Ricardo Vilca

Ricardo Vilca (5 de noviembre de 1953 - 19 de junio de 2007) fue un compositor, músico y maestro rural jujeño.

Originario de Humahuaca, grabó varios discos dentro del conjunto " Ricardo Vilca y sus Amigos" (ver discografía).

El artista, nacido en Humahuaca el 5 de noviembre de 1953,[1] recibió en 1983 un premio de la Unesco por su contribución cultural a la Quebrada, fue durante más de 16 años docente en escuelas rurales y siempre resaltó que obtuvo en esa experiencia la materia prima que inspiró su obra musical. También fue profesor de Taller de Producción en la Escuela Superior de Música de la Provincia De Jujuy y se transformó en uno de los grandes animadores del rescate cultural y artístico de su zona.

Hijo de Fidel Vilca, pero criado por sus abuelos; en su adolescencia, el músico fue resaltando por su habilidad para la guitarra eléctrica. Sus primeros pasos en la música los dio al frente de un grupo de rock y de cumbias.

En los últimos años, Vilca se destacó como compositor de música para películas, realizando la banda sonora de largometrajes como Una estrella y dos cafés, de Alberto Lecchi; Río arriba, de Ulises de la Orden; y El destino, de Miguel Pereyra.

Aunque siempre fue muy reconocido en su zona, en los últimos años su popularidad se extendió al resto de Argentina, al menos, sobre todo después de que entre otras cosas, grabó " Guanuqueando" junto al grupo de rock argentino Divididos (editado en el disco Vengo del Placard de Otro de dicha banda). León Gieco le puso letra a uno de sus temas (" Plegaria de Sikus y Campanas"). También hizo varias presentaciones en el teatro Ateneo de la ciudad de Buenos Aires, que incluso quedaron registradas en un disco.

Minutos después de las 11 del día 19 de Junio del 2007 en el sanatorio Lavalle en la provincia de Jujuy, falleció el maestro, músico y compositor. Sólo tenía 53 años.

Con motivo de su muerte, el municipio de Humahuaca declaró tres días de duelo con la bandera a media asta e invitó a un cese de actividades en el sector privado para despedir los restos mortales del músico, cuyo cuerpo fue enterrado en el cementerio de Humahuaca.

Forma de ser

Amigo de cuanto transeúnte se asomase en la puerta de su casa, por calle Independencia a pasitos del Canal del Norte. Ricardo fue, es y será la expresión viva de la idiosincrasia de Humahuaca. Su simpleza brillaba en el bar de su propia casa, donde ofrecía cálidos espectáculos. Explicaba, con alma docente, corazón nostálgico y espíritu quebradeño cada uno de sus temas. Los acercaba a su público a través de impagables anécdotas o recuerdos de su infancia. Disfrutaba de la compañía de los jóvenes y hasta se encargaba de promover a nuevos artistas en su escenario.

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