Rudolph Arnheim

Rudolph Arnheim
Información personal
Nacimiento 15 de julio de 1904 Ver y modificar los datos en Wikidata
Berlín, Alemania Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 9 de junio de 2007 Ver y modificar los datos en Wikidata (102 años)
Ann Arbor, Estados Unidos Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Alemana Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Educación doctorado Ver y modificar los datos en Wikidata
Supervisor doctoral Max Wertheimer Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Escritor, historiador del arte, , profesor universitario y crítico de cine Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador
Miembro de
Distinciones
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Rudolf Arnheim ( 15 de julio de 19049 de junio de 2007) fue un y filósofo nacido en Berlín, Alemania en 1904. Influido por la psicología de la gestalt y por la hermenéutica. Realizó importantes contribuciones para la comprensión del arte visual y otros fenómenos estéticos. Ha publicado libros sobre la psicología del arte, la percepción de las imágenes y el estudio de la forma. Probablemente su libro más conocido sea Arte y percepción visual. Psicología del ojo creador. Madrid: Alianza. 1979 (edición original, 1954). Uno de sus argumentos más originales, presentado en el libro "visual thinking" es que el hombre moderno está permanentemente acosado por el mundo del lenguaje. Arnheim plantea que existen otras formas de aprender el mundo basadas, por ejemplo, en la vista. Para Arnheim, existen ciertas cualidades y sentimientos que captamos en una obra de arte que no pueden ser expresadas en palabras. Esto se debe a que el lenguaje no provee de un medio de contacto directo con la realidad. El lenguaje solamente sirve para nombrar lo que ya ha sido escuchado, visto o pensado. En este sentido el medio del lenguaje puede paralizar la creación intuitiva y los sentimientos.

Falleció en el año 2007 a los casi 103 años.


El pensamiento visual: breve resumen y relaciones con la teoría de la comunicación

¿No es el lenguaje el legado de una experiencia pasada, pensada, vista y escuchada, pero al que le falta inmediatez para explicar los estímulos directos que percibimos? El autor comienza con un análisis histórico de la percepción y de cómo ésta ha sido desdeñada por muchas de las filosofías idealistas y racionalistas. Uno de sus primeros detractores como medio de cognoscimiento y de desarrollo del hombre en su entorno fue Platón. El arte se desdeña porque se basa en la percepción y la percepción se desdeña porque no incluye el pensamiento. Ya desde tiempos de la escuela eleática, se germinaría esa desconfianza de los sentidos -“La experiencia sensorial es engañosa, la razón tiene que corregir los sentidos”- Rezaba Parménides. Continuando con el mito de la caverna de Platón, donde todo lo que se percibe en el mundo sensorial es un reflejo proyectado por un mundo ideal. Por lo tanto, saber a partir de la experiencia directa no llevaría a la verdad, al conocimiento.

Su discípulo, Aristóteles, no desecharía el conocimiento a través de los sentidos. Pero, por ejemplo, una experiencia particular con los sentidos no se explicaría por sí misma, esto es, por su singularidad. Habría que abstraerla para encontrar una generalización que indujera esa experiencia en un orden lógico o sistema ideal, (lo que se aprehende no es una silla, sino la silla) de lo particular a lo general. Luego, defendería la necesidad de un universal que impresionaría a un medio de por sí informe. Un mundo, por lo tanto, donde no habría cabida para un accidente o un singular.

En el segundo capítulo, Arheim aduce la imposibilidad de la inteligencia sin percepción. Percepción y pensamiento actúan recíprocamente. Son, a la vez, causa y efecto de una acción continua: la actividad perceptiva. Un estímulo (pone como ejemplo un coche en la lejanía) nos impresiona a través de la retina en una imagen más pequeña del objeto (No añade Arheim, que el hecho de conocer este dato de antemano, la magnitud del coche, ya altera indirectamente nuestra experiencia, pues, ¿cómo juzgamos una magnitud standard del objeto?). Es nuestro aparato cognoscitivo el que altera esa imagen y la conceptualiza. En opinión del autor, es la sensibilidad ante el medio lo que otorga la inteligencia al individuo. Nuestra retina refleja un estímulo visual, tras ello, el percipiente a través de su aparato cognoscitivo, formaliza esa impresión en una idea-concepto que tenemos del mismo, (percepto) generalmente, previamente adquirida. Como decíamos, ese estímulo inmediato es indirectamente (inconscientemente) formalizado en un percepto. Ese procedimiento generalizador simplifica ese estímulo y nos facilita (como a veces nos confunde) desenvolvernos en el medio .

En el tercer capítulo (La inteligencia de la percepción visual): Arheim analiza el objeto percibido y su contexto. Para el proceso de conceptualización que citabamos anteriormente, el percipiente, abstrae el objeto de su contexto. La mente tiende a realizar esta descontextualización, aislando al objeto de su situación: “Percibir un objeto como inmutable es abstraerlo al más alto nivel de generalidad, y ese nivel es apropiado para todas esas situaciones en las que la visión se utiliza con el propósito de manejar objetos físicamente. En el mundo físico, las modificaciones contextuales observadas en la percepción no existen o no interesan. Pero una persona a la cual las consideraciones centextuales del medio físico de un entorno le interesan - por ejemplo un artista- agudizará su percepción al máximo” .

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