legua y desde entonces fue conocido como el monasterio de Santa María de Carbajal y las monjas benedictinas que ahí habitaban, las «Carbajalas».[3]

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