Sacramentales

Los sacramentales son «signos sagrados que han sido instituidos por la Iglesia católica para que imitando de alguna manera los sacramentos, se expresen efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia».[2]

Características de los sacramentales

Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella. Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal, es decir, todo bautizado es llamado a ser una «bendición» (cf Gn 12,2) y a bendecir (cf Lc 6,28; Rm 12,14; 1 P 3,9). Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (cf SC 79; CIC can. 1668); la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos, cf. De benedictionibus, 16,18), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental.[3]

Durante más de cien años, la Virgen María ha estado llamando la atención hacia los sacramentales en todas sus apariciones:

En noviembre de 1831, en el convento de la Rue du Bac, Nuestra Señora le dio a una joven postulante al noviciado llamada Catalina Labouré un sacramental: «La Medalla Milagrosa».[5]

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