Románico lombardo

Atrio y la fachada de la basílica de San Ambrosio, Milán

El románico lombardo es una variante regional del arte románico que se desarrolló en el norte de la península itálica en las últimas décadas del siglo XI y el siglo XII. La corriente estílistica evolucionó en un área geográfica más amplia que la actual región de Lombardía, e incluía también la región de Emilia y una parte del Piamonte, e influyó en una gran parte de la actual Italia, hasta Umbria, las Marcas, el norte del Lazio y Cerdeña.

Lombardía fue la primera región italiana que recibió las novedades artísticas transalpinas gracias al entonces secular movimiento de artistas lombardos en Alemania y viceversa, que permitió exportar las técnicas constructivas más avanzadas de la época, como las bóvedas de piedra, e incluso algunos rasgos estilísticos como las arcadas colgantes (archetti pensili) y las lesenas (de hecho, en muchos lugares se las llama bandas lombardas).

Arquitectura

Arquitectura en Lombardia

Interior de San Ambrosio, Milán

Una de las iglesias más antiguas que aún se conservan con elementos significativos de la novedad del estilo románico es la basílica de Santa María la Mayor en Lomello, construida entre 1025 y 1050, con fuertes referencias a la arquitectura otoniana: fue una de las primeras iglesias italianas que cubrió las naves laterales con bóvedas de crucería, en lugar de las tradicionales viguerías. En el interior, en lugar de las columnas habituales en las basílicas se dispusieron soportess con dos semicolumnas adosadas en los lados. Las semicolumnas sostienen los arcos divisores, mientras que las pilares se prolongan en paraste (pilastras) hasta las impostas del sofito, donde hay unos originales arcos de ladrillo que atraviesan la nave central. La particular conformación de las prolongacioness de las pilastras y de las semicolumnas hace que los bloques de impostas (en lugar de los capiteles) creen una suerte de decoración cruciforme en las paredes.

La pequeña iglesia de San Pietro al Monte en Civate, también de influencia germánica, tiene dos ábsides opuestos, según los modelos carolingios.

En la zona del comasco se recuperaron modelos del norte de Europa, como muestra la basílica de San Abundio, de cinco naves cubiertas con viguerías de madera, donde hay un doble campanile al estilo de los Westwerk alemanes. Otras particularidades son la presencia temprana de arcadas ciegas y lesenas en los muros exteriores, hechas de piedra local en lugar del ladrillo típico utilizado en Milán y Pavía.

Entre finales del siglo XI y principios del siglo XII, en un estilo románico ya maduro, se reconstruyó la basílica de san Ambrosio en Milán, dotándola de bóvedas de crucería y con un diseño muy racional, de una perfecta correspondencia entre el dibujo en planta y los elementos en alzado. En la práctica, cada arco de la bóveda se apoya sobre una semipilastra o semicolumna propia que a su vez se reagrupan en el pilar fascículado, cuya sección horizont: la inferior, de tres arcos iguales, se reúne con el perímetro interno del atrio; la superior, tiene cinco arcadas que aumentan de altura favoreciendo el perfil inclinado de las aguadas. Presenta también los arcos colgantes, es decir, filas de pequeños arcos de medio punto bordar la cornisa marcapiano y los aleros. El cuadripórtico se trazó en cambio sobre la estructura paleocristiana anterior, a pesar de que había cambiado entonces de función: ya no era un lugar para celebrar los catecúmenos, sino la sede de reuniones y asambleas religiosas o civiles.

El aislamiento estilístico de San Ambrosio de Milán no debió ser tan fuerte en el momento de la reconstrucción como hoy, cuando había otros monumentos ahora perdidos o fuertemente alterados a lo largo de los siglos, como las catedrales de Pavia, de Novara (demolida a mediados del siglo XIX) y de Vercelli (reformada en el XVI). Es común la evocación del modelo de San Ambrosio en la iglesia de los Santos Nazario y Celso, también en Milán, o en las iglesias extraurbanas como la iglesia de San Segismundo en Rivolta d'Adda.

La rotonda de San Tomè, unánimemente considerata monumento del románico maturo,[1]​ situada en la provincia de Bérgamo se distingue por su planta circular, por la armonía de sus volúmenes cilíndricos superpuestos, por la originalidad de la estructura interna dividida en recorridos delimitados por las columnas y por sus capiteles de particular belleza y valía artística.

El matroneo superpuesto sobre el cuerpo principal se caracteriza, también, por las columnas suprayacentes a las del cuerpo inferior, culminadas por capiteles esculpidos con motivos diversos que reproducen ornatura longobarda, episodios bíblicos y figuras zoomorfas. La linterna cierra la estructura casuando un efecto de gran encanto y elegante esbeltez.

Rotonda de San Tomè

Otros ejemplos de iglesias románicas lombardas de planta circular son el duomo vecchio de Brescia y la Rotonda de San Lorenzo en Mantova

Otras evoluciones son testimoniales, por ejemplo, de la Basílica de San Miguel el Mayor en Pavía, con la fachada constituida por un único gran perfil pentagonal con dos aguas, tripartito de contrafuertes de haz, y, en la parte superior, decorada con dos galerías simétricas de arcadas sobre columnillas, que siguen el perfil de la cubierta; el fuerte desarrollo ascendente también se destaca con la disposición de las ventanas, concentradas en la zona central. La extraordinaria decoración con bandas esculpidas que corren horizontalmente a través de toda la fachada está hoy seriamente comprometida por el grado de deterioro de la piedra arenisca en la que fueron talladas.

El modelo de San Miguel también se retomó en las iglesias de Pavía de San Teodoro y de la San Pietro in Ciel d'Oro (consagrada en 1132), y fue desarrollado en el duomo de Parma (finales del XII-principios del siglo XIII).

Arquitectura en Emilia

La mayoría de las ciudades romanas a lo largo de la vía Emilia se dotaron en esta época de catedrales monumentales, entre las cuales todavía son claramente visibles la implantación medieval en el duomo de Parma, en el duomo de Modena y en el de Fidenza, mientras que en el duomo di Reggio Emilia fue fuertemente transformada en los siglos siguientes.

El duomo di Modena es el testimonio sobreviviente que mantiene un estilo más coherentemente unitario. Una placa situada fuera, en el ábside mayor, informa de que su fundación fue el 23 de mayo de 1099, y también indica el nombre del arquitecto, el magister Lanfranco, de origen lombardo (quizá de Como), aunque estudios recientes sugieren un origen veronés. Fue construido en unas pocas décadas, por eso no presenta añadidos góticos significativos. Es de tres naves sin transepto y con tres ábsides y estuvo cubierta originalmente con cerchas de madera, que fueron sustituidas con bóvedas de crucería durante el siglo XV. Los muros de la nave central apoyan sobre pilares que alternan con columnas y cuenta con un triforio con triforas que simulan un falso matroneo y un claristorio, donde se abren las ventanas. En el exterior, la articulación del espacio refleja el interior, con una serie continua de logiettas a la altura del matroneo, que ciñen la catedral todo alrededor, rodeada por arcadas ciegas. La fachada con remates inclinados refleja la forma interna de las naves laterales, y se divide en tres por dos poderosas pilastras mientras que el centro está dominado por el portal con porche en dos plantas (el rosetón y los portales laterales fueron añadidos más tarde). De extraordinario mérito e importancia es el conjunto escultórico formado por los famosos relieves de Wiligelmo y de sus seguidores.

El duomo de Parma se inició a finales del siglo XII y terminó en el siglo XIII con la construcción del campanile y el pórtico de la fachada. La catedral tiene una planta muy compleja, especialmente en la zona absidial y en el gran transepto, también rematado por ábsides en ambos lados. Aquí, como en Módena y, en particular como en Pavía, la fachada está animada por logias colgantes, sea oblicua, bajo el alero, sea en un doble orden horizontal, que crean un rítmico efecto de claroscuro junto con la delicada policromía debido a la utilización de diferentes piedras: arenisca, pietra grigia y mármol rosa de Verona. Parma es famosa por la obra escultórica de Benedetto Antelami. La construcción de las catedrales de Piacenza, Parma, Reggio, Modena, Ferrara afirma la edad comunal que consagra las nacientes Comuna que representa la continuidad ideal con el glorioso municipium romano. El modelo de arquitectura románica concilia la planta de la basílica romana con la estructura eclesiástica borgoñona.[2]

Vecina por datación y estilo es la catedral de Piacenza, construida por iniciativa de la Comuna después de la conquista de la autonomía (1126). En Piacenza trabajó el escultor Niccolò.

De interés particular son también la abadía de Nonantola, la catedral de Fidenza y el complejo de Santo Stefano, en Bolonia

Arquitectura en otras zona de influencia

Un descendiente directo del estilo de la catedral de Módena es la basílica de San Zenón de Verona, donde se citan casi todos los elementos de la arquitectura lombarda, la fachada a dos aguas tripartita, la galería de logiettas (aunque aquí interpretadas con columnas dobles), los grandes paneles escultóricos al lado del portal, la articulación interna. El resto del Veneto estuvo dominado por las influencias bizantinas que se filtraban desde Venecia, pero una cita de las maneras lombardas se puede encontrar en los dos órdenes de logiettas en la zona absidial del duomo di Murano.

En el Piamonte, a la influencia lombarda se añadió la del románico francés, provenzal, como en la Sacra de San Miguel o en la iglesia de San Pedro y Orso en Aosta. En Liguria el lenguaje estilístico lombardo se filtró aún más y se mezcló con influencias pisanas y bizantinas, como en el duomo de Ventimiglia o en las iglesias genovesas de Santa Maria di Castello, San Donato, Santa Maria delle Vigne y San Giovanni di Pré, incluyendo grupos escultóricos originales.

También en la Toscana y en Umbria algunas iglesias muestran influencias lombardas, aunque combinada con elementos más clásicos derivados de restos antiguos que sobrevivieron. Este es el caso de la abadía de San Antimo, de la basílica de Santa Maria Infraportas en Foligno, de las iglesias de San Salvatore en Terni o Santa Maria Maggiore en Asís, del Duomo de Todi.

En las Marcas el modelo ofrecidos por la arquitectura emiliana se reelaboraron con originalidad y combinaron con elementos bizantinos. Por ejemplo, la iglesia de Santa Maria di Portonovo, cerca de Ancona (de mediados del siglo XI) o la catedral de San Ciriaco (finales del siglo XI-1189), tienen una planta de cruz griega con una cúpula en la intersección de los brazos y un porche en la fachada que encuadra un portal fuertemente nervado.

También en el Lazio septentrional los influjos lombardos llegaron filtrados desde Umbría y se fecundaron con la ininterrumpida tradición clásica: en Montefiascone con la iglesia de San Flaviano (principios del siglo XII), en Tarquinia con la iglesia de Santa María en Castello (iniciada en 1121), en Viterbo con más basílicas ( Santa Maria Nuova, San Francesco en Vetralla, el duomo, San Sisto, San Giovanni in Zoccoli).

En Cerdeña, en los siglos X y XI se manifiesta una «particolare atteggiamento» ('particular actitud') frente a las dos nuevas corrientes lombarda y toscana,[3]​ que a menudo se fusionan produciendo resultados inéditos. Como en el caso de la iglesia de San Nicola di Trullas (antes de 1115), en Semestene (SS), de la capilla palatina de Santa Maria del Regno (1107) en Ardara o de San Nicola di Silanos (antes de 1122) de Sedini (SS) y de la basílica de San Simplicio en Olbia (siglos XI-XII) por nombrar unos pocos. De una época más tardía data la iglesia de San Pedro de Zuri en cuya fachada aparece un epígrafe que recuerda la fecha de consagración, 1291, y el maestro que realizó las obras, Anselmo da Como. a este mismo autor se atribuye la fachada de la iglesia de San Pietro Extramuros (XI-rehecha en el XIII) en Bosa (OR), donde sobre la parte superior de la fachada aparece un edículo con las columnillas ofíticas.