Rodolfo Walsh

Rodolfo Walsh
Rodolfo Walsh (1927-1977) izquierda.JPG
Información personal
Nombre de nacimiento Rodolfo Jorge Walsh
Nacimiento 9 de enero de 1927[1]
Lamarque, Provincia de Río Negro, Bandera de Argentina Argentina
Fallecimiento 25 de marzo de 1977 Ver y modificar los datos en Wikidata (50 años)
Buenos Aires, Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Causa de muerte Asesinato Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Cónyuge Elina Tejerina (1950-1957)
Estela Blanchard
Susana Pirí Lugones
Lilia Ferreyra (1967-1977).
Hijos Victoria Walsh (1950-1976)
Patricia Walsh (1952-).
Información profesional
Ocupación Escritor, periodista y traductor Ver y modificar los datos en Wikidata
Medio Leoplán
Vea y Lea
Revolución Nacional
Mayoría
Semanario Villero
Panorama
Diario CGT de los Argentinos
Noticias.
Obras notables Operación Masacre (1957)
Los oficios terrestres (1965)
Un kilo de oro (1967)
¿Quién mató a Rosendo? (1969).
Distinciones Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires, por Variaciones en rojo (1953).
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Rodolfo Jorge Walsh ( Lamarque, 9 de enero de 1927 - desaparecido en Buenos Aires, 25 de marzo de 1977) fue un periodista, escritor y traductor[1] argentino que militó en las organizaciones guerrilleras FAP y Montoneros.

Es especialmente reconocido por su lucha contra el terrorismo de estado y por ser un pionero en la escritura de novelas testimoniales como Operación Masacre y ¿Quién mató a Rosendo?, aunque también sobresalió como escritor de ficción.

Fue desaparecido y asesinado durante la dictadura militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983, integrando al día de hoy la lista de los desaparecidos.

Biografía

Primeros años

Walsh era de ascendencia irlandesa,[ cita requerida] nació el 9 de enero de 1927 en Nueva Colonia de Choele-Choel (que desde 1942 se llamó Lamarque), en la provincia de Río Negro ( Argentina).

En 1941 llegó a Buenos Aires para realizar sus estudios secundarios, primero en un colegio de monjas en Capilla del Señor y después en el Instituto Fahy de Moreno, un colegio pupilo a cargo de curas de una congregación irlandesa, destinado a hijos de familias con ascendencia de esa nacionalidad. La experiencia en este último le serviría para ambientar tres cuentos que formaron el «ciclo de los irlandeses»: Irlandeses detrás de un gato, Los oficios terrestres y Un oscuro día de justicia. Los tres cuentos fueron publicados en libros (El primero en Los oficios terrestres, en 1965; el segundo, en Un kilo de oro en 1967 y, el tercero, en un volumen propio en 1973, con una entrevista hecha por Ricardo Piglia a modo de prólogo); han sido reunidos en otras ediciones. En la de los Cuentos completos hecha por la editorial De la Flor y al cuidado de Piglia se incluyó un cuarto cuento, El 37, publicado en 1960 en una antología de la editorial Jorge Álvarez bajo el título Memorias de infancia.[2]

Cursó dos años de la carrera de Letras en la Universidad de La Plata;[4] A los 17 años, había comenzado a trabajar como corrector en la editorial Hachette. Poco después hizo sus primeras armas en el periodismo, publicando artículos y cuentos en diversos medios de Buenos Aires y La Plata.

Actividad periodística

Desde 1951 hasta 1961 trabajó para las revistas Leoplán, Panorama, y Vea y Lea, además de continuar en la editorial Hachette, ya como traductor. Por esos años publicó las antologías Diez cuentos policiales argentinos (1953) y Antología del cuento extraño (1956). Esta última no fue reeditada hasta 1976 y recién en 2014 por la editorial Cuenco de Plata. Tanto las ediciones de 1976 como la de 2014 reaparecieron en cuatro tomos.

En 1953 salió su primer libro, Variaciones en rojo, que contiene tres novelas cortas de género policial, al que Walsh era muy aficionado, con la que obtuvo el Primer Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires. Está dedicado a Elina Tejerina, su primera mujer y madre de sus dos hijas, Victoria y Patricia. Años más tarde, Walsh renegaría de este libro.

En junio de 1956 se produjo un levantamiento militar contra el gobierno de facto que había derrocado a Juan Domingo Perón en septiembre de 1955. El levantamiento fue reprimido y durante la madrugada entre el 9 y el 10 de junio nueve civiles fueron detenidos y fusilados en un basural de José León Suárez sobre la ruta 4, al lado de un club alemán. Walsh presenció el levantamiento y los combates callejeros en La Plata, donde residía. Meses después, en un bar que frecuentaba, un hombre se le acercó y le dio la primicia que cambiaría su vida: «Hay un fusilado que vive».

Portada del libro Operación Masacre (1957) de Rodolfo Walsh, utilizando como imagen el cuadro El tres de mayo de 1808, del pintor español Francisco Goya.

Walsh logró identificar al sobreviviente como Juan Carlos Livraga, al que entrevistó, y por quien pudo saber que había otros sobrevivientes. Los meses siguientes fueron de un febril trabajo de persecución y búsqueda, interrogando a conocidos, vecinos y sobrevivientes. Walsh alquiló una casa en el Delta de Tigre bajo el nombre falso de Francisco Freire, y en unos meses escribió la primera versión de lo que luego sería Operación Masacre. El prólogo de la primera edición en libro evidencia las intenciones de Walsh de no dar por terminada la investigación una vez publicada:

Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar y casi ni enterarse.

Al fin, del 15 de enero al 30 de marzo de 1957, consiguió la publicación en el pequeño diario nacionalista Revolución Nacional. Del 27 al 29 de junio, publicó nueve artículos más en la revista Mayoría de los hermanos Tulio y Bruno Jacovella, por cuya recomendación, Walsh se presentó en el Estudio Ramos Mejía donde funcionaba el semanario Azul y Blanco donde pidió hablar con el Dr. Marcelo Sánchez Sorondo, su director.

En diciembre de 1957 apareció la primera edición del libro, con el subtítulo «Un proceso que no ha sido clausurado», de Ediciones Sigla, sostenida por Jorge Ramos Mejía, propiedad de Sánchez Sorondo. En reediciones posteriores (1964, 1969, siete ediciones entre 1972 y 1974), Walsh fue rectificando datos, agregando y suprimiendo prólogos y epílogos, comentando el impacto del libro con el paso de los años, demostrando al mismo tiempo la evolución de su pensamiento, que fue virando cada vez más hacia la militancia política y alejándose de la escritura de ficción. En la actualidad, Operación masacre es considerada una pieza única de investigación periodística, precursora del Nuevo Periodismo y considerada por algunos la primera novela testimonial o novela de no-ficción, anticipándose por diez años a A sangre fría del estadounidense Truman Capote, considerada fundadora del género en el ámbito anglosajón.

Actividad política

Hasta 1957, la relación de Walsh con grupos políticos había sido casi nula. Entre 1944 y 1945 tuvo acercamientos a la Alianza Libertadora Nacionalista,[7] Por otra parte, afirmó en septiembre de 1958:

No soy peronista, no lo he sido ni tengo intención de serlo... Puedo, sin remordimiento, repetir que he sido partidario del estallido de septiembre de 1955. No solo por apremiantes motivos de afecto familiar ―que los había―, sino que abrigué la certeza de que acababa de derrocarse un sistema que burlaba las libertades civiles, que fomentaba la obsecuencia por un lado y los desbordes por el otro. Y no tengo corta memoria: lo que entonces pensé, equivocado o no, sigo pensándolo… Lo que no comprendo bien es que se pretenda obligarnos a optar entre la barbarie peronista y la barbarie revolucionaria. Entre los asesinos del Dr. Ingalinella y los asesinos de Satanowsky[8]

En 1959 viajó a Cuba, donde junto con sus colegas y compatriotas Jorge Masetti, Rogelio García Lupo (a quienes conoció durante su paso por la ALN) y el escritor colombiano Gabriel García Márquez fundó la agencia Prensa Latina. Durante su estancia en la isla interceptó por accidente y logró descifrar, con sólo un manual de criptografía, las comunicaciones secretas entre la CIA y agentes en Guatemala sobre los preparativos para la invasión de Playa Girón, operación que fracasó gracias a la labor de Walsh, quien también se infiltró en la base estadounidense disfrazado de sacerdote protestante por sugerencia de Massetti.[9]

De regreso a la Argentina trabajó en la revista Panorama y durante la dictadura de Onganía, fundó el semanario de la CGT de los Argentinos que dirigió entre 1968 y 1970, y que luego de la detención de Raimundo Ongaro y el allanamiento en 1969 a la CGTA se publicó en forma clandestina.

En esos años publicó sus dos únicas obras de teatro (La granada y La batalla) y sus colecciones de cuentos más célebres: Los oficios terrestres (1965, que incluye el cuento «Esa mujer») y Un kilo de oro (1967). A partir de 1968, según escribió Walsh, sus ideas sobre literatura y compromiso político se modifican de modo sustancial, empezando a privilegiar al segundo por sobre la primera.[10] Este acercamiento al activismo militante desembocó en 1973 en el ingreso de Walsh al movimiento Montoneros.

En 1969 publicó ¿Quién mató a Rosendo?, una investigación sobre el asesinato del dirigente sindical Rosendo García. Walsh concluyó que el responsable era Augusto Timoteo Vandor, secretario general de la CGT, y partidario de una política menos combativa y más concesiva con el gobierno militar. Poco después, se sorprendió al enterarse de su asesinato.[11]

Siguió viviendo en Lorelei, la casa alquilada en el Delta de Tigre, donde escribió la primera versión de Operación masacre y donde residía desde su regreso de Cuba (1961).[12]

En 1967 conoció a Lilia Ferreyra, quien sería su compañera hasta su desaparición.

Militancia en Montoneros

A mediados de 1970, Walsh había empezado a relacionarse con el Peronismo de Base, brazo político de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Luego de una escisión, producida por diferencias políticas, un sector de esta organización se fusiona con Montoneros. En Montoneros su primer nombre de guerra fue «Esteban» y luego fue conocido como «El Capitán», «Profesor Neurus» o «Neurus».

Según Verbitsky, Walsh conoció a los hermanos Villaflor, sobre quienes escribió en ¿Quién mató a Rosendo?, en la CGTA y, al principio, cuando le plantearon entrar en las Fuerzas Armadas Peronistas se negó.[13]

En 1972 escribió durante un año en el Semanario Villero y a partir de 1973 en el diario Noticias junto a sus amigos Horacio Verbitsky, Paco Urondo, Juan Gelman y Miguel Bonasso, entre otros. Ese año participó en la adaptación al cine de Operación masacre, dirigida por Jorge Cedrón, con la participación de Julio Troxler, un sobreviviente del episodio, interpretándose a sí mismo. La película fue totalmente filmada en la clandestinidad y estrenada un año más tarde.

En 1973 publicó su tercera y última investigación en libro, el Caso Satanowsky, sobre el asesinato de un abogado por agentes de la SIDE por un conflicto de propiedad del diario La Razón. Aunque el caso y su investigación por parte de Walsh tuvieron lugar entre 1958 y 1959, Walsh no publicó las notas en forma de libro hasta ese momento.

Al mismo tiempo publicó el relato Un oscuro día de justicia con una entrevista hecha por Ricardo Piglia a modo de prólogo, en la que exponía su pensamiento y su idea de que la escritura no puede desligarse de la militancia política. Walsh no volvió a publicar ficción, dedicándose plenamente a la actividad periodística y la militancia en Montoneros, movimiento al que ingresó ese año.

En 1974 comenzaron las diferencias de Walsh con la dirigencia del movimiento, a partir del pase a la clandestinidad decidido por la misma.[15]

ANCLA

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron a Estela Martínez, dio comienzo a lo que llamaron Proceso de Reorganización Nacional. La Junta Militar aplicó censuras sobre los medios de comunicación, intervino los sindicatos y emprendió una política de Terrorismo de Estado que implicó el secuestro, la tortura y la desaparición de miles de personas.

Ante la censura, Walsh creó ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), y la Cadena Informativa un sistema de difusión de información de mano en mano cuyas gacetillas decían:

Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información. Rodolfo Walsh[16]

Tras su desaparición, la tarea fue continuada por Horacio Verbitsky hasta el año siguiente.[17]

Muerte de su hija Victoria y de Paco Urondo

El año 1976 no sólo representó un cambio en la vida de Walsh por su pase a la clandestinidad, sino también por dos pérdidas muy significativas: la de su amigo, el poeta y militante Paco Urondo y la de su hija Victoria.

Urondo fue emboscado y asesinado en Mendoza el 17 de junio.[18] En un texto en que relató el hecho, Walsh criticó la decisión de la conducción del movimiento de enviar a Urondo a una zona que se sabía peligrosa:

El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era una sangría permanente desde 1975, nunca se la pudo mantener en pie. El Paco duró pocas semanas… Fue temiendo lo que sucedería. Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución, un tiroteo de los dos coches a la par. Iban Paco, Lucía con la nena y una compañera. Tenían una metra, pero estaba en el baúl. No se pudieron despegar. Finalmente Paco frenó, buscó algo en su ropa y dijo: «Disparen ustedes». Luego agregó: «Me tomé la pastilla y ya me siento mal». La compañera recuerda que Lucía le dijo: «Pero, papá, ¿por qué hiciste eso». La compañera escapó entre las balas, y días después llegó herida a Buenos Aires… A Paco le pegaron dos tiros en la cabeza, aunque probablemente ya estaba muerto.[19]

En 2011 se supo que Urondo mintió cuando le dijo a su esposa que había ingerido la pastilla de cianuro; lo dijo para quedarse en el auto como blanco de los policías, e incitarla a escapar con su hija de dos años.[21]

El 29 de septiembre, su hija María Victoria (su nombre de guerra era «Hilda», y «Vicki» para los familiares y amigos), oficial 2º de la organización Montoneros, murió en un enfrentamiento (que fue llamado el Combate de la calle Corro) con el Ejército, un día después de cumplir 26 años. Al verse rodeada y sin posibilidad de escape en la terraza de la casa, ella y Alberto Molina, el último sobreviviente, levantaron los brazos y tras un breve discurso que finalizó con la frase: «Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir», tanto Alberto como Vicki se dispararon en la sien. En diciembre de ese año Walsh publicó un mensaje ―en el que relata las circunstancias del hecho― llamado Carta a mis amigos.[22]

La carta termina con una reflexión:

En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella.[22]

Su otra hija, Patricia, es una dirigente política argentina que llegó a ser diputada nacional por la coalición Izquierda Unida y desde 2007 se desempeñó como legisladora de la ciudad de Buenos Aires.

Asesinato y desaparición

Walsh pasó sus últimos meses en una casa de San Vicente (Buenos Aires), dado que una de sus dos casas en el Delta (Liberación) había sido allanada por la Armada. A pesar de que no había vuelto a publicar ficción, Walsh continuó escribiendo relatos como Juan se iba por el río. Tanto este como otros escritos inéditos suyos fueron secuestrados por personal de las Fuerzas Armadas cuando allanaron esa vivienda el día de su asesinato, y no han podido ser recuperados.

El 24 de marzo de 1977, al cumplirse el primer aniversario del golpe militar, Walsh terminó su última obra ―acordada con la organización Montoneros―,[ cita requerida] la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, en la que denunciaba tanto los crímenes de secuestro y desaparición de personas como las consecuencias de las políticas económicas de orientación neoliberal aplicadas por José Alfredo Martínez de Hoz, que produjeron un aumento de la desocupación y la pobreza y destruyeron la industria nacional. La carta termina con una contundente afirmación de Walsh:

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh. - C. I. 2845022. Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.[23]

Un día después, tras enviar por correo las primeras copias de la Carta abierta en la Plaza Constitución (según narra su última pareja, Lilia Ferreyra, en el documental P4R+Operación Walsh), Walsh fue emboscado y secuestrado. Las versiones afirman que el escritor había sido citado por un contacto en el cruce de las avenidas San Juan y Entre Ríos, en el barrio de San Cristóbal, cuando el Grupo de Tareas 3.3. de la Escuela de Mecánica de la Armada, comandado por Alfredo Astiz y Jorge Tigre Acosta, bajó de un auto y le dio la orden de entregarse, pero Walsh se resistió, sacó el arma que llevaba (una pistola calibre 22 corto) y comenzó a disparar. Logró herir a uno de los atacantes, pero fue acribillado por una ráfaga de FAL y herido de muerte. Aun herido, fue subido al auto y secuestrado. Existen versiones que indican que Walsh disparó para no ser atrapado vivo, ya que la pequeña arma que portaba no era suficiente para un sostener un enfrentamiento armado. Testimonios de sobrevivientes señalaron haber visto el cuerpo sin vida de Walsh en la ESMA, pero no hay información exacta del paradero de sus restos, que al día de hoy permanecen desaparecidos.

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